Mostrando entradas con la etiqueta Prensa Cannábica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Prensa Cannábica. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de abril de 2019

La mafia de Podemos y el cannabis.



“Aquí con la bandera [de España], no. 
No. Esa foto no te la doy.”

Así reaccionaba María Concepción Palencia García, senadora del estado español -por un partido de ámbito estatal (Podemos)- cuando al hacer las fotos para una entrevista, se dio cuenta de que tenía la bandera nacional detrás de ella. Saltó de golpe, apartándose como si le diera alergia la bandera del país, negando de forma clara y tajante la posibilidad de que se le hiciera dicha foto.

Conchi Palencia: la senadora de Podemos, "alérgica" a la bandera de España.


¿Por qué había una bandera española detrás de la senadora al sacar las fotos de esa entrevista? Pues no debería resultarle raro a nadie, ya que la entrevista se estaba realizando en la Sala Argüelles del Congreso de los Diputados. Nada más terminar la entrevista, les pedí unas fotos para ilustrarla y la contestación de la senadora, que luego se negó posar con la bandera de España cerca de ella, fue: “Donde tú digas. Tú mandas.”

Y yo sólo quería hacer 2 ó 3 fotos que no tuvieran todas el mismo fondo. De hecho, no me molesté en elegir el lugar, sino que resultó fruto del azar. Las fotos se fueron a realizar -directamente- en la misma esquina de la sala, donde estuvimos durante más de una hora sentados. En primer lugar, yo buscaba suficiente luz de calidad, ya que la ventana de dicha sala estaba en la misma esquina y, en segundo lugar, variar el fondo de la foto. Tras tirar un par de fotos con el mismo fondo (la pared central de la sala), les pedí que se movieran un par de metros hacia la otra pared de la misma esquina, con tan “mala suerte” que había una bandera de España, en la que yo ni siquiera había reparado.

Tras ese áspero “aquí con la bandera, no” de Kontxi Palencia (el nombre que usa en Twitter), el otro senador presente -Joan Comorera de “Iniciativa per Catalunya Verds”- dijo, con un tono mucho más cálido y explicativo: “Un catalán y una vasca... aquí...”, como si no fuera procedente dicha foto. 

Lo que posiblemente Joan no recordaba en ese momento, es que Kontxi Palencia, aunque lo escriba con “K”, no es vasca sino castellano-leonesa. Y que mientras él estaba en representación de una formación política circunscrita únicamente al entorno catalán, Conchi Palencia estaba en representación de un partido de ámbito nacional.

Sala Argüelles en el Congreso de los Diputados, 
foto previa a la entrevista.

Inmediatamente antes de este suceso, mientras preparaba la cámara para hacer las fotos, Conchi Palencia me preguntaba ávidamente sobre cuánta edición tenía nuestra revista y cuántos lectores, al parecer sin saber ni a quién le había concedido la entrevista ya que era para una página web -Cannabis.es- que no tenía nada que ver con ninguna revista. 

Le aclaré ese punto, y ella insistió en preguntar “¿un montón [de lectores], no?”, y su cara denotó frustración cuando le dije que no era así, y que era una web que estaba prácticamente iniciando su andadura, en comparación con cualquier otro medio del sector. El resto de medios cannábicos -a los que previamente se había ofrecido la entrevista- no tenían el menor interés en publicarla.

La pegatina que te regalan 
con la entrada al Congreso de los Diputados.

Una vez acabado el trámite de las fotos, me hice yo una foto con ambos y abandonamos la Sala Argüelles para subir a la cafetería del Congreso. Yo iba a tomar un café y ellos iban a comer. Compartí la comida con los dos senadores y esta se convirtió en un aburrido mitín, verbigracia de Conchi Palencia, dónde no hizo más que atacar a los medios de comunicación y decir que no eran medios libres, que trataban mal a su grupo político, que había un complot para borrar los éxitos de Podemos, etc. Esto resulta de lo más paradójico, viendo el acoso al que posteriormente el medio y yo fuimos sometidos, al no ceder a ciertas pretensiones. 

En muchas ocasiones -durante dicho acoso- pensé que lo que buscaban anular desde Podemos, era el tema de la negativa a la foto cerca de la bandera de España, que había quedado grabado en el móvil con el que recogí la entrevista completa. En sí misma, la entrevista no contenía más que respuestas cobardes -evitando contestar a lo preguntado- derivando el asunto “al futuro debate que Podemos quería abrir sobre el cannabis”. Tampoco resultaba sorprendente la ausencia de ideas claras sobre el asunto del cannabis, cuando ni su compañero ni ella habían estado jamás dentro de un CSC (los mal-llamados Clubs Sociales de Cannabis) y ni siquiera conocían el funcionamiento real de estos puntos de venta de cannabis. Son falsas asociaciones que compran en el mercado negro, y lo venden más caro -al menudeo- a falsos socios (clientes en realidad).

Al terminar la comida, ella se fue y yo me quedé con Joan Comorera, aprovechando para ir a tomar algo a un bar cercano, donde pude pasar un estupendo rato charlando -a solas- con él. Joan Comorera me pareció una persona honesta, sincera, inteligente y de agradable trato, con quien resultaba fácil dialogar a pesar de no coincidir ideológicamente. Fue lo único interesante que me deparó aquel día, antes de que -sin saberlo- disparase con una foto, subida a las redes sociales, una marabunta de acusaciones falsas contra mí y de presiones contra el medio que iba a publicar la entrevista.


Podemos y su acoso 
a los medios de comunicación.

Tras la realización de la entrevista, unos días después, me iba con mi mujer de vacaciones fuera de España. Al cabo de un par de días tras haber partido, recibí una comunicación de mi editora con una rara petición: me pedía que le jurase (no le valía con que se lo aclarase, sino que quería un juramento) que yo no tenía denuncias por “violación, acoso ni malos tratos a mujeres”. Tras jurarle que nunca había tenido denuncia alguna, ni por violación, ni por acoso, ni por malos tratos ni por ningún otro concepto similar o relacionado, le pedí que me explicase qué era lo que sucedía como para interrumpir mis vacaciones con semejante requerimiento.

La editora se justificó diciendo que había recibido una llamada de “el responsable de prensa de Podemos por el Senado” en la que le daban esa falsa información. ¿Realmente podía haber alguien tan lerdo como para no realizar su trabajo antes de la entrevista (siendo supuestamente responsable de prensa), y a la vez permitirse la payasada de presionar a un medio de comunicación con semejante maniobra? Así fue como el asunto comenzó, derivando posteriormente en un acoso contra mi persona mediante las redes sociales.

Al volver a España, lo primero que hice fue contactar con los dos entrevistados, a ver qué problema había y por qué se habían dirigido a la editora con esa serie de acusaciones inventadas contra mi persona. Conchi Palencia ni se molestó en contestar, se hizo la sueca y miró a otro lado

Por el contrario, Joan Comorera sí dio la cara y me explicó que cuando subí a las redes sociales la foto en que aparecía con ellos dos, fue “como si se hubieran hecho una foto con el mismo Hitler”: los teléfonos empezaron a sonar como locos y les dijeron que habían caído en una trampa con esa entrevista, ya que yo era un enemigo de Podemos o algo similar, añadiendo que él no podía hacer nada al respecto, ya que no pertenecía a Podemos sino a ICV.Por supuesto yo ni era un enemigo de Podemos ni nada por el estilo, y esa no era la primera entrevista que había realizado a un miembro de dicha formación. 

Aproximadamente un año antes, había hecho una entrevista a Juan Ignacio Moreno de Acevedo Yagüe, conocido en las redes sociales como “Hackbogado”, que fue el primer cargo electo de Podemos que se prestó a dar una entrevista sobre el tema del cannabis a un medio del sector, en este caso publicada en la revista “Cannabis Magazine”. En aquellos días del año 2016, varios medios del sector cannábico habían intentado conseguir una entrevista con algún miembro relevante de Podemos. Era una misión que se antojaba imposible, en la que incluso algunos de los políticos abordados llegaron a decir que sí a la entrevista, para posteriormente desdecirse, no cumplir su palabra y no dar la cara más. Al parecer, habían recibido orden del partido de no hablar con los medios sobre el asunto del cannabis.

Hackbogado había aceptado finalmente la entrevista, y yo había tenido la precaución de advertirle que -hasta donde sabíamos- Podemos no quería que nadie hablara del tema en los medios. Con la dignidad que le caracteriza me contestó: “Yo no he entrado en Podemos para tener que pedir permiso a nadie para hablar”. En su caso, la entrevista se realizó en un CSC o “club cannábico” de Madrid, donde aproveché (por voluntad propia) para ponerle en contacto con algunos activistas cannábicos. Hackbogado sí sabía de qué hablaba, y sus ideas eran la primera aproximación sólida y honesta de un miembro de Podemos (que ya abandonó dicha formación) al cannabis.

Sin embargo, cuando la entrevista fue publicada, empecé a recibir el acoso por las redes sociales del llamado “Podemos cannábico”: un grupo minúsculo de turbios personajes que buscan sacar partido del cannabis para sus propios intereses. En esa ocasión, me acusaron de vender drogas

La primera ocasión en que dicha gentuza 
me acusó en falso de un delito.


No me sorprendió demasiado, ya que dicho grupúsculo (con apenas una decena de integrantes) había intentado desde su formación gestionar las relaciones de los medios cannábicos con Podemos. Por supuesto, cuando hicieron el intento conmigo les mandé a paseo, y les dije que “se enterarían por la prensa y no antes” en aquellos trabajos que conmigo tuvieran que ver. Y así fue, cosa que pareció sentarles bastante mal, dadas las intenciones de controlar a los medios y lo que publicaban. Pero yo no estaba (ni nunca estaré) por la labor de que un grupo de parásitos del cannabis intente controlar a quién entrevisto, qué preguntas hago o intervenir las respuestas que no les gustaría que diera el entrevistado.

Es decir, no era la primera vez que recibía imputaciones de delitos por parte de esta gentuza, y en el caso de la entrevista a Conchi Palencia como miembro de Podemos, colocada artificialmente a responder sobre cannabis, parece que el detonante fue el mismo: no podían soportar que, por segunda vez, se enterasen tarde y no hubieran podido meter mano presionando al medio de turno para que les dieran voz en el asunto. Sin embargo el acoso continuó en dicha ocasión, hasta en las vísperas a la publicación de la entrevista, con la pretensión de que se les facilitase antes de que fuera publicada.

Por supuesto me negué a cualquier tipo de componenda con semejantes tarados, y no podía evitar sentir vergüenza ajena ante el comportamiento cobarde de una editora que permitía (y transmitía) semejante tipo de presiones, por parte de acosadores que provenían de dicho grupo político. Cualquier profesional, ante semejantes acusaciones contra un trabajador de la empresa, hubiera pedido pruebas de las acusaciones vertidas y -de tener cierta dignidad profesional- no hubiera tolerado que le pidieran la entrevista antes de ser publicada, ni hubiera hecho llegar dicha petición coactiva al trabajador. Aunque eso era el problema de tener como editora a alguien sin una adecuada capacitación profesional, que buscaba quedar bien con todos y que no supo reaccionar adecuadamente ante el acoso y las demandas de estos tipejos.


Si no podemos contigo, 
iremos a por tu mujer...

Tras la publicación de la entrevista, el acoso no cesó sino que aumentó seriamente. Al cabo de pocos días, me informaron de que el cabecilla de esa farsa llamada “Podemos Cannábico” (un ex-soldado profesional con un preocupante historial que, cuando se vio fuera del ejército, acabó trabajando para la banca de inversión -Banco Santander y BBVA-, la misma que ahora atacan desde su partido) de nombre Manuel Hernández González, estaba pidiendo información sobre mi mujer, con intenciones bastante turbias.

La información al respecto era sólida y recibí varias llamadas alertándome de ello, una por parte del director de un conocido medio cannábico que me dijo: “Ten cuidado, el Manuel ese está pidiendo información sobre tu mujer, y ha llegado incluso a pedírmela a mí”

Yo flipé un poco en ese momento, ya que tácticas de ese tipo son normales entre mafiosos, pero semejante acoso a una mujer, originado entre las filas de un partido como Podemos que lleva por bandera un discurso feminista y de defensa de las mujeres, me parecía algo delirante. ¿No pueden controlar a alguien que trabaja para los medios del sector cannábico y van a intentar amedrentarle con veladas amenazas que convertían en objetivo su pareja? Sí, exactamente eso estaba pasando.

Como dicho asunto me parecía de una gravedad enorme, me puse en contacto de nuevo con Joan Comorera para contarle lo que estaba sucediendo, ya que su compañera Conchi Palencia seguía haciéndose la sorda, dando así cuartel a los acosadores que continuaban sus acciones con total impunidad. En esa ocasión Joan me volvió a dejar claro que no podía hacer nada, ya que él no era de Podemos. Así que no tuve otra opción que intentar de nuevo que la senadora podemita diera la cara, con la esperanza se encargase del asunto ya que los acosadores pertenecían a Podemos. En esos momentos, el acoso lo habían ampliado a través de las redes sociales, con ayuda de sus troles y de cuentas creadas “ad hoc”, y se organizaban desde un canal de Telegram con el nombre “Círculo Podemos Cannábico”, donde llegaban a jactarse de que esa búsqueda de información sobre mi mujer, fuera capaz de provocar tensas respuestas por mi parte.

Escribí 2 veces al correo electrónico de Conchi Palencia en el Senado, para que quedase una huella clara de que se le había comunicado lo que estaba sucediendo, de manera que dicha señora no pudiera decir que no sabía nada del asunto. La informé una vez más de la campaña de acoso que estaban llevando a cabo desde su organización, y de cómo dicho acoso llegaba ya a un punto mafioso en que se intentaba amedrentar a alguien usando a su mujer como objetivo. No sirvió de nada, y la senadora volvió a dar la callada por respuesta, ignorando el tema y permitiendo que esa gentuza -salida de su partido y encabezados por el tal Manuel Hernández González- siguieran con el mafioso comportamiento que amenazaba a una mujer, sólo por el hecho de ser mi pareja.

Dos de los emails enviados a Conchi Palencia, 
informándola que de sus subordinados estaban pidiendo información sobre mi mujer 
y pidiéndole que interviniera: la tipa se hizo la sorda y miró a otro lado...


Tras este aviso, mi mujer fue víctima de una salvaje paliza por parte de un desconocido que -sin mediar palabra alguna- la asaltó y agredió a base de puñetazos en la cara y, tras conseguir tirarla al suelo, continuó agrediéndola dándole patadas en el estómago.

El violento agresor lo primero que buscó fue dejarla sin visibilidad, de manera que no pudiera defenderse ni captar de forma precisa de los rasgos del sujeto. Mi mujer quedó con la cara hinchada llena de hematomas, sangrando por la boca y la nariz, con los ojos totalmente morados de los puñetazos que recibió en ellos (que le rompieron las gafas y causaron también lesiones en nariz y labio), así como hematomas en el vientre y dolores en gran parte del cuerpo. El agresor, tras propinarle dicha paliza, salió corriendo y huyó sin mediar palabra, sin intentar robar nada ni dejar ver el motivo de la salvaje agresión.

Fue atendida en el mismo lugar de la agresión por la Guardia Civil y posteriormente trasladada al hospital en ambulancia, teniendo que estar varios días de baja por las secuelas de la paliza. A pesar de la rápida intervención de la Guardia Civil, ellos no han podido aún identificar al violento agresor...


Manuel Hernández González, 
el tipejo sobre el que me dieron el aviso 
de que estaba pidiendo información sobre mi mujer, 
"casualmente" antes de que un violento 
agresor la asaltara y le diera una paliza, 
sin mediar ni palabra. 


Dicha agresión, curiosamente, fue llevada a cabo en la primera ocasión en que mi mujer se quedó sola en la ciudad durante algo más de 24 horas, debido a que yo tuve que viajar a Madrid por motivos de trabajo. ¿Casualidad? ¿Una agresión tan violenta y grave a una mujer, por parte de un completo desconocido -sin mediar palabra alguna ni otro interés que dar una paliza- en la primera ocasión en que se encontraba sola?

No se puede ser tan ingenuo como para creer en las casualidades cuando se trata de una agresión aparentemente gratuita (sin intento de robo o delito sexual), contra una mujer que “casualmente” era el objeto de turbios comportamientos mafiosos, por parte de un grupo de tipejos, organizados en torno a Podemos, buscando conseguir información sobre dicha víctima. Este criminal agresor aún tiene pendiente que se haga justicia con él.

Otras víctimas de acoso 
desde el satélite cannábico de Podemos.

Los métodos indignos de esta gente han tenido otras víctimas. Hace pocos meses, la abogada y activista cannábica Beatriz Macho, representante de la Confederación de Asociaciones Cannábicas (ConFAC), tuvo que ponerse en contacto conmigo a raíz del acoso que estaba sufriendo en las redes.


La activista y abogada Beatriz Macho, 
víctima también del acoso del mismo personaje.


No era la primera vez que las tácticas mafiosas del grupúsculo podemita iban dirigidas contra ella (así como contra otros miembros del activismo cannábico hispano), a pesar de que ideológicamente se encuentra en el entorno de la misma izquierda. De hecho, ella y la gente a quien representa, habían sido “purgados” de Podemos Cannábico, a manos de este mismo tipo. Resulta paradójico que un grupo minúsculo de caraduras escondidos en Podemos, para sacar tajada de una futura regulación del cannabis, estuvieran purgando a la mayor agrupación cannábica del país, que reúne a quienes son la primera línea de frente en este tema.

Cualquiera de las asociaciones a las que representa esta confederación, cuenta (como poco) con diez veces más miembros que ese pseudo-círculo podemita. Sin embargo, cualquier disensión en los artificiales postulados de esta gentuza, desembocaba en la expulsión ya que el grupo era controlado por el mismo engendro y su entorno más cercano. Esto incluye a una mujer de avanzada edad, con pocas luces y un perfil bastante pobre formativamente hablando -así como alejado del activismo cannábico- de nombre Lourdes Ciria, que les sirve de marioneta con la que aparentar no estar al frente de dicha cueva de Alí Babá.

En la mencionada ocasión, Beatriz me contactó y me mostró el perfil de una nueva cuenta recién creada en Twitter, en el que se apuntaba contra ella, mofándose de su aspecto físico y donde se podía leer “Cuenta parodia de la conocida activista anticapitalista no muy lista”, y que figuraba como radicada en la misma ciudad donde vive esta abogada: iban de nuevo a por ella.

Perfil de la cuenta de Twitter 
usada en el acoso a la abogada Beatriz Macho.


Al mismo tiempo me informó de que el propio acosador se había comunicado con ella, intentándola hacer creer que dicha agresión provenía de mi persona. Para ello, no tuvo el menor reparo en inventar una serie de imbecilidades como que había rastreado dicha cuenta de Twitter hasta mi ciudad, e incluso hasta una dirección física concreta. 

No era la primera vez que dicho tarado intentaba engañar a la gente con lenguaje pseudo-técnico, intentando que sus invenciones pudieran colar gracias a la falta de conocimiento informático del usuario medio en redes sociales. Por supuesto, ni es posible rastrear una cuenta de Twitter, si no lo hacen desde los servicios técnicos de dicha red social, y mucho menos dar una dirección física vinculada, si no eres el ISP que proporciona Internet a la dirección IP asociada. Pero eso no quitó para que intentasen engañar a Beatriz y a otras personas, con falsos datos e invenciones sin fundamento alguno a nivel informático.

De forma coordinada en el tiempo, las cuentas de Twitter de esta gentuza, intentaron difundir que el autor de dicha agresión y acoso era yo. Tampoco engañaron con esa chapucera maniobra, en la que acabaron pinchando en hueso. Beatriz Macho señaló al acosador -Manuel Hernández González y sus marionetas de Podemos Cannábico- en un tuit que no dejaba lugar a dudas. 

Tuit de Beatriz Macho 
señalando al responsable del acoso en redes, 
así como su integración 
en el satélite cannábico de Podemos.


Y no sólo eso, sino que Beatriz tuvo el detalle de indicarle a la gente que se estaba dejando engañar por dichas cuentas acosadoras, que estaban equivocados si pensaban que yo era el responsable de dicha acción.


Tuit de Beatriz Macho, 
expresando que era falso que fuera yo el acosador, 
y señalando al entorno de Podemos.


Beatriz y yo mantenemos una cordial relación -desde el respeto a las diferencias ideológicas- que en ese momento no era conocida por nadie. Gracias a ese hecho, este nuevo acoso contra otra mujer no pudo serme imputado, y el tipejo que intentó difundir dicha falsa acusación, quedó nuevamente en evidencia. 

Todo ello gracias a ese segundo mensaje que publicó Beatriz Macho aclarando que yo no tenía nada que ver y que, en realidad, era un nuevo ataque del mismo personaje contra otra mujer más. Una práctica que parece ser ya totalmente rutinaria, dentro de este grupúsculo de comportamiento mafioso, a la hora de enfrentar a quienes no se pliegan a sus exigencias y pretensiones.

A día de hoy, en abril de 2019, este tipejo sigue acosando a Beatriz a través de diversos perfiles que va creándose en las redes, con el silencio cómplice de la senadora -puesta por Podemos al frente del tema del cannabis- y del resto de acosadores que le siguen el juego a este agresor. Y Podemos, mirando a otro lado...




La triste realidad de Podemos 
y sus mentiras sobre el cannabis.

A día de hoy, no parece haber duda de que el interés de Podemos con respecto al cannabis es simplemente un engaño de tipo electoral. Desde el año 2014 -cuando se creó esta nueva agrupación política- cada vez que se les preguntaba sobre el cannabis, la única respuesta que se obtenía era un “ahora no toca”. La cínica repetición de esa misma respuesta -por parte de los miembros y simpatizantes de dicho grupo- acabó llevando a que fuera usada en una campaña creada para presionar a los partidos que no daban la cara con el asunto del cannabis, que tomó como nombre “Si no toca, no hay voto”.
Logotipo de la campaña "Si no toca, no hay voto"


Cuando en el año 2015 tuve la oportunidad de entrevistar a Gaspar Llamazares, que había sido quien encabezaba la “Comisión Mixta para el Estudio del problema de las Drogas” y el principal valedor político (hasta ese momento) de los derechos de los usuarios, pude comprender gracias a su explicación que Podemos no tenía ni tiene el menor interés en el asunto del cannabis. Como atentamente me hizo ver, para Podemos el cannabis era un tema que en realidad no le podía dar apenas votos y sin embargo resultaba polarizante, con el consiguiente riesgo electoral en ese aspecto. Al preguntarle sobre cuál tendría que ser el camino para seguir luchando por los derechos de los usuarios de cannabis, me indicó que la vía era “interpelar a los distintos grupos parlamentarios y exigirles que se posicionasen frente al cannabis”. No le faltaba razón al experimentado político, y ya no valía con posicionarse y sacarse la foto en periodo electoral con promesas, vacías de cualquier acción real.

Finalmente la campaña “Si no toca, no hay voto” consiguió hacer que Pablo Iglesias, en un chat público con internautas, tuviera que dar una respuesta sobre el tema. 


El día que Pablo Iglesias se encontró con la activista 
de "Si no toca, no hay voto" en un chat público, 
donde no tuvo más remedio que contestar a su pregunta.


La única declaración previa de este político -hasta ese momento- sobre el cannabis, había sido un tuit en el que decía preferir el whisky y tildaba al cannabis de “lumpen-drug” (droga propia de grupos socialmente marginados, como indigentes, mendigos, etc.).


Pablo Iglesias insultando a los usuarios de cannabis, 
antes de que tuviera que inventarse otro discurso 
para no perder votos.

En las siguientes elecciones, Podemos introdujo en su catálogo de promesas electorales un punto sobre el cannabis, donde hablaba simplemente de abrir el debate sobre el tema pero no de acciones concretas que pudieran conducir a la despenalización del mismo. Siguieron durante dicha legislatura ninguneando el tema del cannabis, con la honrosa excepción de Hackbogado (por entonces diputado del Parlamento Andaluz), quien se esforzó en sacarlo adelante y dio siempre la cara en ese aspecto.

Por desgracia, Hackbogado acabó siendo víctima de la miseria y la envidia dentro del partido tras presentarse como candidato en 2017 a la secretaría general de Podemos, con la noble pretensión de que se hablase de temas que eran necesarios, de manera que las batallas internas de Podemos no eclipsasen los asuntos realmente importantes para el ciudadano de a pie. No buscaba ganar, y así lo explicó desde el primer día, pero el hecho de presentarse candidato -al mismo tiempo que Pablo Iglesias- fue algo que los sectores más orgánicos del partido, manejados por “el líder”, no le perdonaron jamás. Si Hackbogado ya se había granjeado el odio de los sectores más izquierdistas dentro de esa formación, al expresarse con libertad sobre cualquier tema (por ejemplo en la muerte del dictador Fidel Castro) y tener la dignidad de llamar a las cosas por su nombre, aquello fue algo que no le perdonaron ni Pablo Iglesias ni su cohorte de adoradores.


Hackbogado, autor del borrador de una ley sobre cannabis, 
expresándose con la honestidad que Podemos no tenía, 
sobre el tirano dictador de la isla de Cuba.


De hecho, cuando conseguí la entrevista con la senadora de Podemos y su compañero de ICV -año 2017- antes de realizarla pregunté a Hackbogado sobre ellos y me dijo que no les conocía. Y en la entrevista con la senadora Conchi Palencia y su compañero senador de ICV, pude comprobar que ni siquiera existía comunicación en los temas comunes de trabajo: Podemos nombraba “encargados del tema del cannabis” que no hablaban con la única persona del partido que realmente estaba trabajando en el tema del cannabis. Eso da una idea de la ausencia de interés en que los asuntos del cannabis progresasen realmente, siendo esos nombramientos sólo un parche cutre, buscando engañar a quienes les reclamaban acciones reales al respecto.

Hackbogado terminó por abandonar Podemos, tras completar la legislatura andaluza en 2018. Como se había comprometido -de forma personal- con los usuarios de cannabis, elaboró un borrador de ley sobre cannabis (mientras seguía siendo objeto de ataques por parte de los simpatizantes de Podemos, incluido su satélite cannábico), que es el que ahora pasean, de chiringuito en chiringuito, los mismos que otrora le atacaban. Es de agradecer que su coherencia y dignidad le llevasen a completar ese esfuerzo, pero parece que dicha propuesta -elaborada sin contar con los grupos que representan a la mayor parte de los interesados, como por ejemplo ConFAC- no tiene mucho futuro, ni dentro ni fuera del partido. Esto no debe resultar extraño, cuando Podemos ha abandonado el asunto del cannabis en manos del oscuro grupúsculo pseudo-cannábico que pretende usar el tema para sacar beneficio propio, atacando y acosando a quienes realmente llevan lustros luchando por conseguir avances en esta materia.

De hecho, los propios engendros que controlan Podemos Cannábico, esconden el propio tema del cannabis a sus compañeros de partido. Un par de buenos ejemplos de esto: la candidatura a primarias del propio dictador del grupo -Manuel Hernández González- o el discurso de su marioneta -Lourdes Ciria Roselló- cuando se presentó como candidata al “Consejo Ciudadano Estatal” de Podemos.

El primero, en la presentación de su candidatura a primarias por Madrid, omitió por completo su relación con el tema del cannabis y la ocultó a aquellos a quienes pedía el voto. Ni una referencia, ni mención sobre cannabis ni nada relacionado, como cualquiera puede comprobarlo acudiendo a la web de Podemos, donde se postuló como representante sin éxito alguno.

La segunda, la tal Lourdes Ciria, cuando subió al escenario de Vistalegre a exponer las razones por las que se presentaba candidata al mencionado órgano interno de Podemos, omitió también cualquier referencia al cannabis, la marihuana o los derechos de consumidores y cultivadores. Se limitó a hacer un discurso que hablaba de todo menos del cannabis -no siendo que fuera a molestar a algún jerarca del partido- y se quedó tan ancha como es. También cualquier persona puede comprobarlo, viendo el vídeo de aquel lamentable espectáculo donde quedaba claro que el cannabis era la menor de sus preocupaciones, y que simplemente lo usaban para intentar trepar en el organigrama del partido, buscando un sillón.


Manuel Hernández González y Lourdes Ciria Roselló, 
los dos trepas que intentan hacer carrera política en Podemos, 
aprovechándose del cannabis para buscar sillón.

Aparte de los dos esperpentos anteriormente citados, recordemos que los nombrados por Podemos para tratar el tema del cannabis son un abogado de otro partido -cuya actividad laboral no tenía que ver con este área- y una señora, sin carrera universitaria ni relación alguna con este tema, que lo más cerca que ha estado del cannabis debió ser cuando regentó un nocturno bar de copas, careciendo de formación real o conocimientos sobre este asunto.

Como me indicó un periodista que había preguntado directamente (a altos cargos de Podemos) cómo tenían a esta gente al frente de su sucursal pseudo-cannábica, en lugar de tener a otras personas con un conocido historial de activismo y sin otros oscuros intereses, le contestaron lo siguiente: “es que esas otras personas, son más verdes [vinculados a la planta de cannabis] que morados [en alusión al color corporativo del partido], y nosotros queremos a alguien de nuestro color”

Hablando en plata: la formación quería que cualquier bicho que tuviera más lazos con Podemos -como aparato político- que con el activismo cannábico real, ocupase el espacio asociado. Eso les aseguraba la obediencia y el control de dicho grupúsculo, para que se mantuviera en una cómoda irrelevancia que no entorpeciera -con el asunto del cannabis- el desarrollo de la imagen pública de los altos jerarcas del partido y sus intereses.

Ante de terminar, cabe recordar que no existe posibilidad alguna de que Podemos (con su escaso peso político en la aritmética de la votación de leyes), pueda realizar cambio alguno. Todo el mundo es consciente de que sin el PSOE (y/o el PP), no parece existir ningún recorrido que permita modificar la situación del cannabis. 

Y a pesar de ser “socios preferentes” del PSOE, no han hecho la más mínima labor para modificar la postura prohibicionista de Pedro Sánchez, que se niega siquiera a hablar del tema. Precisamente, en lo único que podían resultar útiles, han evitado hacer nada para no molestar a su socio. De los acuerdos arrancados al PSOE -que luego los socialistas se suelen pasar por el arco del triunfo- no existe la más mínima mención al cannabis ni lucha alguna por cambiar la posición de dicho partido. El PSOE es prohibición y sigue siéndolo, pero a Podemos no le importa eso con tal de “tocar moqueta”.


PSOE es prohibición, y el socio de Podemos.


Y es que, recodando un comentario de Pablo Iglesias sobre otro dirigente político (con el que, sin querer, se definió muy bien a sí mismo) no conviene olvidar que...


“Podemos no es cannábico: 
es lo-que-haga-falta 
con tal de engañar al votante”.






* El autor de este texto no pertenece a ninguna agrupación política, no simpatiza con ningún partido, no pide el voto para ninguno, ni dará su voto a ninguna de las formaciones existentes.



lunes, 23 de abril de 2018

Alba II - Gente tóxica + Historia real no contada antes...


Este texto que hoy traigo, tiene una historia más interesante asociada en la vida real que la que cuenta. En principio, este texto lo escribí yo tras la petición de un director de un conocido medio cannábico gratuito más el permiso de la directora del medio publicante (la web de Cannabis.es), para exponer a un nefasto personaje que hemos sufrido en España (ahora creo que fuera de ella, también) en el ámbito del cannabis.

El tipejo que recrea la historia se llama Paco M. en la vida real, pero en el texto decidimos ponerle de nombre (ligeramente ofuscado) de Jaco Marchante. Como digo, el objetivo del texto iba con esta persona, y con nadie más.

Lógicamente, cuando se escriben relatos de ficción, se nombran personas que no existen aunque el modelo -lógicamente- lo tomemos de la vida real. Y así fue con otros de los personajes, totalmente accesorio y sin interés (lo uso para que me dé la replica en una llamada telefónica y poder contar cómo trataba el tal Paco a las mujeres que -por desgracia- se acercaban a su órbita “pseudoactivista”). El personaje se llamaba “Marta WeedDiva” y no estaba inspirado en nadie en concreto, salvo el nombre que lo había tomado prestado de una cuenta que vi en Instagram y describía perfectamente a ese tipo de carácter: niñas monas sin mucho cerebro, que iban pasando de mano en mano y de asunto en asunto por el mundillo del cannabis, a cambio de salir con poca ropa haciendo de azafatas de “congresos”.

Sin embargo, ese personaje secundario y que no representaba a nadie se convirtió en motivo de disputa. Una tipa llamada Raquel, que fue trabajadora de la empresa que publicaba el texto, dijo que ella se sentía identificada con el personaje inventado y que, además, lo estábamos usando para acusarla a consumir cocaína (ya que el personaje, también de forma accesoria para hablar con la protagonista, se mete una raya de cocaína en un WC con ella).

El razonamiento que usaba esta tipa es perverso: ese personaje me recuerda a mí misma... ¿por qué será? Ah!! Encima se mete cocaína, aunque yo no consumo cocaína... ¿Soy yo entonces? Claro, soy yo y además me llaman cocainómana!! :P

Nivel mental: hueco con eco.

Así de duro. En lugar de pensar “si usa cocaína, está claro que no soy yo” convierte el elemento que la descarta en una acusación contra ella. Demencial, pero nada sorprendente dentro de la pobreza intelectual de esta tipeja. Y con eso inició una batalla.... xD

Primero escribió a la editora que publicaba el texto, que CASUALMENTE ERA SU ANTIGUA JEFA que la tuvo que echar de la empresa porque abusó lo indecible de “supuestos problemas médicos y dolores de espalda” para no trabajar;  a tanto morro llegó, que otro trabajador de la empresa le advirtió, pero ella prefirió ignorarlo y seguir de baja. Es decir,  ella tenía "algo pendiente” con la editora (mi jefa por entonces en ese medio) que no resolvió en su día, aprovechó el texto para intentar vengarse, haciéndole quitar un texto mediante coacciones organizadas y amenazas de publicidad negativa organizada de su mano.

La editora le contestó la verdad: el texto ni tenía que ver con ella, sino con un hombre, y el personaje de ficción no era ella. Y que lejos de acusarla de nada, si el personaje tomaba cocaína y ella no, era un motivo para que se descartase en sus extrañas ideas.

Pero la verdad, cuando hay mala fe, no suele bastar. Como la tal Raquel se dedica a pastorear juláis en Youtube e Instagram con cuentas pseudocannábicas en las que igual enseña muslamen que enseña trompetas, organizó una campaña con 4 mongolos de su clase: resultado cero. No les hicieron ni puto caso y el texto no se retiró, como ellos exigían... xD

Viendo que tenía nulas fuerzas para exigir nada, y menos a su antigua jefa, decidió cambiar el objetivo y vino a por mí con una acusación distinta y que no podía lanzar contra la editora por ser mujer: yo era machista.

Ese episodio, el de la acusación machista organizada por 3 retrasadas para ganar visibilidad y seguir chupando del cuento (ninguna es capaz de tener un trabajo digno), es largo y va a ser contado en otro lugar, así que no entro en ello ahora. Me reservo. :))

Pero sí voy a dejar aclarada cuál fue mi relación con esta tipa, de una vez para siempre.

La conocí en Twitter, parecía que le gustaba hacer cosas y que era joven (no estaba quemada), y empezó a colaborar en aquellos días, en una campaña en Alicante que dirigía precisamente el mismo Paco M. que es el protagonista de la historia. Era la “chica para todo” en la empresa que editaba la Revista Yerba -antes de que volviera a manos de Miguel Pedregal (su dueño original)- y de ahí la tuvieron que echar por su nefasto trabajo... :P

Le ayudé a conseguir algo de trabajo posteriormente, primero escribiendo para la nueva Yerba con Miguel Pedregal unos artículos de ropitas y de cosas así, que corregía yo antes de que los enviase porque su capacidad es realmente limitada. Tan limitada tiene la capacidad de que a pesar de que le conseguí trabajo escribiendo para 2 medios distintos, tuvieron que acabar echándola también por bajo rendimiento y los problemas que creaba... a pesar de que en dos ocasiones el director me llamase antes de echarla y le convenciera para que le diera otra oportunidad (hasta que fue insostenible y ya me llamó para decirme que la había echado, cosa que me pareció lo lógico viendo cómo degeneró -por más oportunidades que le dieron- en vez de intentar progresar dignamente).

No me sorprendió: varias veces me pidió que escribiera yo sus textos, que ella me daba el dinero y los firmaba.... :P

Ese es el nivel de la dignidad profesional de la tal Raquel, la choni del cannabis que salió -sin cobrar un solo euro, que ya cobras con “la fama” que eso te da... xD- en pelotas en Interviú... y se le subió a la cabeza: escribe tú, firmo yo, y cobras tú.

Vamos, que la moza quería ponerme de negro escritor para ella.
No es de extrañar en una niña que -como la mayoría de su edad- es mona y en su caso se acostumbró, demasiado joven, a que hombres -demasiado mayores- fueran sus acompañantes y la exhibieran paseándola en lujosos coches: es la típica mujer que está acostumbrada a conseguir que otros, normalmente hombres a los que encandila o contacta sexualmente, le hagan el trabajo.

Mi relación con ella terminó unos meses antes de este incidente, cuando un par de directores de medios cannábicos, me avisaron de que andaba pidiéndole dinero con todo tipo de excusas a la gente

Hablé con ella y me pidió 200 euros, según ella para ir a trabajar a una feria a Asturias: yo se los dejé, pero me fui a Asturias a esa feria sin que ella lo supiera. ¿Y qué pasó?
Habéis acertado: el dinero lo había recibido peeeeeeeeero no había ido a dicha feria a trabajar.

Era una gran cuentacuentos, pero es una pena que no supiera escribir además para ganarse la vida sin pegar sablazos a la gente del trabajo. Es decir, la pillé mintiéndome por dinero, y en ese instante CORTÉ RADICALMENTE cualquier contacto con esa tipeja.

Cuando ocurrió esto, estaba trabajando para el banco Sweet Seeds, tras haber “engañado” a otro hombre que le había hecho el favor de recomendarla a esa empresa (sin contarles su historial en otras empresas del ramo), jugándose su prestigio y, como es de esperar, habíendose dejado los huevos en ese favor por el movidón que montó nada más entrar en esa empresa y mintiendo a su jefa... 

De hecho esta tipa, inició toda una serie de agresiones y acusaciones contra mí, sin decirle a quienes implicaba en esa batalla que ella había sido -como decía la gente- mi protegida durante muchos años y que yo había cerrado mis puertas, tras pillarla mintiéndome para conseguir dinero....

Así comenzó la historia de Drogoteca el machista, pero no termina ahí.

Es mejor acusarte de machista que decir que fue cazada contando historias falsas para sacarle dinero al personal y que Drogoteca te mando a chuparla en el acto, a pesar de tus amenazas de destrozar todos los asuntos de activismo cannábico en los que, por desgracia, la habíamos metido un director de un medio cannábico y un servidor o el intento de chantaje que ejecutó, cuando le dijo claramente a ese mismo director que "le podía contar a mi pareja a quién me follaba yo". Todo muy limpio, cuando mi único delito era haber cortado TODA RELACIÓN y vías de comunicación con esta trepa.

Un dibujo que hizo la susodicha,
 y me envió como regalo. 
Acompaña -oportunamente- esta ocasión.


Personalmente no tenía el menor interés en ella (de tipo afectivo o sexual) y en unos 4 años de relación diaria basada en el cannabis y el activismo en redes sociales, sólo nos vimos 2 veces: la primera en el montaje del set donde Interviú le hizo las fotos, ya que a mí me entrevistaban ese mismo día y me habían invitado (ella por un lado y al mismo tiempo, otra persona) a ir a ver cómo se hacían las fotos. La segunda vez, fue en el piso alquilado que tenía en Madrid, que pasamos a tomar algo mi pareja y yo

Y nunca más acepte una cita con ella... nunca. Y menos a solas, ya que conocía bien sus maneras cuando intenta conseguir algo de alguien especialmente hombres... De hecho, al poco de escribir yo en la revista Yerba donde ella estaba, la invité a ir a un concierto de Extremoduro en Valencia.... CON SU NOVIO DE ENTONCES (una buena persona)... aunque les pagase yo las entradas. Quería dejar claro que mi trato e interés hacia ella no tenía nada que ver con su vida afectivo-sexual y que no quedase duda por parte de nadie. Era un detalle, que incluía a su pareja, no un regalo de flirteo.

En fin, que no me importa ayudar a nadie a trabajar, pero paso de alimentar o de darle cancha a ladillas...

Pero eso, es material para otro día.
Hoy os dejo con el texto de Paco M. -uy- Jaco Marchante, que es el real protagonista del mismo y no una choni aburrida y sin capacidad para ganarse la vida dignamente.

Esperamos que os guste.
:))

Drogoteca.

.+.+.+.

GENTE TÓXICA.

No me había sentado nada bien aquella violación frustrada, y el hecho de haber terminado implicada en el asesinato y enterramiento ilegal de un Guardia Civil -aunque fuera toda una epifanía la experiencia final- tampoco me ayudaba a pintar mi espacio con un tono de tranquilidad. Viajaba en un bus desvencijado de la empresa “Avanzando” conducido por un cincuentón medio ebrio, a quien si le pusieran una gorra de color metal en la cabeza, ganaría el concurso al "Mejor Disfraz de Botella de Anís".

Graznaba machadas mientras conducía, intentando ganarse la atención de dos opositoras a inspectoras de hacienda -que tenían edad ya como para llevar pañales para pérdidas de orina- sentadas en primera fila y que insistían en comportarse como dos niñatas de 13 años, hablando de tampones y compresas entre risitas y eufemismos vergonzosos. 
Criticaba -el machote conductor- a esos cultivadores de cannabis que se negaban a comprar su droga en “los clubs legales, ya que para eso se los hemos permitido, para que estén controlados todos esos drogadictos”
Lo sostenía entre gruñidos que reafirmaban su escasez de cópulas anuales -o exceso de anales- mientras intentaba enganchar en la conversación a aquellas dos momias con perlitas en las orejas. “¿Nadie se pone a cultivar tomates si los tiene en el supermercado, verdad? Y si lo hace, es que algo sucio está haciendo.” Esa era la piedra central de su agudo razonamiento, pero me daba igual: yo sólo quería morirme en una cama -de un cansancio que no acababa de sanar- aunque lejos de ese tipo, o de cualquiera como él y sus menopáusicas amigas opositoras...
Miraba en Internet dónde quedarme en Madrid para buscar trabajo y sobrevivir. De momento lo haría con lo que me había dado el Padre Heredia -me jode la caridad católica, pero en este caso entiendo que lo que hicimos, no fue nada católico- sabiendo que había quedado en profunda y agradecida deuda con él. No sólo por salvar mi coño y mi vida, sino por los porros que metió en el hatillo que me hizo, junto con unas semillas que me dijo que eran “mano de santo”
Agradecía seguir viva pero tampoco tenía muy claro el porqué, cuando sonó mi móvil: “¿Hola, Alba?” se escuchó cuando solté un escueto “¿Sí?”.
“Soy Marta WeedDiva. Nos conocimos en un sarao privado de una copa cannábica en una feria de Barcelona... ¿me recuerdas?”
Mi cerebro intentaba moverse entre datos y caras de fiestas, pero era como una carrera de 200 metros vallas en arenas movedizas y no salía nada claro de mi coco. 
Ella insistió: “Estabas en el WC metiéndote una raya sobre tu móvil, yo me reí y me invitaste a una: esnifé la mejor cocaína de mi vida sobre un tuit en el que mandabas a tomar por culo a tu pareja, o eso me dijiste entonces...”
Ahí sí que caí. Lo de esnifar es más fácil recordarlo porque no esnifas con todo el mundo, pero a la vez tiene su aquel porque cuando esnifas no sueles fijarte en la cara de nadie, así que la clave para recordarla fue la historia que le conté y que no era más que una excusa para ligar con ella en una fiesta aburridísima llena de puretas fumando y charlando entre ellos, mientras miraban el culo a las chicas que habían puesto de adorno con la excusa de alguna promoción. Marta AKA WeedDiva era una de ellas; chica mona que había salido del 'ghetto' fumando porros como forma de vida -o eso decía ella- y que se sacaba para sobrevivir poniendo su imagen en distintos “cubiletes”, pero siempre cerca del mundillo cannábico. 
Le dije, muy sinceramente debido a mi lamentable estado: “Ah Marta, sí, recuerdo quien eres... ¿Qué querías? Si es muy largo de contar, tal vez no sea el mejor momento...”
Me interrumpió de golpe, con miedo en la voz a que resolviera y cortase la conversación y dijo: “no, no, llamo para pedirte que me cuentes tú algo... es que tengo una oferta de trabajo pero viene de alguien que no me da buena espina para nada: un tal 'Jaco Marchante' y una persona me dijo que tú me podrías dar información, porque le conoces bien. ¿Es de fiar?”
Cuando alguien te pregunta si otra persona es de fiar, te pide una evaluación que tal vez no te apetezca dar, pero la química de mi politoxicómano cerebro se había activado como si me hubiera subido medio gramo de anfeta por la nariz al escuchar hablar del viejo Jaco. ¿Ahora se hacía llamar Jaco Marchante? Me hizo gracia porque ese era el apellido de la segunda mujer que desposó, y que en realidad odiaba porque le recordaba -cada día- lo que en realidad era a pesar de sus anhelos.
“¿Marchante?” pregunte con evidente sorna.
“Sí, ahora firma así en Internet. Dice que es un apellido profesional, para los medios y que respeten su vida privada...”
Eso era mentira, había cambiado de apellido intentando cambiar de víctimas, pero no de vida que seguía agonizando a ráfagas: hace unos años me llamó pidiendo ayuda diciéndome que “le quedaban unos dos meses de vida porque 'el bicho' le había comido por dentro e iba a palmar ya mismo”. 
Como lo que me pidió no era pasta -algo que nunca debías poner cerca de Jaco si querías volver a verla- no me importó echarle una mano en Twitter, donde aterrizó por desgracia, y aprendió a hacer de un grano de arena, una montaña con la que acosar a cualquiera. 
Al principio pensé que era la desesperación del aspirante a patíbulo cercano, pero luego vi que era simplemente la única forma en que sabía existir: acosando a otros, y especialmente a las mujeres a las que gustaba de tratar como si fueran sus empleadas con derecho de humillación. “La becaria” era lo más suave que decía que cualquier trabajadora cerca de él, pero se vendía como un activista por los derechos de todos.
A lo largo de su historial, le habían colgado epítetos como Jaco 3000 en alusión a una de las cantidades robadas en un fraude donde prometía dar defensa legal a usuarios de cannabis que pagasen su “tarjeta de porrero asociado”, Jaquito Chocolatero en alusión a la mierda que fumaba y que trapicheaba en las fiestas “de rojos de izquierdas comunistas de verdad” en las que pululaba buscándose la vida y haciendo favores para pedirlos después, Jaco Más-Cara-Que-Espalda como le llamaban quienes tuvieron la desgracia de trabajar en el mismo lugar que él ya que se ganaba el lugar como los cucos: quitando el trabajo de otros a ojos de jefes atontados y atribuyéndoselo a sus huevos para llevarse la tajada. 
También Jaco el Banquero, por un inefable “Banco de Cannabis” que era gratuito para enfermos, y donde los inocentes cultivadores donaron yerba que se fumó “el banquero” y jamás se pudo ver un sólo enfermo beneficiado que pudiera mostrarse públicamente. 

Jaco “la chota” era como le conocían en su barrio, donde desde crío era objetivo de la policía porque cantaba nada más verles. La lista de motes del tipo en cuestión era tan larga como los fraudes cometidos, los robos acometidos y vendidos en el mercado “oculto”, los trapis por los que le tenían “una cuneta metida en barbecho esperándole” en varios lados, por si los pisaba de nuevo, etc. 
Así que llegado el momento, saltó al mundo digital y se proclamo “experto en comunicación y redes sociales”: los tipos que sabían por experiencia qué clase de sabandija era Jaco, no habían llegado aún a “lo masivo” de la comunicación en redes sociales y él supo aprovechar esa ausencia de actores que le señalasen y recordasen su pasado. En este nuevo mundo digital podía engañar a muchos más pardillos, aunque alguno se enterase de quién era en realidad...
Se autodenominó experto en comunicación, pero le tenían que escribir las preguntas y las respuestas de las “entrevistas que daba” porque no era capaz de expresarse con corrección y lo que decía haber escrito no eran sino textos robados a otros y abandonados en oscuras webs. Era todo un animal carroñero buscando desechos, basura y huecos por donde colarse. Pero si se iba a morir en dos meses... ¿qué había de malo en ayudarle? 
Años después, recordé eso mismo cuando alguien me contó que estaba en un hospital “reventado por el cáncer”, y sonreí asegurándole que le vería superarlo, aunque enviase fotos de sí mismo intubado. 
Jaco era “el pequeño Nicolas” del mundo del cannabis: la gente creía que era alguien porque les mostraba fotos con otra gente conocida, y porque otros pardillos y gente sin vergüenza -cantamañanas que seguían vendiendo “la movida madrileña” en pleno año 2017 y doctorcetes buscando fama patológicamente, gente que también vivían del cuento- se dejaban fotografiar con él, cosa que este aprovechaba para presentarse ante desconocidos como un personaje “relevante”
Lo hacía incluso espiando las redes sociales y asaltando a los fumetas en los clubs de la ciudad de Alicante para conseguir que le dieran “Like" en Facebook o que le hicieran "Follow" en Twitter: una auténtica cucaracha digital de las redes sociales e Internet.


Tras haber perpetrado un último fraude -en el que la policía nacional tuvo que ir a buscarle y a intervenir el falso “club activista” que decía haber fundado (pero que nunca tuvo socios reales) y donde decía “haber invertido” el dinero que le había tangado a una chica de Barcelona, como unos 12.000 euros) fue la última vez que supe de él, por medio de un abogado que “le asistió en declaración” (sólo puede estar presente sin hablar, pero eso calma a los cobardes) por 180 euros, que pagó sin dudarlo -asustado y acorralado- con tal de no ir sólo a declarar sobre el timo con el que sacó el dinero para montar el falso club activista: sabía que si entraba en el calabozo no le dejarían salir ya si aparecían todos sus fraudes. 
Creí que le daría igual porque entre cánceres y sidas, algo le mataría al final y no tendría tiempo de pagar por sus delitos. De hecho, de esta misma forma quemó sus cartuchos al trabajar para un pobre despistado que tenía una gacetilla cannábica que otros rechazaban ya ni tocar, y a que en su desconocimiento del mundo del cannabis en España se presentó como el especialista en redes sociales que le haría volar su negocio: y voló, porque la revista “Yerbajos” ya ni existe.
“¿Alba? ¿Me oyes? ¿Alba? ¿Sigues ahí?” fue lo que movió los huesecillos de mi oído e hicieron reaccionar a mi cerebro, palabras de la personas que esperaba una respuesta: “Sí, perdona, te comentaba que estaba muy cansada para una larga charla, aunque el asunto lo merece. ¿Estás segura de que es el mismo Jaco Marchante que decía estar muriéndose ya terminal hace unos años, el que ahora medra por Alicante?” le contesté para resituarme mientras me respondía.
“Sí sí, totalmente segura, me ha mandado una foto que no sé cuando pudo hacérsela o cuánto photoshop tiene, porque es como si no fuera él mismo pintas con cara de yonki destrozado que es en realidad, y me ha mostrado una web llamada 'Yo te cuento la película' donde firma él y otra gente de esa que sale hablando del cannabis, y que dice que tiene la información de verdad importante. 
Quiere que escriba para él, y que me paga cada artículo antes de que escriba el siguiente...”
La corté en seco: “Uy Martita... ¿ya empezamos con las movidas raras de pagos en diferido con Jaco Marchante cerca? ¿Es Jaco Cospedal o está postulándose para el Partido Popular? Habría que cambiar el nombre y llamarle Jaco “el PoPular”y que sea el jefe de prensa de los de Bárcenas...
¡¡Alerta, estafa al trabajador a la vista!! ¡¡Mec, mec!!
Normal que os diga que paga antes del siguiente trabajo, pero porque nadie cobra el primero así que nadie escribe el segundo artículo: ese es el modelo de estafa con el que se intenta presentar ahora como si pudiera borrar su pasado. Fíjate si ha colado entre desinformados y periodistas de titulito pero sin madera, que los paletos de “ElMundoReal” le citaban como presidente de los activistas en el país y tuvimos que avisarles de que estaban dando publicidad a “L.I.N.C.E”, la asociación tapadera que montó, involucrada en un fraude económico de profundidad aún desconocida y con víctimas estafadas que habían perdido su dinero, entre otras cosas.
Nos comentaron que es que como les había enviado un vídeo en el que Alberto Galán -el “dipucuqui” de Izquierda Fundida- le atendía en una noticia sobre cannabis, pues pensaron que era realmente un activista importante y que era verdad todo su currículum. Les tuvimos que hacerles notar que -a pesar de que en su currículum ponía muchas cosas y todas falsas o falseadas- algunas de las afirmaciones que allí se podían leer, como 'HABER ESTUDIADO BITCOIN EN ALEMANIA EN LOS AÑOS 90' no eran posibles. Cuando vieron eso se dieron cuenta de que estaban ante un fraude clásico, y se les cayó la cara de vergüenza por haber sido los que mejor picaron: periolistos deseosos de dar como primicia cualquier basurilla”
“Ah... vaya, entonces... ¿no es de fiar el tal Jaco, no?
Jolín, con la ilu que me hacía a mí que alguien leyera lo que escribo, porque yo sé que tengo una vida interior que si la viera algún guionista de TV, fijo que me hacía una serie tipo Ally McBeal sólo para mí!! Y es que escribir me motiva tanto...”
Tuve que interrumpirla cuando su voz sonaba como Judy Garland en “El Mago de Oz” y amenazaba con ponerse a cantar. “¿Oye Marta, cuando nos conocimos tú me dijiste que habías dejado el instituto hacía años... 
¿Por qué te llama a ti para escribir, acaso te has formado como periodista o escribes de forma profesional? ¿Eso no te lo has preguntado? ¿Por qué tú?”

Un silencio se hizo al otro lado. “¿Marta? Eh! ¿Estás ahí?”
“Sí, estoy aquí.” me espetó fríamente. “Pues supongo que si Jaco piensa en mí para escribir y no en otra será porque valora mi trabajo y sabe que mi historia es pura y real... ¿tan raro te parece que además de estar buena sepa escribir y que a otros les guste? Es un hombre con mucha experiencia y sabe reconocer lo bueno. Ya me advirtió contra gente como tú, que vuestra envidia sería la primera piedra contra la que tendría que luchar...”
Oye mona, que yo no te he llamado para pedirte nada ni para darte mi opinión: has llamado tú para preguntarme si Jaco Marchante, el tipo más dañino para el mundo del cannabis en España y farsante profesional, era de fiar. 
Y si te he seguido la charla, es porque me sorprendía que siguiera vivo: ya sabes lo que dicen de las cucarachas y el invierno nuclear... ellas serán las últimas en desaparecer, porque siempre habrá cadáveres de los que alimentarse” le contesté sin levantar demasiado la voz, porque la jaqueca que producía recordar la cara de Jaco, o visualizar mentalmente la repugnante imagen de sus testículos -con los que adornó vía tuit su cuenta como maestro de la comunicación- me empezaba a saturar, más aún que cavar una tumba para enterrar un guardia civil.
“Envidia” replicó ella. “Tú también me tienes envidia.”
“Es cierto, te envidio porque seguramente tienes una cama cerca en la que tumbarte a descansar. ¿Has mirado si ya está Jaco dentro de tu pijama o debajo de tu almohada? 
A una feria cannábica en Andalucía, tras trabajar para ellos como supuesto “Comunity Manager Cannábico” les pirateó las cuentas y les robaba la información, y el encargado prefirió callar y no decírselo al jefe: tenías que haber visto su cara cuando se lo soltaron otras personas en una reunión de negocios. 
A otro antiguo jefe, le hacía lo mismo -espiando todas sus comunicaciones- y le ofrecía mejores tratos a sus clientes para quitárselos. Cuando le pillaron con las manos en la masa y le confrontaron, culpó a su propio hijo del fraude. A ti, que le interesas porque ha visto tu talento como escritora, no te hará algo así... ¿verdad?”
Mi silencio se tornaba en risilla, audible por momentos, cuando llegó su descarga final.
“Todo lo que dices es mentira y está envenenado. Es normal que nadie quiera saber nada de ti porque -como dice Jaco- eres una politoxicómana con problemas mentales. Busca ayuda que te hace falta mucha, querida Alba la culta...”
Ya con una carcajada que no pude contener le dije: “Tienes razón. Te cuelgo cariño, que tengo que buscar loquero, ya mismo...” 
Y sin esperar, pulsé la tecla de colgar. Bastante tenía con tirar de mis huesos en ese instante, como para tener que preocuparme del ego malherido de una víctima con vocación de tontita explotada. Pensé antes de abandonar la consciencia, que era injusto reírse de una víctima pero también lo era considerar víctima a quien vivía para serlo
Un sentimiento de paz -en forma de cálido alivio- me envolvió depositándome, con cuidado, en un profundo sueño.

--

El primer texto de esta serie lo puedes encontrar aquí: http://drogoteca.blogspot.com.es/2017/08/alba-bautismo.html