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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Falsa Marihuana

Este texto fue publicado en la Revista Yerba.
Esperamos que os guste.

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Falsa marihuana



¿Qué tienen en común la cafeína, la morfina, la cocaína, la mescalina y la psilocibina de los hongos mágicos pero no tiene el THC del cannabis? Todas son sustancias naturales, todas ellas son psicoactivas aunque cada una tiene efectos distintos. Algunas son legales en unos lugares y otras no, pero eso tampoco separa al THC de las demás.

¿Qué es entonces? El THC no tiene nitrógeno en su molécula. Parece una simple curiosidad química, pero no es así. Este hecho está -en parte- en el origen de que algunas de las drogas más nuevas -y peligrosas- que nos encontramos en el mercado legal sean los cannabinoides sintéticos o falsa marihuana.

Molécula de THC.


Cuando la ciencia se dio cuenta de que podía extraer los principios activos de las plantas, formularlos químicamente y reproducirlos o mejorarlos, lo hizo partiendo del primer compuesto de este tipo que estudió: el opio. Del opio sacó la morfina, y de la morfina y su carácter ligeramente alcalino al ser un base débil surgió el término alcaloide

La morfina era un alcaloide, porque cumplía ciertas normas químicas y contenía nitrógeno. Ese tipo de formato, el del alcaloide, a la hora de buscar el resto de principios activos en las plantas funcionó muy bien: la mayoría de los principios activos, especialmente los que afectaban al sistema nervioso central, eran sustancias que contenían nitrógeno.

Diversos alcaloides, nitrogenados.


Así la ciencia fue encontrando los principios activos de las plantas, como la cocaína o los cactus como la mescalina. Y todos eran alcaloides, hasta el punto que todavía hoy son muchas personas que asimilan la palabra alcaloide al concepto de principio activo, y no todos los principios activos son alcaloides ni tienen nitrógeno, y como ejemplo vale el mismo alcohol del vino.

Sin embargo había una planta que se resistía a entregar sus secretos a los químicos: el cannabis. No existía duda alguna sobre la psicoactividad del cannabis y sobre muchos de sus efectos beneficiosos, pero por más que los químicos se empeñaban en buscar no daban con el aislamiento del responsable principal de sus efectos. Hasta el año 1964 que en una universidad israelí, Raphael Mechoulam, un químico orgánico y profesor de química medicinal dilucidó el asunto con el aislamiento y la síntesis parcial -lo que dejaba clara la estructura- del principal constituyente activo del hashís derivado del cannabis: el responsable de los efectos era el THC o Tetrahidrocannabinol. Y no contenía nitrógeno.


Raphael Mechoulam, de tú a tú con la planta. 


Tras el descubrimiento y caracterización del principio psicoactivo esencial del cannabis, venía lo lógico: encontrar su receptor. Todas las drogas que tienen un efecto sobre el cuerpo humano, desde la cafeína a la morfina, de la mescalina al THC, funcionan porque imitan otras sustancias que el cuerpo humano produce y para las que tiene un sistema de receptores.

El siguiente paso por tanto era encontrar el receptor y su ligando endógeno: la sustancia que creaba nuestro cuerpo para activar esos mismos receptores. Con esto no sólo se estudiaban los efectos de una droga, sino que se aprendía sobre los sistemas que regulan el cuerpo humano afectados por esa droga, de donde se podían sacar otras compuestos para usar contra dolencias específicas.

Teniendo un compuesto claro con el que trabajar, el THC, actuar sobre los receptores con otros compuestos fue más sencillo. Tanto que se conocían los receptores CB1 y CB2 y se trabaja con nuevos compuestos sobre ellos (con animales o pruebas de laboratorio) pero todavía no se había encontrado qué compuesto producía el cuerpo humano para dichos receptores hasta que apareció, en un equipo guiado por el mismo profesor de química, la anandamida: el ligando endógeno de los receptores no se encontró y determinó su estructura hasta 1992. Y curiosamente, este ligando sí tenía nitrógeno.

Hasta el final del S.XX no tuvimos demasiado claro el esquema aparentemente simple que nos permitía relacionar un receptor con un compuesto y de ahí estudiar las funciones y acciones que tenía sobre el ser humano en el caso del cannabis. El sistema cannabinoide endógeno, el que regulan los receptores CB1 y CB2 (que de momento sepamos) y que es sobre el que actúa el cannabis, es uno de los más desconocidos, porque es de los últimos en ser descubiertos.

Receptores CB1 y CB2.


Se podría inferir erróneamente que al no conocer profundamente el sistema cannabinoide endógeno, no podemos conocer las consecuencias del consumo de cannabis. Es un error, porque el consumo de cannabis tiene miles de años de uso que lo han probado una planta poco o nada tóxica. Tal vez no conociéramos qué teclas pulsaba el humo de los porros en nuestro interior, pero ya conocíamos lo que provocaba, y no era malo. Ni un muerto en toda su historia es un récord notable.


De la ciencia a la leyes y sus consecuencias

No hace falta exponer la vigente e injusta prohibición que sufre el cannabis, pero sí convendría señalar algunos de los peores males que nos ha traído, y tal vez algunos estén por descubrir. 

En los años 80 la farmacéutica Pfizer experimentó con un compuesto sintético llamado 47,497 -entre otros muchos- que resultaba ser agonista de los receptores CB1 y CB2, algunos de esos compuestos con cientos de veces la potencia del THC, y además con la característica importante de ser agonistas totales, y no sólo parciales como los naturales, de dichos receptores. 

También en otro laboratorio, otro químico creaba y daba sus iniciales a los compuestos agonistas de los receptores cannabinoides: se llamaba John William Huffman y de su laboratorio salieron otros dos de los primeros cannabinoides sintéticos detectados en el mercado, el JWH-073 y JWH-018, que fueron creados en el año 1995.

Estos tres compuestos fueron los que ostentan el dudoso honor de ser los primeros detectados en mezclas herbales que simulaban un producto con propiedades similares al cannabis. Eso ocurría entre el 2008 y el 2009 en Alemania. Era la primera vez que se tenía una respuesta a la pregunta de qué compuesto era responsable de los efectos de la falsa marihuana que se vendía bajo el nombre de Spice o K2.

El padre de las criaturas de la familia JWH.


Hubo una época previa, allá en los años 90, en los que se vendían algunos tipos de “cogollos legales” que eran básicamente una mezcla de algunas plantas con mínima psicoactividad combinada, pero en ningún caso contenían agonistas de los receptores del cannabis ni llevaban añadidos químicos. 

Fue precisamente a esos “cogollos legales” de diversas plantas a los que añadieron estos nuevos -y totalmente desconocidos- productos químicos cuyos efectos imitaban algunos del cannabis pero sus consecuencias negativas iban cientos de veces más lejos. Son de las pocas drogas cuya primera aparición se da en Europa en 2004, en concreto en el Reino Unido, que tiene una de las leyes más represivas contra el cannabis.

Las políticas aplicadas contra el cannabis y sus usuarios, distintas en cada país, pero de momento -salvo honrosas excepciones- todas de tipo represivo crearon un mercado para los productos legales. Nadie en su sano juicio compraría un producto que es imitación de otro, si puede comprar el original. En este caso la diferencia es que el original puede conllevar multas o prisión y el otro, no. Las leyes crean y abren un mercado específicamente para este tipo de sustancias, cuya demanda sería inexistente de poder utilizar las versión segura y natural: el cannabis.

Rápidamente, como se ha hecho con otros compuestos, los legisladores se apresuraron a prohibir dichas drogas, lo que también hace inviable cualquier tipo de estudio con ellas y con seres humanos, pero no imaginaron la respuesta: daba igual qué droga prohibieran porque los vendedores tenían una nueva, sin prohibir, más desconocida y más peligrosa casi siempre esperando para sustituir a la sustancia prohibida. 

Y así sucesivamente. Tú prohíbes, pero la química crea fuera de tu prohibición más y más compuestos. Así ocurrió: tras la prohibición de los primeros cannabinoides, aparecieron otros, mucho más peligrosos y totalmente nuevos con los que los vendedores de esos productos estaban usando de conejillos de indias a sus usuarios, esta vez detectados primero en Japón.

El asunto se estaba mostrando intratable cuando Nueva Zelanda tuvo la ocurrencia de iniciar una regulación legal de las drogas partiendo de las que -todavía- no estaban prohibidas. Para ello primero prohibió cualquier sustancia existente que no estuviera explícitamente permitida y luego aceptó que hubiera un mercado para estos compuestos, en clara desventaja para el cannabis que seguía sufriendo el estigma de la ilegalidad, la persecución y las sanciones económicas. 




Los resultados no se hicieron esperar: la alerta sanitaria provocada por los efectos secundarios de los cannabinoides sintéticos vendidos legalmente y con el permiso del gobierno, hizo que se suspendiera dicho experimento que estuvo mal planificado y alejado de criterios científicos desde el momento de su concepción. Lejos de ayudar, eligieron la peor de las opciones: permitir compuestos sintéticos que no tenían historia de uso sobre el ser humano -afectando además a uno de los sistemas endógenos menos conocidos- frente a la planta de cannabis con su excepcional seguridad histórica.

¿Por qué son tan peligrosos los cannabinoides sintéticos o falsa marihuana?

La primera razón médica es que los compuestos, aunque sean ambos agonistas del receptor CB1 que es el responsable de los efectos psíquicos, actúan de forma diferente sobre esos mismos receptores. Mientras que el natural THC de la planta de cannabis se une al receptor y lo estimula hasta cierto punto al ser un agonista parcial -no lo hace con todos sus efectos ni toda su potencia- la falsa marihuana y sus compuestos son agonistas totales: cuando se unen al receptor lo hacen de una forma que provoca que despliegue todos los efectos que puede desplegar y desconocemos.

Una segunda razón es que, como decía Paracelso, “sólo la dosis hace al veneno” y estos compuestos pueden llegar a ser centenares de veces más potentes que el compuesto original al que pretenden imitar, por lo que con cantidades iguales en peso, se pueden estar consumiendo ciento de veces dosis activas de dichas drogas con un par de caladas de un falso porro.

La tercera razón médica de peso es la enorme ubicuidad de los receptores CB1 en todo el cuerpo humano. En el cerebro humano, el receptor cannabinoide CB1 es el “receptor acoplado a proteínas-G” que más tenemos en nuestra base de control del sistema nervioso -como hizo saber el doctor Nichols en una reciente conferencia- sólo superado por el receptor GABA-A que no pertenece a la misma tipología de receptores. Se podría argumentar que la existencia de receptores CB1 en gran número en el cerebro humano plantea el mismo peligro al usar cannabinoides naturales que sintéticos, ya que eso no varía en función de la droga ingerida. Pero esto no es así, ya que no afectan de la misma forma ni en su intensidad ni en sus efectos aunque usen el mismo receptor los compuesto naturales y los sintéticos.


Nichols, otro químico con grandes manos para hacer drogas.


Un ejemplo de este mismo supuesto lo podemos extraer de las diferencias entre dos conocidas familias de compuestos que actúan con efectos “parecidos”: las benzodiacepinas que son fármacos tipo Valium, y los barbitúricos como el Tiopental o el Pentotal, usados en las ejecuciones que seguían el 'Protocolo Chapman' de inyección letal. Tanto una dosis de Valium como una de un barbitúrico cualquiera se unen a los mismos mismos receptores GABA-A de formas diferentes -también el alcohol común- y en lugares del cuerpo diferentes, ya que cada compuestos tiene sus propias rutas farmacocinéticas y metabólicas. Aunque actúan sobre la misma cerradura, no abren exactamente las mismas cosas. Mientras que ambas familias de drogas son sustancias que relajan, sedan e incluso duermen (también como el alcohol), las benzodiacepinas son drogas con un gran margen terapéutico ya que la distancia entre la dosis mínima activa y la dosis mortal es muy amplia.  , y además el uso frecuente no extiende por tolerancia la dosis necesaria para matar. Los cannabinoides sintéticos vendrían a ser frente al natural y seguro THC lo mismo que son los ultrapotentes y mortales barbitúricos frente a sustancias relativamente suaves como el Valium.


Sobredosis por cannabis y 
sobredosis por cannabinoides sintéticos

Todo fumador, e incluso muchos no fumadores, conoce lo que es una sobredosis por cannabis: puede darte un blancazo, pasar un mal rato de ansiedad que suele irse como vino, tener mucha hambre y dormir profundamente. Todos conocemos bien esos síntomas, incluso los médicos que empezaron a atender a personas que, supuestamente, habían consumido cannabis y que no parecían responder de la forma normal, como otros pacientes lo harían a dicho consumo.

Al principio, las urgencias médicas, se vieron desbordadas por la facilidad que tenían los productores de estas drogas de engañar a los test que buscaban sustancias psicoactivas, burlando cualquier posible freno legal y otorgándole a esas drogas una posición de no-prohibidas ni detectables que las hizo competir contra el natural cannabis en ese aspecto: la gente buscaba evitar positivos en pruebas de drogas realizadas en su trabajo -muy común en USA- o al ir a pedir uno nuevo, así como las pruebas que la policía o los médicos pudieran realizar, ya que el simple consumo de cannabis es delito (al menos aún en la mayoría de los estados). La gente prefería consumir una sustancia desconocida de efectos desconocidos antes que enfrentarse a las consecuencias legales del consumo de cannabis, aunque sea de las sustancias más seguras que conoce la humanidad. 

La ley está lanzando a fumadores de marihuana a convertirse en conejillos de indias con sustancias increíblemente potentes y peligrosas, ya que sin esos enfoques represivos nadie tendría que buscar un “legal high” o “colocón legal” arriesgando su vida cuando lo único que quiere sea un poco de inofensivo cannabis.

Los síntomas que mostraban los pacientes en urgencias tenían poco o nada que ver con el cannabis que los médicos conocían, y aún sabiendo posteriormente que se enfrentaban a versiones sintéticas de agonistas cannabinoides, les costaba creer que se pudiera tratar de imitaciones de cannabis natural por lo exagerado de la sintomatología que veían: una hipertensión desbocada, taquicardias de carrera de galgos, infartos de miocardio, nerviosismo extremo, vómitos, alucinaciones, psicosis tóxica, ataques convulsivos y también epilépticos, psicosis permanente e infartos cerebrales que pueden desde matarte a dejarte ciego, sordo y paralizado de por vida en una silla de ruedas, más o menos consciente de que todavía existes.

Y esos sólo eran los síntomas de las sobredosis en su fase aguda de la falsa marihuana, ya que poco o nada sabemos de su uso crónico, excepto que sus peligros no son ni remotamente parecidos a los de el original natural. 



Otra de las explicaciones que los especialistas ofrecen a la hora de comparar los desmedidos peligros de los cannabinoides sintéticos con los del cannabis natural, es que la planta incorpora sus propios compuestos “moderadores”: no todos los cannabinoides del cannabis tienen efectos psicoactivos, algunos no tienen e incluso algunos sirven para moderar los efectos que produce el principal compuesto activo o THC

Mientras que la planta tiene esa ayuda natural a que las cosas no se desmadren, el consumir agonistas totales sintéticos sin que esos otros cannabinoides “de freno” -que de forma natural están presentes en la planta- nos deja una situación mucho más problemática a la hora de afrontar sus efectos sobre el cuerpo humano.


La situación legal en España y Europa

Para estas nuevas drogas que vienen escondidas bajo la apariencia de falsa marihuana, el campo en nuestro país está totalmente abierto. Son legales, porque no están prohibidas. La única trampa que le piden al vendedor, es que ni lo venda ni lo publicite para consumo en humanos, lo que se arregla con una nota en el paquete que diga eso mismo: NO PARA CONSUMO HUMANO.

Paradójicamente los dependientes de los lugares que venden estas drogas legales, nos cuentan que una gran parte de su clientela sobre esos productos son policías de diversos cuerpos que quieren tomar drogas pero no quieren perder su trabajo por un análisis que dé positivo. Eso deja claro que a buena parte de la policía que pagamos le interesa más la ley del estado que la propia salud.


Aquí un madero de color (los usan para las fotos)
apoyando una "campaña de salvación del mundo
persiguiendo drogas y usuarios".


Algunos países de Europa iniciaron prohibiciones de diversos de estos compuestos, pero se encontraron con que obtenían la misma respuesta que cuando prohibieron otras drogas: el mercado se encargaba de producir otras nuevas, legales, desconocidas en sus efectos y más peligrosas. El mercado nunca ha quedado desabastecido y, por el contrario, son cada día más las sustancias de este tipo a las que se puede acceder legalmente en una tienda o a través de internet.

Lo último en consumo de cannabinoides sintéticos se ha encontrado en UK, concretamente en la ciudad de Glasgow, donde se ha encontrado que hay tiendas donde se venden los conocidos e-liquid para los e-cigs -dispositivos electrónicos para fumar sin combustión- y al mismo tiempo te ofrecen, de forma legal, si te quieres colocar. Si dices que sí, que quieres colocarte, te venden viales de 10 ml, empaquetados y etiquetados correctamente, con nombres como “Blueberry Bud” o “Magic Mushrooms” que contienen una disolución -para usar con estos dispositivos- de los cannabinoides sintéticos.




Antes, compartir un porro era una señal de socialización que no solía implicar un grave riesgo.
Ahora, fumar de algo que no tienes claro qué es, puede ser lo último que hagas en tu vida.
Los cannabinoides sintéticos tienen una especial capacidad para dañar seriamente e incluso matar.

El cannabis, la planta natural y amiga que todos conocemos, no ha matado nunca a nadie.

Elige salud, siempre.



lunes, 1 de diciembre de 2014

Vendiendo humo: cannabis en las farmacias catalanas.


Este texto fue publicado en la Revista Yerba.
Esperamos que os guste.

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Vendiendo humo: cannabis en las farmacias catalanas.


A finales de agosto de este año saltaba la noticia a los medios: la Generalitat de Catalunya quiere regular el cannabis para los enfermos. El Conseller de Salut, Boi Ruiz i Garcia, hacía unas declaraciones en las que aseguraba que no era admisible que un paciente tuviera que acudir a un club social de cannabis porque él, como Conseller de Salut, no había sido capaz de regular el acceso al cannabis como herramienta terapéutica vendida en una farmacia.



La noticia cogió con el pie cambiado a unos pocos, que sin ser muy conocedores del asunto, se alegraron y con razón: estaban hablando de que -al fin- los enfermos que usasen cannabis pudieran ir a comprarlo legalmente a una farmacia, que es el lugar adecuado para la administración de cualquier fármaco. En sí resultaba una buena noticia, seguramente esperanzadora y bonita a los ojos de muchos que se alegraban de que eso acercase el cannabis a los enfermos de una vez. ¿Pero es así? Echemos un vistazo a cómo se han ido desarrollando los hechos relacionados hasta ese punto.


El panorama vivido en el 2014: los CSC y la Generalitat.


En agosto del año anterior, la Fiscalía General del Estado -un órgano jerárquico en el que los fiscales de cada zona deben aceptar lo que les ordena su superior hasta el Fiscal General como máximo grado- emitía un documento conocido como la 'Instrucción 2/2013' en el que desgranaba su idea de cómo los distintos fiscales de España debían encarar el asunto de los clubs sociales de cannabis o clubs de consumidores. 

Y lo hace con directrices claras: los que nos leímos el texto nos asustamos, porque si realmente lo llevaban a la práctica, suponía la persecución judicial y la condena de muchos que se encontraban desarrollando actividades en los CSC, obviamente relacionadas con el cannabis, su cultivo y consumo. La instrucción venía a recordar a los fiscales -les decía, finamente, que dieran caña- que el cultivo nunca había dejado de ser un delito perseguible y que disfrazarse de asociación no debía servirle a los nuevos narcos. Así de feo lo pintaba, y eso que agosto es el mes “inhábil” en la administración de justicia en España. En septiembre, varias asociaciones tanto de jueces como de fiscales se estaban quejando de que dichas directrices dadas por el Fiscal General del Estado equivalían a tratar por igual a los CSC y a los narcotraficantes. Eso era exactamente lo que quería decir: todos son narcos, ni clubs ni nada.

Todas las arquitecturas sobre las que muchos clubs habían funcionado, cultivando y cobrando la marihuana a sus socios bajo el pretexto del consumo compartido quedaban diluidas al advertir que consumir no era cultivar y vender. Durante el final del 2013, la fama de Barcelona como lugar de turismo cannábico ya era exagerada, no sin cierta falta de razón ya que proliferaron todo tipo de asociaciones con todo tipo de prácticas que acababan implicando un venta de una sustancia estupefaciente a un tercero al que, muchas veces, no habían visto antes. Prácticamente había que ser un santo escrupuloso en el manejo del dinero y de los socios para no ser acusado de diversos delitos, que ya no sólo incluían el tráfico de drogas sino también delitos de blanqueo o fiscales, que han elevado peticiones de cárcel a activistas como los gestores de Pannagh en el País Vasco hasta los 22 años de prisión.




Y en el 2014 empezó a ocurrir lo que se indicaba en dicha instrucción de la Fiscalía: la policía empezaba a asaltar clubs, a detener a sus responsables, a cerrarlos y a presentar procesos criminales contra algunos de ellos. Ha estado ocurriendo en todo el país, pero en Cataluña, al tener una mayor concentración de clubs, se notó más el freno. Primero fue la prohibición en junio de abrir ningún clubs social de cannabis más en y después llegó a su máximo exponente en julio de este año cuando el diario El País -en su edición sobre Cataluña- titulaba “Detenida la cúpula de las asociaciones cannábicas por blanqueo de capitales”. Ya no eran asociaciones, ya era “la cúpula de los cannábicos”.

Un mes después de que se hubiera detenido “a la cúpula” de narcotraficantes de los CSC, el Conseller Boi Ruiz anuncia que, en estos minutos de descuento del partido que le quedan al gobierno que le nombró, piensa regular el cannabis para los enfermos y que lo hace para que no se tengan que acabar juntando con esos nuevos criminales acusados de delitos de importancia a la hora de acceder al cannabis que necesitan.

¡¡Y lo hizo sonriendo en las fotos!!

El papá de la idea tiene otros problemas: no le salen las cuentas 
del dinero público que maneja...


Al mismo tiempo, el paso como Conseller de Salut de Boi Ruiz, no ha dejado buen sabor de boca: recortes, escándalos por la penosa gestión, impagos a la farmacias, el repago de medicamentos que tumbaron los tribunales, el cierre de camas en hospitales para tirar abajo los gastos sin atender al paciente...

No ha hecho sino confirmar su currículo: aunque tiene la carrera de medicina, su especialidad parece ser más bien la gestión de “lo público” en el que lleva muchos lustros en la “Unión Catalana de Hospitales” que es una entidad que agrupa distintas empresas con intereses en el área. Gestión de distintos intereses, sería otra forma de hablar de lo que le preocupa el paciente al señor Boi Rui, que ha tenido toda esta legislatura y parte de la anterior para hacer algo que, según la actual ley, no puede hacer sin el permiso de otras instituciones del estado: no verán cannabis vendido a pacientes en una farmacia catalana antes que en una de otro punto del estado, si es que algún día llegamos a verlo. Les está mintiendo a la cara quien les quiera hacer creer eso: están usando a los enfermos que usan cannabis y a sus necesidades como piezas con las que jugar, porque no son ellos los que necesitan la planta.


La realidad del consumo terapéutico en España:
¿quién atiende aquí a los enfermos?

Los medios al contar la noticia, han presentado las declaraciones como si estuvieran enmarcadas dentro de un proceso coherente que se hubiera seguido desde hace tiempo. Textualmente decían que la Generalitat inició los primeros pasos para regular el cannabis en el año 2005 por haber contado con un estudio del medicamento 'Sativex' -un extracto estandarizado de la planta de cannabis- sobre 207 pacientes. Dicho de otra forma: en el 2005 permitimos un estudio con 207 personas y eso es nuestra apuesta por la regulación del cannabis terapéutico hasta hoy, en el año 2014. De hecho el 'Sativex' se aprobó en España poco después para dispensación hospitalaria a pacientes de esclerosis




Lo cierto es que, bien fuera por quimioterapia y vómitos, dolor crónico o neuropático, espasticidad y otras situaciones a las que el cannabis mejora la condición del paciente, bien en un aspecto concreto o bien en general -como en sus efectos sobre el apetito- si querías cannabis tenías que buscarte la vida tú mismo: ningún médico te lo podía recetar.

Con ese panorama lo que asociaciones de pacientes -no cannábicas- como la Asociación Ágata de mujeres con cáncer hicieron, fue gestionarse una forma de acceder a la sustancia. Ellas mismas reconocían que sus propios médicos, oncólogos, les reconocían la utilidad del cannabis frente a muchos de sus síntomas, pero no les podían recetar la planta ni nada similar en aquel momento. Ellas mismas difundieron la voz entre las afectadas de sus propias experiencias con el cannabis, hasta convertirse en la primera asociación de gestionaba de un modo pseudo-legal el acceso al cannabis, poniendo en contacto al paciente que necesitaba comprar, con un cultivador que le suministrase el cannabis.

Y ahí quedó todo, porque poco después el acceso al cannabis se fue haciendo más y más sencillo, en gran medida gracias a los CSC nacidos de los grupos de consumidores de la sustancia, que muchos contaban con un área terapéutica, que normalmente era asistida a modo de información y asesoramiento por algún profesional, normalmente médicos o psicólogos. Los CSC realmente no hicieron nada más que responder a una demanda ya existente dentro de los consumidores de cannabis: la del cannabis terapéutico que por otra parte en nada se diferencia del recreativo. Pero lo hicieron, y en la mayoría de los casos no lo hicieron nada mal.





Este Banco de Cannabis Terapéutico tenía un requisito fundamental: no podía haber intercambio económico. El cannabis debía ser donado de forma altruista, para que el asunto no se convirtiera en un “camelleo con precio reducido por ser terapéutico” y además los pacientes que eran admitidos tenían que presentar diagnósticos médicos y a la vez ser vistos por otros especialistas, algunos vinculados directamente al ayuntamiento de la localidad. Pero inteligentemente -dada la forma de tratar las cosas sobre el cannabis en el País Vasco- no se salían de dicha demarcación territorial. Tampoco querían pisar las actividades del mismo tipo que -supuestamente- desarrollaban o podían desarrollar otras asociaciones en otros lugares.


Por aquellas fechas, ya en los años 2007 y 2008 saltaba a los medios el caso de Juan Manuel Rodríguez Gantes, a quien no tuvieron problema en llamar “el Ramón Sampedro de la marihuana” ya que sufría el mismo tipo de daño en la columna vertebral y producido de la misma forma -al saltar al mar calculando mal- que el conocido personaje, protagonista de la película 'Mar Adentro'




Juanma solicitó ayuda, cultivó en el centro para discapacitados físicos en que se encontraba, fue denunciado y juzgado por ello y aunque nunca fue condenado, jamás le dieron una solución a su problema: la morfina no le quitaba los dolores que el cannabis sí le quitaba. Eran dolores neuropáticos, producidos por una mala gestión de una infección que sufrió en el mismo centro que se hospedaba: los antibióticos que tarde y desesperadamente le administraron en una ocasión le causaron daños permanentes en sus nervios, y de ahí el dolor intratable.

Tuve la suerte de conocer personalmente a Juanma -y a su pareja en aquel momento- y de presenciar lo que posiblemente haya sido la mayor entrega gratuita de cannabis a un paciente con necesidad terapéutica: medio kilo de cogollos secos de cannabis que habían viajado por media España escondidos en un cojín, sin que hubiera la menor transacción económica asociada a ellos. Después de aquello, lo único que supe es que los distintos clubs y asociaciones iban “facilitando” el contacto a los enfermos como Juama con distintos cultivadores que les vendían el producto, en teoría a un precio más reducido dada la razón terapéutica de dicho consumo.

Desde esa época, la forma más normal de acceder al cannabis siendo una persona con necesidades terapéuticas ha sido a través del autocultivo con la ayuda del grow-shop de tu zona o bien a través de alguna asociación que pudiera facilitar el acceso a la planta. Y no lo deben haber hecho nada mal cuando no hemos visto casos de personas que sufrieran problemas por usar cannabis que le facilitase su CSC, ni problemas médicos, ni sobredosis con consecuencias fatales, nada de esto ha sucedido. Al revés, muchos enfermos de dolor crónico -que aunque algunos médicos aceptan su utilidad siguen sin recetarlo ni como 'Sativex'- o de insomnio, de cáncer o de sida, de anorexia o de ansiedad, han encontrado alivio, guía y cuidado en lo que los CSC les han proporcionado. Muy posiblemente porque los CSC han sabido estar muy atentos a la hora de detectar las necesidades de las personas y eso es justo lo que los políticos, como Boi Ruiz, no han conseguido pero tampoco han intentado en realidad.

¿Por qué es imposible lo que dice la Generalitat? 
¿No es factible que España avance como otros países?

No es imposible que llegue a haber cannabis en las farmacias: el modelo de otros países lo demuestra. Sólo hace falta voluntad política, entre los distintos actores que toman las decisiones.

Vamos a ver cuál es el escenario: el responsable de salud de un gobierno -en su etapa final y con pocas probabilidades de existir con la misma configuración- dice que quiere regular el acceso al cannabis como medicamento. ¡Estupendo! Ahora empiezan los problemas, cuando en el mejor de los casos, de existir capacidad política de intentarlo, las leyes estatales sobre drogas y fármacos, siempre tienen un rango superior a las autonómicas. Eso quiere decir que, suponiendo que todos los partidos quisieran hacerlo -no en Cataluña sino en toda España a la vez- haría falta cambiar tratados internacionales o renunciar a ellos, hacer modificaciones legales de textos que apenas se han tocado en décadas de existencia, y conseguir un proceso completo que diera la cobertura legal al proceso: eso llevaría años, no menos de 3 ó 4 en la situación actual. ¿Tienen los enfermos 3 ó 4 años que perder esperando? Muchos no, y menos para usar un fármaco que es esencialmente benigno.

Todo esto de empezar a jugar con los enfermos, lo hacen por una razón muy clara y que no han escondido: es una vergüenza que los enfermos se tengan que ir a los “clubs de los narcotraficantes” que casualmente estamos deteniendo. 



Si consiguen disociar el trabajo de los CSC con el cannabis terapéutico en España del trabajo con los socios de motivos recreativos, están atacando uno de los mejores trabajos que ha realizado la comunidad en sus años de existencia: suplir lo que el estado no sólo no te daba, sino que te negaba, aunque fuera una medicina. 

Quitándole a los enfermos a los CSC les quieren arrebatar una de las razones de su existencia para pasarla a otro grupo de intereses: los empresariales farmacéuticos. El propio Boi Ruiz no se ha escondido para decir que los laboratorios tienen que crear compuestos sintéticos de cannabis, mejorados “como se hizo con el opio”. No les gusta la planta de marihuana; el verde que les gusta es el de la pasta que puede generar un mercado de pacientes recetados con cannabinoides sintéticos.

Boi Ruiz es médico, pero debe estar poco enterado de los peligros que se conocen -desde hace años- con la falsa marihuana hecha con cannabinoides sintéticos. O le debe importar poco, porque modificar el opio, creo actores como la heroína, que cuentan con toda una historia alrededor. Pero lo cierto es que Boi Ruiz viene de la empresa y tiene visión de empresario: trabajar con una planta no da dinero. Sus compuestos naturales no son patentables -ya que los crea la naturaleza- de manera que sólo les resulta interesante cuando pueden fabricar otros compuestos sintéticos que sí puedan cobrar desde la farmacia con grandes cantidades de ingresos por las patentes.

Sin embargo, cualquier persona cercana al mundo del cannabis, sabe que cada planta es un mundo distinto, un efecto distinto que ayuda a unas cosas y puede no ayudar a otras. Aunque la planta sólo tiene un principio claramente psicoactivo que es el THC, nada tienen que ver los efectos de una “Haze” con una “White Rhino” y prueba de ellos es el inmenso arsenal de distintas variedades con distintos efectos, sabores y cualidades que han creado los bancos de semillas, especialmente los hispanos. No podemos pedir a los enfermos -con sus distintas patologías- que acepten un sólo tipo de planta o de extracto, porque esto no funciona así, señor Conseller.




Por último cabe hacer mención -por la importancia- de lo que sería la logística para producir cannabis de calidad farmacéutica para todas aquellas personas que lo usan a día de hoy con una intención terapéutica, porque le digan lo que le digan, ningún médico a día de hoy le puede prescribir un poco de marihuana por ley, pero tampoco podría -de forma efectiva- si esa ley cambiase mañana. El proceso que conlleva la planificación de un consumo masivo -Cataluña o España son casos masivos ambos- de cannabis, la búsqueda de terrenos, la contratación y capacitación de personal, el cultivo y proceso del cannabis dentro de estándares farmacéuticos no se realizaría en unos meses sino que sería un proceso de años, como el marcar distintas posologías para cada afección o el elegir las variedades más adecuadas, ya que todos esos pasos necesitarían estudios, pacientes y un entorno controlado de producción de una planta, que hasta el día de hoy, han estado negándole toda virtud terapéutica, impidiendo el acceso a la misma y criminalizando al usuario a base de represión.

Quienes llevamos años en esto sabemos de lo inútil de su propuesta, Conseller, que no es más que un brindis al sol con el objetivo de causar daño y desarmar de buena parte del prestigio ganado a los clubs sociales de cannabis. A nosotros no nos engaña. Nunca nos engañó. Seguiremos cultivando nosotros porque ustedes no son de fiar.

Pero por dignidad, no juegue con el dolor de los enfermos a los que ahora mismo, la represión ejercida sobre los CSC, les está privando del único acceso factible al cannabis que existe en España sin pasar directamente al mercado negro recreativo.
A los enfermos que usan cannabis, ni les sobra el tiempo ni se tratan al gusto según lo que queda de legislatura. Tampoco son tontos: saben de sobra quién les está bloqueando el acceso a su medicación, señor Conseller Boi Ruiz. 

Y los enfermos también votan.





lunes, 24 de noviembre de 2014

Drogas y sexo: la 2C-B o Nexus

Este texto fue publicado en la Revista Yerba.
Sirve como natural sendero para continuar tras la publicación de la síntesis de la 2C-B del Pihkal de Shulgin y Ann Shugin.
Esperamos que os guste.

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Drogas y sexo: la 2C-B o Nexus.


Casi todas las drogas han tenido en algún momento una reputación como afrodisíaco, como sustancias que ayudaban al sexo en alguna de sus necesidades fisiológicas -como la erección- o de voluntad y libido. Y casi nunca ha sido verdad.

Hemos escuchado historias de personajes que poniéndose una determinada cantidad de cocaína en el glande durante la cópula, realizaban proezas dignas del mejor actor porno. No es raro cuando en su prohibición se mantenía que “incitaba a los negros a violar mujeres blancas” pero no hay nada real en ello. 



También se dijo de la LSD, el propio Tim Leary a modo de venganza contra el establishment, cuando se aseguró que una mujer bajo sus efectos alcanzaría decenas de orgasmos. ¿Alguien más ha vuelto a escuchar algo del poder afrodisíaco de la LSD? 

Se dijo del opio y del cannabis, de la mandrágora y del escarabajo de la cantárida, aunque el insecto sí que tenía algo que era capaz de provocarte una erección tan intensa que te duela, antes de acabar matándote si te has pasado con la dosis.

Todas las drogas actúan sobre el sexo y sus mecanismos. Todas ellas desde que alteran nuestra percepción, nos estimulan, relajan, desinhiben... pero ello no quiere decir que todas las drogas sean afrodisíacas o sean “buenas para el sexo”. Hay personas que se sienten más desinhibidas con una benzodiacepina y son capaces de disfrutar más de las relaciones -algo muy poco distinto a tomarse una o dos copitas antes del juego sexual- y no por ello nadie considera que el valium sea un afrodisíaco. De todas las drogas conocidas, si somos justos, tendríamos que decir que el mayor afrodisíaco es el alcohol, ya que es la droga más presente entre personas a la hora de mantener relaciones sexuales, a modo de lubricante social que facilita la desinhibición, y en muchos casos la pérdida de control y de sentido crítico. Cabe recordar que es también la droga más frecuente en las violaciones.



Sin embargo sí es cierto que hay sustancias, como la MDMA, que producen un intenso contacto emocional entre los sujetos, y que eso se traduce muchas veces en intimidad sexual, con o sin cópula. Si bien se puede decir que la MDMA ayuda bastante a meterse en la cama con alguien, no ayuda nada al atletismo sexual: te será difícil tener una erección, y si la tienes, será más difícil aún que puedas llegar al orgasmo. Para facilitar -por la vía rápida- el asunto con la MDMA, surgió una combinación llamada “séxtasis” que no era otra cosa que MDMA y Viagra, para combatir los efectos de flacidez que causa el éxtasis, pero que presenta mayores riesgos al mezclar distintas drogas al mismo tiempo afectando a tu cuerpo.




De entre las nuevas drogas que fueron saliendo de los matraces de los químicos como Shulgin, saltó una que pronto ganó reputación en la esfera sexual: la 2C-B también llamada Nexus en el mercado negro. Fue sintetizada en 1974 y explorada en 1975 por el grupo de los Shulgin. Hay que entender que en este grupo existían unas normas de comportamiento entre miembros que prohibían la actividad sexual entre quienes no eran previamente pareja -para evitar malos rollos al día siguiente, por ejemplo- pero que a la vez alababan los informes que les entregaba la gente sobre la actividad de la droga que estaban probando en todas las esferas donde actuaba, y eso incluye el sexo en personas sanas. 

Pronto se dieron cuenta que, sin ser un afrodisíaco genital (algo que provocase erección y deseo, por ejemplo), la droga resultaba muy útil ya que a diferencia de otras, la 2C-B no interfería tan negativamente con los mecanismos fisiológicos del sexo: no impedía la erección y el orgasmo en el varón como suelen hacerlo otras drogas de ese tipo. Eso la hacía un instrumento muy útil para poder explorar el aspecto sexual de la experiencia psiquedélica sin la dificultad -o imposibilidad- que otros psiquedélicos y enteógenos aportan.



En los 80 saltó por primera vez al mercado, cuando todavía no estaba prohibida (ni siquiera lo estaba la MDMA) en unos lotes que pretendían ser lotes de pastillas de MDMA. Lo cierto es que el efecto de dosis bajas de 2C-B puede ser experimentado como similar a la MDMA, pero si sobrepasas cierto margen, se convierte en una droga tan psiquedélica o visionaria como la mescalina. De hecho, uno de los nombres de la 2C-B es bromomescalina, ya que la molécula es una modificación de la mescalina con un átomo de bromo sustituyendo un grupo metoxi, y cuando se sobrepasa cierto punto, es una molécula que tiende a crear experiencias de miedo especialmente en personas no acostumbradas a sus efectos. No es bueno pasarse con ella: con muchas de estas drogas, menos es más y mejor, y no conviene creer que por aumentar la dosis aumentarás lo placentero que puedas sentir.

Una forma que se ha popularizado de tomar la 2C-B o Nexus es en combinación con MDMA, especialmente cuando los efectos del éxtasis empiezan a bajar, para aprovechar el estado emocional que queda, como se hace en ocasiones con otras drogas como los hongos o la LSD. Otros prefieren tomarlo junto. En todo caso hay que advertir que la 2C-B y la MDMA parecen potenciarse mutuamente, con lo que si se van a tomar en combinación, deben rebajarse las dosis de ambas para que la experiencia no sea algo que sobrepase a la persona en los efectos que espera encontrar.



Pero más allá de no dificultar lo coital, hay algo extrañamente sexual en esta sustancia, que en ocasiones incluso se manifiesta fuera del contexto donde uno puede esperarlo. Echen un vistazo a esta experiencia:


Esa noche salí de fiesta con 2 pastillas de MDMA de unos 125 mgs cada una y 3 pastillas de 2C-B de 5 mgs cada una, flojitas pero suficientes si iban a tomarse mezcladas.

Empecé la velada comiéndome una pastilla de MDMA, tomando alguna cerveza, y disfrutando de una graciosa noche calurosa de fin de verano. Pasaban las horas e iba mezclando poco a poco la MDMA con la 2C-B. Tomé una dosis de 5 mgs de 2C-B. Al cabo de un par de horas tomé media pastilla de MDMA y otra de 2C-B, y otro par de horas después, la otra mitad que me quedaba de una pastilla de MDMA.

Ya era de día cuando viendo que sólo me quedaba una pastilla de 2C-B de 5 mgs, pues me la tomé mientras acompañaba a un amigo a su lugar de trabajo -un bar- donde nos tomamos otra cerveza.
Y estando relajados y tranquilos, en un bar cerrado para nosotros dos, súbitamente me empezó a latir el corazón con fuerte taquicardia, y empece a sentir miedo.



Puro miedo, sólo miedo.
Salí de allí dejando la cerveza a medias, casi sin decir nada, casi corriendo.
En la calle mi corazón se aceleró más aún: veía a la gente de día y me entraban ganas de correr, de evitar a todo el mundo con un chasquido de dedos.

Iba andando a toda prisa hacia mi casa, que no estaba lejos, con la idea de que si me pasaba algo, que me ocurriera allí. A lo mejor no era la mejor idea del mundo, pero era la que tenía en ese momento en mi cabeza: protegerme en mi casa.

Aun así tuve el valor de pararme en la calle a hacer una llamada desde una cabina -no existían los móviles como ahora- para decir a una persona que no me encontraba bien, y que no iría a recibir otra llamada que tenia que recibir esa tarde (antes la gente quedaba para llamarse, aunque suene raro).

Desde ese momento, la experiencia cambió radicalmente:

Estaba a escasos 200 metros de mi casa y todo el miedo y la paranoia se habían convertido, de golpe, en un extremo sentimiento de paz y de comprensión.
El pecho me explotaba de satisfacción. Una satisfacción extraña que sólo había conocido en ocasiones con los enteógenos más fuertes, pero nunca saliendo de fiesta, sino en momentos más relajados y preparado para ello.



Decidí de todas formas seguir hacia mi casa.
El calor empezaba a ser agobiante y pensé que igual que se me había pasado ese mal momento, bien me podía pasar lo contrario de nuevo.
Así que llegue a casa, entré en mi habitación y me desnudé.
No había casi luz, y si cerraba los ojos y me sentaba, empezaba a meterme en una espiral interminable de ideas, insights y visiones. Estuve un rato disfrutando de ese estado, hasta que el calor me hizo ir a ducharme.



Y allí ocurrió.
Me duché con agua fresquita. Las sensaciones eran muy agradables: recordaban el saciar una necesidad grande, como beber con sed o comer con mucha hambre.
Terminé la ducha, cerré el grifo.
Me dejé escurrir el agua por un instante en la bañera, ya que no tenia intención de secarme con una toalla.



Fue la primera gota.
Descendió de mi cuerpo y chocó sobre la cerámica de la bañera.
Produjo un sonido simple, pero en mi interior se escuchó como si crujieran todos los arboles de un bosque al mismo tiempo.
Simultáneamente al sonido me golpeó brutalmente una sensación a la que en muchas ocasiones he llamado orgasmo... pero ahora pienso que era superior a él.
Me agarré con fuerza y algo asustado a la pared y el mando de la ducha, pero el asunto sólo acaba de comenzar.



La siguiente gota chocó provocándome la misma sensación de un orgasmo casi interminable y no había pasado más que una fracción de segundo...
Otro orgasmo me sacudía mientras desde mi pelo, desde todo mi cuerpo empezaron a descender gotas, que caían desde mi pecho, mi estómago, mi pene.... a estrellarse contra el suelo de esa bañera.

Cada gota me hacia romperme por dentro de placer. Me agarraba con fuerza a donde podía: nunca había experimentado algo así. Era el sonido que provocaba la gota, lo que me abría un nuevo orgasmo cada vez...




Dios. Me estaba muriendo literalmente de placer.
Mi respiración oscilaba entre la quietud absoluta y el tomar aire como si me estuviera ahogando!!
Caían todas las gotas que se escurrían de mi pelo y cada una llevaba en sus átomos un orgasmo demoledor.

Llegó el momento cumbre, en el que había mayor numero de gotas rompiéndose contra el suelo, y mi cuerpo se tensó y arqueó como si me fuera a partir en dos.
No era posible tanto placer: me iba a reventar el alma de gusto!!



Con los ojos cerrados sentí como se abrían dentro de mi decenas de orgasmos que, si pudieran ser dibujados, eran concéntricos unos con respectos a otros. Acaba de empezar uno, cuando rompía otro en el centro de ese. Cada vez más y más profundo.

Y el tiempo por un instante se detuvo: sólo existía el más íntimo placer alargado hasta el infinito. El ritmo empezó a disminuir porque ya casi no quedaban gotas de agua sobre mi cuerpo estático y descendían más lentamente.

Yo las veía bajar con la promesa escrita de volver a escuchar el crujido de cien arboles, y volvían a provocarlo. Pero cada vez menos; se distanciaban más unas de otras en el tiempo.
Volvía a recuperar esa consciencia perdida por instantes, y empezaba a sentir una inmensa pena.

Llegó el final: la última gota rompió regalándome un último orgasmo brutal, íntimo y profundo como nunca esperé sentir.
Con los músculos tensos como si estuviera siendo atravesado por una corriente eléctrica, sin ser capaz de soltarme aun de la pared y de los grifos de la ducha, rompí a llorar. Llore por unos instantes con desesperación y rabia: quería sentir más de lo que me habían regalado!!



No intenté que ocurriera de nuevo. Sabía que no sería así.
Aún hoy en día, cuando lo recuerdo, sé que cambiaría sin dudarlo toda la sexualidad de mi vida pasada, presente y futura, por un solo instante así. Nunca jamás volví a experimentar algo remotamente parecido. Sólo me pude llevar un inmenso sentimiento de gratitud y de pena por no poder volver a visitar -a voluntad- un lugar tan inmensamente lleno de placer.

La experiencia da datos sobre las dosis, que en el caso de la MDMA no pasó de 250 mgs en toda la noche y 15 mgs, en 3 tomas, de 2C-B. La cantidad de 2C-B parece pequeña, casi rozando el borde de lo que sería una dosis efectiva de la sustancia, pero debido a la sinergia con el éxtasis, sus efectos correspondían a los de dosis más altas de dicha sustancia.

La 2C-B es una feniletilamina que parece ser sencilla de manejar en sus efectos en el rango de dosis más bajas, que su autor cifra en el rango de los 12 miligramos a los 16, considerando los 24 miligramos como una dosis alta, y hasta 35 miligramos las muy altas. Sin embargo se han llegado a consumir, por error, cantidades hasta 4 veces superiores a la dosis considerada como alta, produciendo espectaculares experiencias de miedo intenso en diversas formas, pero no poniendo en riesgo la vida de quienes las han experimentado.

Cabe mencionar un hecho curioso sobre la 2C-B que tal vez ayude en el futuro a su aprovechamiento como posible fármaco. Mientras que en la inmensa mayoría de los países que la prohibieron hace unos años, como USA o Reino Unido, se encuentra en la categoría más restrictiva para una droga, conocida como Lista I y cuyas sustancias están prohibidas para uso con humanos, en España se encuentra en la Lista II, lo que la hace una sustancia que podría ser solicitada por su menor fiscalización para investigaciones con mayor facilidad que otras drogas


No hemos podido encontrar una razón convincente para que la 2C-B esté en la Lista II mientras la 2C-I (su hermana iodada, por ejemplo) está en la Lista I. Tal vez tenga algo que ver el hecho de que durante un tiempo, en España, tuvimos un laboratorio llamado Drittewelle que producía esta droga, de forma legal, y la vendía por diversos países del mundo, también de forma legal hasta que fue prohibida.

La 2C-B se llegó a vender en Sudáfrica a los “sangomas”, fabricada por dicha empresa y distribuida por otra llamada Inkwazi, que son los brujos de ciertas comunidades que usaban otros enteógenos de origen vegetal de sus zonas para llevar a cabo sus ceremonias, y fue acogida muy favorablemente hasta que fue prohibida. Aunque en este caso, se insistía en el prospecto del producto en que el principal componente era la catina, un estimulante extraído del khat, cuando la 2C-B tiene un origen totalmente sintético



El mismo error que sigue reproduciéndose hoy día en distintas webs, que achacan incorrectamente un origen vegetal a dicha sustancia. El nombre que le dieron fue Ubulawu Nomanthotholo que en el idioma local quería decir “la medicina de los espíritus que cantan”.

Si bien es cierto que el nombre de Nexus fue el que le puso la empresa Drittewelle para lanzarlo al mercado, en alusión a sus supuestas propiedades sexuales, no parece que se hiciera con la 2C-B nada distinto a lo que se hizo con otras muchas sustancias, de origen vegetal como el kava-kava o de origen sintético como otras variantes de feniletilaminas, lanzándola como afrodisíaco ya que prácticamente todas las sustancias en aquella época se lanzaban al mercado aludiendo a sus propiedades sexuales. Ellos vendían, como otras tantas empresas, lo que el cliente quería escuchar. Y al hacerlo en dosis bajas, pues sus pastillas eran de 5 mgs nada más, evitaron en buena medida que sus clientes tuvieran malas experiencias: la misma dosis daban en Europa como Nexus, el afrodisíaco, que como Ubulawu Nomanthotholo para que los chamanes sudafricanos se pusieran en contacto con sus ancestros.

Pero en esta ocasión resultó ser cierto, que la sustancia que había dejado el genio salido del matraz de Shulgin, era una sustancia que ofrecía oportunidades maravillosas a la hora de explorar, entre otras cosas, la experiencia sexual bajo el influjo de un psiquedélico, que sin llegar a ser LSD, abre unas cuantas puertas más que la MDMA. Una sustancia notable que fue, sin duda, una de las favoritas de Shulgin y posiblemente su creación más preciada. El mercado negro tomó buena cuenta de ella, de manera que cuando se prohibió es de esas sustancias que han seguido existiendo porque cuentan con una demanda de un público estable. No era sólo mito, había escondida una curiosa realidad detrás.