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domingo, 24 de mayo de 2015

Testosterona: la droga y el sexo.

Este texto fue publicado en VICE.
Esperamos que os guste.
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Testosterona: la droga del sexo.


Hace ya más de una década que probé la testosterona por primera vez. No tenía por qué hacerlo, no había una razón médica que lo justificase. Simplemente, como con otras tantas drogas que había probado en mi vida, tenía ganas de experimentar y tenía la oportunidad. Alguien con acceso a grandes partidas de medicamentos -desviados del mercado lícito- me regaló 3 cajas de “Testogel” de la casa Bayer mientras me dejaba un enigmático aviso: “Llévatelas si quieres probarla: es la forma más sencilla y sin pinchazos. Y aunque los culturistas no la aprecian demasiado, tengo clientes que les encanta para follar a lo bestia”.




¿Para “follar a lo bestia”? Eso no sonaba nada mal. Aparte de que el sexo siempre es un buen reclamo, daba a entender que realmente tenía un efecto psicoactivo, si es que era capaz de estimular que hubiera “sexo a lo bestia”. ¿Pero qué sería eso de “a lo bestia”? A lo largo de los años te das cuenta de que lo que es “a lo bestia” para una persona, puede resultar suave para otra. Dar descripciones de efectos de drogas es muy complejo, especialmente sobre la intensidad de las sensaciones que se alcanzan.



Comencé -como antes de experimentar con cualquier otra droga psicoactiva- un periodo de lectura e investigación personal sobre el tema, de búsqueda de fuentes y de experiencias de otras personas con la testosterona. Pero había algo frustrante: la mayoría de las experiencias que encontraba eran de la comunidad transexual, que tienen que usar la testosterona de forma necesaria si están en un proceso de masculinización hormonal, y de grupos inespecíficos en la comunidad LGTB. Y no me servían: yo era un varón heterosexual -con testosterona propia- y ni mi cuerpo ni mi mente iban a procesar la experiencia de la misma forma que alguien sin ella o con otra orientación en su sexualidad. No me servían para hacerme una idea de cómo iba a cambiar todo si me decidía a probarlo. Así que lo consensué con mi compañera sexual en aquel momento: si esto afectaba al sexo iba a afectar a la forma de percibir a la pareja, siendo ella la persona justa para poder decirme si algo iba mal y yo no era capaz de verlo.

Echando la vista atrás, lo que más miedo me daba era convertirme en una especie de chalado hiperagresivo que fuera exhalando testosterona hasta que otro chalado más agresivo me rompiera la cabeza. En mi caso, la agresividad no aumentó y como no tengo costumbre de ir haciendo el gorila por la vida, pues tampoco lo hacía con la testosterona. En este sentido es un poco como el alcohol; hay quienes con un par de copas se vuelven los tipos mas agresivos del barrio, otros a quien les entra sueño y otros a los que simplemente les anima a conversar y relajarse. 




Es cierto que la testosterona guarda una relación directa con la agresión entre machos, pero no en una relación directa por la que más testosterona implique más agresividad. En animales, un macho con niveles bajos de testosterona es menos sensible a los estímulos que despiertan la agresión. Cuando se le administra testosterona recupera la respuesta agresiva a ciertos estímulos, pero darle más testosterona no aumentará ya su agresividad. Ese efecto se nota bastante en humanos, nuestra reactividad aumenta: podríamos decir que no nos molesta nada nuevo, pero que tardamos menos en expresarlo. Y de la misma forma estamos más reactivos a estímulos sexuales que en otras ocasiones no pasarían de ser un fugaz pensamiento pasajero.

Así comencé lo que fue mi primera vez, tras la búsqueda de información, con la testosterona exógena. Ya sabía que la testosterona no era una droga al uso: no es algo que lo tomes y te haga efecto en minutos u horas. Necesitaba que el cuerpo alcanzase niveles de impregnación constantes. Empecé administrándome 1 sobre de Testogel cada 24 horas pasando a 2 sobres cada 24 horas pocos días después ya que me parecía no estar notando nada reseñable. No había pasado una semana del aumento de la dosis cuando -mi compañera primero y yo después- notamos que las erecciones típicas de la mañana empezaban a ser algo más que un mero acto fisiológico. Aquello ya no se bajaba tan fácilmente como antes -lo cual era una seria molestia al querer ir a mear- e incorporamos a nuestra rutina una dosis extra de sexo mañanero. Yo no tenía problema y ella estaba encantada: sienta mejor despertar para follar que porque suena el despertador para trabajar.



Ya en la tercera semana de la prueba, los aspectos sexuales de la testosterona se hacían evidentes.
Había una mayor activación fisiológica en todos los sentidos, con frecuentes erecciones espontaneas -echadas de menos desde la adolescencia- que no venían a cuento. No tengo muy claro qué fue primero, si la erección o el deseo. Durante toda mi vida había creído que era el deseo el que disparaba la erección en el varón, pero estaba empezando a ver que había una excitación aferente -nacida en los genitales y que sube al cerebro- además de la deferente que siempre había conocido.

Me explico. Tú puedes estar tranquilamente en un bar tomando un café y leyendo el periódico sin que el hecho de que entre una mujer -que esté dentro de los parámetros de tu gusto- te suponga nada especial. Pero si esa mujer agradable entra en escena cuando tienes una erección como el palo de una escoba, es bastante probable que sea incorporada rápidamente a tu conjunto de fantasías sexuales: de las inmediatas si lo que te da es por fantasear con lo que ocurriría en un tórrido momento en el WC de señoras, o de las más elaboradas si tu mente gusta de desarrollos más lentos y voluptuosos.



Con la testosterona, tu disponibilidad aumenta.
Y también de la meterte en problemas.
Se te abren los ojos como si fuera un despertar de un tiempo dormido, en el que empiezas a detectar muchas más posibles parejas sexuales de las que percibías anteriormente, eres mucho más sensible a estímulos y especialmente a los visuales que con velocidad son traducidos a reacciones fisiológicas. Con esa disposición emanando por tus poros no es raro acabar encontrando a otra persona dispuesta, y apenas llevaba 1 mes tenía relaciones con 2 nuevas parejas a espaldas de la mía. Y no tenía nada que ver con el amor ni con el cariño hacía esas personas: tenía el impulso del sexo que no se sacia, que no acabas de tener un orgasmo y estás pensando en el siguiente. Mi pareja no tardó demasiado en notarlo y poco más en cazarme -como casi todos por el teléfono móvil- llevándonos a una discusión agria de inesperado final: podía aceptar que fuera únicamente un impulso sexual sin relación con el mundo afectivo, pero ella también quería experimentarlo.

En el caso de una mujer, su cuerpo aunque también produce testosterona lo hace en cantidad muy baja y bioconsumo mucho menor. La dosis de un sobre de “Testogel” es de 50 miligramos/día de testosterona y los parches para mejorar el apetito sexual en mujeres son de 300 microgramos/día: casi 170 veces más baja en la mujer. También había que contar con que la mujer era mucho más sensible a su efecto, hasta el punto que el prospecto del “Testogel” advierte sobre el peligro por contacto con la piel donde se lo dé una persona. Ella empezó mojando un poco de su dedo en el gel y cada día aplicándoselo sobre el estómago para ver los efectos en su cuerpo. Y en menos de una semana los primeros efectos se hicieron evidentes: su apetito sexual se había disparado y era reactiva a estímulos que en otras condiciones seguramente hubiera despreciado. Una sensación de sobrecapacidad era la ola constante en la que cabalgábamos.




La situación, que fue placentera al principio, se tornó algo rutinaria: teníamos demasiado apetito y fantasías como para saciarnos sólo entre nosotros. Llegamos así a plantear el manido tema del trío o la orgía. Por suerte ambos teníamos claro lo que buscábamos en esos encuentros y no nos fue difícil encontrar una chica que aceptó tener sexo con ambos a la vez y que, en connivencia con mi pareja, introdujo a un amigo suyo que acabó formando parte del grupo. Pronto compartimos con ellos el asunto de la testosterona, como factor determinante que nos había llevado a buscar expandir nuestra vida sexual con otras personas, responsable de la voracidad y el apetito que teníamos. Él llegó a probarla y a disfrutarla pero ella se abstuvo, en prevención de efecto secundarios.

Así llegamos a entender lo que era “follar a lo bestia” por la testosterona: follar como si te fueras a morir tras el polvo, follar como si no hubiera mañana, follar como si intentases calmar una sed que no se apaga. Follar con tu pareja, follar con su amiga, follar con desconocidos sólo por follar. 

Y nada más correrte, tener ganas de más y más.





Nota: el autor no pretende incitar al uso no prescrito médicamente de testosterona y se limita a narrar una experiencia. El uso de hormonas -de cualquier tipo- fuera de un control médico implica unos riesgos nada despreciables que no deben ser subestimados.

martes, 19 de mayo de 2015

#EscándaloFAD: imágenes de los 170 perfiles falsos contra drogas en Twitter


Hoy la Revista VICE ha publicado la noticia -que dio Soft Secrets en su última edición- sobre el uso de 170 cuentas con perfiles falsos que se activaron para promocionar en Twitter la última campaña de la FAD. El llamado #EscándaloFAD en Twitter. 

Según he leído, al parecer se han tomado la molestia (no creí ni que lo fueran a hacer) de borrar los tuits lanzados desde dichas cuentas, pero como fui previsor (yo también me tomé la molestia) guardé una copia de todas ellas por si alguien necesitaba comprobarlo y en algún momento no era posible hacerlo online.

Aquí están dichas capturas de pantalla.
Todas las cuentas falsas, usadas para apoyar e intentar viralizar la campaña de la FAD el 12 de marzo.

Para que quede constancia, porque Internet tiene memoria.

Drogoteca.

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miércoles, 6 de mayo de 2015

#EscándaloFAD: 170 perfiles falsos hacen campaña contra drogas en Twitter


Hace unos días salía publicado, por la Revista Soft Secrets (páginas 94 a 97), un reportaje sobre la FAD o Fundación de Ayuda contra la Drogadicción en el que se muestra el uso que dicha "fundación" hace para manipular las Redes Sociales como Twitter o Facebook.

170 cuentas clon, que emiten el mismo mensaje a petición de su pagador, lanzando la última campaña de la FAD contra las drogas y sus usuarios, porque aunque digan que no, todos sabemos que la FAD odia más al usuario que a la droga y así lo demuestra con sus acciones.






Hace pocos días, el juez Gómez Bermúdez, el que juzgó lo del 11-M, calificaba el uso de 52 perfiles falsos en las redes como TERRORISMO INFORMATIVO por parte de un grupo de 8 personas, presuntamente yihadistas.

¿Qué calificación recibirían 170 cuentas clon, con fotos robadas a tu hermana o a tu hijo, que simulan perfiles de jóvenes y lanzan mensajes prefabricados para MANIPULAR las redes sociales con un fin determinado?

¿Lo que hacen las campañas de la  FAD no es terrorismo informativo? Con 170 cuentas???

Por si eso no bastase, en la campaña se han usado perfiles de todo tipo pero uno que tiene como avatar una GRAN HOJA DE MARIHUANA.

La Fundación de Ayuda contra la Drogadicción ve sus campañas apoyadas por perfiles de falsos fumetas, como forma de llegar a manipular a jóvenes que que de otra forma ni se fijarían en sus mensajes y usar como cebo "la propia droga" que ellos denuncian.




Contra la droga todo vale: hasta la droga. 

No os perdáis el #EscándaloFAD en las Redes Sociales.
Manipulación masiva sobre la juventud, con tácticas que los jueces califican de TERRORISMO, pero son la FAD y tienen a una inmigrante griega como Presidenta de Honor... será que con eso les vale.

O jugamos todos o la puta al río.
Y en este caso preferimos que la puta FAD acabe en el río.

Drogoteca.


PS: Hemos publicado aquí las imágenes de todas las cuentas y sus tuits, ya que parece ser que han sido borradas como informa VICE. 
Un post muy visual el que ha quedado. :))

viernes, 24 de abril de 2015

FLAKKA... la neodroga caníbal.

Este texto fue publicado primero en VICE Spain y posteriormente traducido a inglés, italiano y portugués para VICE a nivel internacional, y publicado bajo pseudónimo como Alex Shulmann. Esperamos que os guste.

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La Flakka.


Hace unos tres años -una noche en el ordenador- me empezaron a llegar imágenes de un tipo arrancando la cara a otro a mordiscos. En aquel momento me quedé aturdido, porque no ocurría en un remoto lugar donde se siguiera practicando el canibalismo: ocurría al lado de una autovía en USA. Fueron las primeras noticias del que ahora es conocido -muerto ya- como el “Caníbal de Miami” y que aunque las drogas no tenían nada que ver en el asunto, tuve el presentimiento de que algo así iba a ser usado en el juego mediático contra las drogas y sus usuarios.

Era sencillo el planteamiento. ¿Qué hay que pueda explicar que una persona coma la cara de otra que está viva y tenga “resistencia sobrehumana” a las balas? Las drogas, está claro. Y en USA más todavía. La prensa pronto empezó a hablar de un drogadicto bajo los efectos de... ¿de qué? Algunos de los primeros reportes -de vecinos de la zona en las teles locales- hablaban de crack, pero existe crack suficiente en cualquier ciudad de USA como para saber de sobra que no provoca canibalismo. Entonces se buscó otro candidato (se llegó a mencionar hasta el “krokodil ruso”) y la cosa acabó aterrizando en una oscura denominación: “bath salts” o sales de baño.

La víctima, antes y después.


¿Qué droga es la sal de baño? Ninguna, pero algunas de las neodrogas legales que van supliendo al mercado -sin ser nuevas en realidad- se habían distribuido bajo ese disfraz, porque aun siendo legales como sustancias (no prohibidas) presentaba menos problema esa presentación. También se usó el formato de “abono para plantas” e incluso el de “inciensos”, pero lo de las sales de baño parece que gustó más. En una semana podíamos ver en todos los lados textos sobre las temibles “sales de baño” y muchas veces eran ilustrados con imágenes de lo que serían sales de baño reales, aumentando la histeria en un país muy poco ilustrado en drogas y acostumbrado a asustar a los habitantes como forma de control. Y eso creó las “sales de baño” como drogas.

Claro, los forenses y la gente “de ciencias” empezaron a preguntarse cómo era posible que los medios hubieran determinado que había una droga en el cuerpo del atacante y además, cuál era. No cuadraba porque no se tenían esos datos aún. Así que los medios empezaron a especular -porque como sale gratis da igual- con cuál de las sustancias en concreto podía ser, y la ganadora que nada tenía que ver, fue la MDPV o metilenodioxipirovalerona.

Hoy la sustancia ya es conocida como “droga caníbal” por la gran prensa basura. Semanas después llegaron los resultados de la autopsia completa: el atacante “caníbal” murió a balazos y no tenía resto alguno de droga en su sangre. Nada tenía que ver ninguna droga, pero daba igual: a los pocos días había todo tipo de vídeos en Youtube sobre la “droga caníbal” (aunque en ninguno se observa droga alguna) y sobre gente que había intentando comerse a otros en un ataque de locura provocado por esa supuesta droga. Gente como zombis a lo “The Walking Dead” que salían de bajos de las casas, desorientados y enajenados. Sucios sí, pero zombís no eran.

Yo hacía años que había probado la MDPV y reconozco que no me pareció una buena sustancia para ponerla en las calles: era un estimulante que te incitaba a redosificarte excesivamente por la ansiedad que creaba, y cuando subías las dosis el escenario en el que te metías no era placentero. Probada y desechada para mi uso personal. Aunque ni yo, ni ninguno de los que habíamos probado la MDPV, hubiéramos tenido ganas de comernos a nadie a bocados. Era otra fantasía más de la “war on drugs” pero quedaba marcado en esa memoria colectiva -del desconocimiento sobre drogas- del público en general.

¿Y qué tiene que ver todo eso con la Flakka?

Todo y nada: la flakka sólo es el nacimiento de otro mito inducido por los medios sobre las drogas.
En este caso, la cosa arranca cuando hace pocos meses alguien cuelga un vídeo de una persona, una mujer joven de raza negra, a quien se ve que se pone bajo la lluvia al lado de una valla, y se mueve, baila, parece agradecer al cielo que le mande agua y ciertamente tiene un comportamiento algo extraño, pero nada en principio que no se pueda achacar a la idiosincrasia de las personas o a otros factores de salud mental. No es la única persona que disfruta de un buen chaparrón de agua sin miedo, y no por eso alguien está loco o drogado. 

Pero el vídeo se colgó con el título de “Flocka is destroying USA” y parece que creó escuela. En poco tiempo, los nuevos sucesos que implicaban a personas con comportamiento errático empezaban a ser calificados de casos de la nueva droga, que ya había cambiado su nombre de flocka a flakka, y algún medio norteamericano ha especulado con que el nombre viniera de la expresión latina de “la flaca” que todos tenemos en nuestra memoria musical.

Los medios hablan y muestran gente que aparecía desorientada o hiperactiva, en un estado mental alterado, con un discurso incoherente y con fuga de ideas, gente que se quitaba la ropa y corría por el medio de la calle por la hipertermia que sufrían, gente con reacciones paranoides de miedo, y de nuevo la “fuerza sobrehumana” que siempre aparece en los reportes de la policía de USA para explicar que tal o cual persona tuvo que ser reducida por un número incontable de agentes, o de balas.

Aunque de momento no tenemos una confirmación forense de que en ninguno de esos sucesos haya intervenido una droga, los medios de nuevo han cogido la idea y han asignado una nueva sustancia candidata, la alfa-PVP o alfa-pirrolidinovalerofenona, una droga creada hace décadas que tiene un hermano mayor que a muchos les sonará más: Katovit. El Katovit era un fármaco estimulante -de la función mental- que combinaba un principio activo con algunas vitaminas, que los estudiantes usaron hasta el año 2001 de forma generosa porque, tras la retirada de la anfetamina de la farmacopea (y mercado negro) en España, fue el único estimulante de farmacia que se podía conseguir sin receta. La droga del Katovit era el prolintano, y esta “nueva droga” rebautizada por los medios como Flakka, es el prolintano más un solo átomo de oxígeno. De hecho a la alfa-PVP se le puede llamar químicamente betacetona-prolintano o “katovit oxigenado”, y para los no entendidos en química es como tener el mismo coche al que le has cambiado una rueda: hace básicamente lo mismo con alguna diferencia, para mejor o para peor. Aunque poner un oxígeno en una molécula no suele aumentar su potencia, sino al revés; como ejemplo el átomo de oxigeno de la efedrina que al ser retirado (reducción) se convierte en la mucho más potente metanfetamina. Es así como se buscan las drogas: se encuentra una activa, y se explotan las posibles modificaciones en la molécula para conseguir otros compuestos que hagan más o menos lo mismo, pero con menos dosis, o mayor duración.




Al prohibirse de forma oficial la MDPV (y otras similares), una de las muchas que podían venir a ocupar su puesto era la alfa-PVP porque venía a ser lo mismo sin un grupo químico (metilenodioxi) y había quedado fuera de la prohibición al no ser un análogo en sentido estricto para la química. Así que los vendedores de “legal highs” la cogieron por bandera de reemplazo, y los medios están haciendo lo propio: reemplazando su antigua campaña de la “droga caníbal” por una más nueva.

Así que si a partir de ahora escuchas hablar de “la flakka”, ya no es la conocida canción de Jarabe de Palo, sino la nueva histeria sobre drogas con propiedades casi mágicas como la fuerza sobrehumana (aunque al final le detuvieron) o la resistencia a las balas (aunque al final lo mataron a balazos). Aunque he consumido muchas veces -y en generosas dosis- el prolintano del Katovit y la MDPV, no he probado la alfa-PVP y no tengo especial interés en hacerlo. Pero si lo fuera a hacer, aplicaría el mismo criterio que con otras sustancias, me informaría, buscaría cómo analizar la droga y poder tomar la dosis que yo crea correcta: sin más miedos a escenas caníbales o similares.

Si bien es totalmente cierto que las actuales campañas contras las drogas se lanzan así desde los medios, eso no quiere decir que no haya ninguna verdad en ellas. La hipertermia (que puede llegar a ser mortal), la ideación paranoide, las alucinaciones no agradables en las que el sujeto se defiende de enemigos imaginarios o incluso las de alguien que puede atacar al creerse en peligro, son reacciones que encajan con lo que sería una dosis muy alta de estimulantes. No hay apenas diferencia entre lo que es una sobredosis de MDPV y una de alfa-PVP, drogas viejas desechadas por los viejos laboratorios farmacéuticos que el mercado de la prohibición ha convertido en las neodrogas. Sustancias mucho más peligrosas que las drogas clásicas y que no estarían en manos del gran público que las quiera comprar, porque nadie compra un sustituto de una droga teniendo a su alcance la original a la que imitan.

Gracias a la prohibición de las drogas, ahora cualquier chaval puede acceder a miles de sustancias que de otra forma no hubiera accedido, pero con menos información, más mitos, mentiras y secretismo. Las neodrogas como “la flakka” matan más que las de la vieja escuela, pero lo hacen de forma legal: un gran avance para la sociedad.





Para saber más sobre esta familia de sustancias -algunas prohibidas, otras vendidas en farmacia y otras legales- y tener una imagen visual de la similitud química entre ellas, aquí pueden leer un texto del año 2008 sobre el tema del autor.


domingo, 5 de abril de 2015

USA debería pagar -con Bitcoin- a Anonymous por luchar contra ISIS

Este texto es una traducción de un artículo publicado en la revista Foreign Policy , y fue publicado originalmente en la web elbitcoin.org. Traducción propia. Esperamos que os guste.

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El gobierno USA debería pagar a Anonymous con Bitcoin para luchar contra ISIS.


Somos musulmanes, cristianos, judíos,” dice una máscara de Guy Fawkes en una misteriosa voz robótica. 
Somos hackers, crackers, hacktivistas, phishers, agentes, espías o simplemente el chico de la puerta de al lado... 
ISIS, os vamos a dar caza, tiraremos vuestras webs, tomaremos vuestras cuentas e emails y os vamos a exponer.
Seréis tratados como un virus y nosotros somos la cura.
Nosotros poseemos internet.

El “nosotros” aquí es Anonymous, el cacareado colectivo global de hacking que lanzó un furioso ataque online contra el Estado Islámico a principios de febrero, al que había declarado la guerra tras la caída de Mosul el pasado mes de junio. Tal y como informó Counter Current News (y tal y como los vídeos de la #OpISIS de Anonymous en Youtube orgullosamente proclamaron), estos ataques expusieron más de 6.600 links a cuentas de Twitter, junto con 2.000 direcciones de email y unos 100 canales VPN que usaban. Varios de los mayores puntos de reclutamiento en internet de ISIS fueron tirados abajo.





Pero la máscara de Guy Fawkes sonaba tan frustrada como era posible -en una robótica voz- en un vídeo posterior lanzado el 11 de febrero, anunciando un tercer ataque. “Con nuestra última operación #OpISIS, hemos demostrado al mundo y especialmente a los gobiernos que no es tan complicado luchar contra ISIS en las redes. 
Así qué... ¿por qué ningún gobierno lo está haciendo?”

Buena pregunta. ¿Cómo es que el gobierno USA, capaz de coordinar una compleja campaña desde 6.000 millas de distancia, siga virtualmente indefenso contra la red de mensajes y distribución online del Estado Islámico

Durante meses, los militantes del grupo han aterrorizado con tétricos vídeos de marchas de la muerte, decapitaciones e inmolaciones en atentados que han pavimentado el paisaje social multimedia, consiguiendo atención global casi instantánea. Añadan a esto el uso que el grupo hace de otras plataformas más íntimas para reclutamiento internacional (20.000 combatientes extranjeros de 90 países en el último recuento), y el tamaño del problema no para de crecer.

Estas boquitas online llevan consigo un tremendo valor estratégico. La ofensiva del Estado Islámico contra Mosul, por ejemplo, fue acompañada de una muy bien coreografiada campaña en las redes sociales, sembrando el terror y la confusión mucho antes que sus propios combatientes





Reveladoramente, cuando el gobierno iraquí actuó, lo hizo prohibiendo a sus propios ciudadanos acceder a Facebook y a Twitter. En el último mes, vídeos de las atrocidades del Estado Islámico han resonado con tal fuerza en los ciudadanos de Jordania y Egipto que han forzado una escalada militar y la toma de represalias por parte de estos gobiernos árabes. Y esto es precisamente lo que ISIS quiere.

Si los USA están luchando para conseguir atomizar al Estado Islámico, que se regenera rápidamente online, ¿por qué no pedir ayuda a grupos que son nativos de este hábitat digital? ¿Por qué no aceptar los esfuerzos de una tercera parte como Anonymous para ayudar a acabar con el Estado Islámico – e incluso darles los recursos para poder hacerlo?

A día de hoy, el minúsculo Centro para Comunicaciones Estratégicas de Contraterrorismo del Departamento de Estado -con sus 21.000 seguidores en Twitter-  ha sido la punta de lanza en los esfuerzos de USA por cortocircuitar los esfuerzos de la máquina de propaganda de ISIS. En el mejor caso, sus esfuerzos son como escupir contra el viento. En el peor caso, han sido una vergüenza cuando desde su cuenta de Twitter confundían Al-Qaeda con el Estado Islámico en un penoso tuit que los partidarios de la Yihad se encargaron de difundir por todo el mundo.

Aunque la administración Obama ha anunciado una fuerte expansión de dicha oficina y ha promovido un plan para dar fuerza a las redes de los estudiantes universitarios como forma de contrarrestar el violento extremismo online, estas iniciativas sólo abordan la mitad del problema. Como cualquiera que haya entrado en el debate político en Twitter sabe, que exista una contra-narrativa no implica de ninguna forma que alguien se vaya a molestar en escucharla. Un gran número de personas buscan información online con una mente clara y decidida. Tanto como los USA necesitan contraatacar al mensaje de ISIS, necesitan dar pasos para poder alzar su voz.

Aquellos mejor preparados para estas tareas no son necesariamente los miles de hackers profesionales en cibercomandos de USA y otras agencias, que están entrenados y equipados para contrarrestar ciberataques por grandes estados y otros actores no estatales pero sofisticados. En cambio, lo que el gobierno de USA debería hacer es mirar hacia esos no-afiliados hackers de mentalidad social (hacktivistas) que tiene sus propias razones para despreciar al Estado Islámico. Esto incluye a autodeclarados e infrautilizados “white hat” hackers [Nota del traductor: hackers -supuestamente-éticos y “buenos”] que usan su pericia probando y mejorando las ciberdefensas de las compañías. También incluye a aquellos individuos y colectivos hacktivistas como Anonymous que han tenido una larga tradición de relación antagónica con el gobierno de USA.





Aunque un primer vistazo de ratón al foro de imágenes de 4Chan, el nido inicial donde Anonymous se gestó, cause una malísima impresión, el hecho es que los hacktivistas sí tienen unas reglas morales. Los objetivos seleccionados por Anonymous y otros grupos -la industria musical y de cine tras el cierre de un popular sitio de intercambio, violadores acusados en Stenbenville, Ohio, e incluso el gobierno USA (tras el suicidio del hacker Aaron Schwartz tras ser imputado federalmente)- sugieren que hay un amplio set de principios. 

De hecho, Anonymous participó brevemente en la guerra civil en Siria al hackear la cuenta de correo del presidente Al-Assad en 2012. Como norma, los hacktivistas desprecian el abuso, la hipocresía y el fundamentalismo. 

El Estado Islámico no podía ser un objetivo mejor.

¿A qué se parecería una alianza entre los USA con unos grupos dispersos, mayormente difíciles de pedir explicaciones -si no incontrolables directamente- formados por individuos que están enfrentados frecuentemente con las leyes?

Es una idea radical: una fundación sin ánimo de lucro, patrocinada por una Coalición Anti Estado Islámico y financiado con una mezcla de contribuciones públicas y privadas. Esta pequeña institución podría asegurar recompensas del tamaño adecuado a cambio de pruebas de la identificación o eliminación de cuentas sociales vinculadas a ISIS, canales de VPN, webs de reclutamiento o cualquier otra forma de refugio online. Definir pruebas aquí es todo un reto de ingeniería – pero seguro que no tan complicado como hacer volar aviones no tripulados o desplegar escudos láser tipo Star Wars.

Esas recompensas podrían ser pagadas en Bitcoin, una moneda con cierto grado de anonimato y volatilidad que son comprensiblemente sospechosos para el gobierno USA, pero que sigue ganando popularidad entre las comunidades online más privadas. 

Autorizando el uso del Bitcoin, el estado podría extender su mano a los hacktivistas del mundo, respetando esos valores intocables para un hacker como su libertad o anonimato. Cualquier otro sistema -implicando pagos rastreables o incluso el registrarse como contratistas federales- terminaría sin duda en una explosión de paranoia y furiosas acusaciones de sobrevigilancia contra el gobierno.


Mientras la iniciativa atrajera la atención y el pago se demostrase rápido, fiable y a prueba de falsificaciones -esto es importante tratándose de hackers- podría abrir una nueva frente en la guerra digital contra el Estado Islámico. De hecho ya hay muchos administradores de social media que están luchando por cerrar cuentas yihadistas a un ritmo muy inferior al que se abren. 





Un ejército hacktivista surgido del crowdsource podría completar esos esfuerzos, identificando y marcando nuevos nodos en las redes del Estado Islámico en el momento en que éstas comenzaran a atraer seguidores. Estos voluntarios pagados pueden también molestar al Estado Islámico mediante ataques DDoS -el pan y la mantequilla de cualquier vigilante de la red hoy día. Mecanismos más fuertes de verificación podrían incentivar una aproximación más quirúrgica para identificaciones y ataques, limitando los daños colaterales.

El efecto sería el de aplicar una constante presión sobre las operaciones digitales de ISIS. Las compañías de medios sociales como Twitter, que han estado persiguiendo durante mucho tiempo las apariciones del Estado Islámico en una especie de “te cierro aquí pero apareces allí”, podrían obtener una gran ayuda en su esfuerzo para mantener sus objetivos. 

Largas listas de cuentas yihadistas, reunidas por hacktivistas y verificadas por los proxies del gobierno, podrían ser enviadas de forma inmediata para que las atendieran los administradores de medios sociales. De la misma forma, ataques DDoS (que sobrecargan los servidores con imparables peticiones que no pueden ser atendidas) contra las webs y foros del Estado Islámico podría desinflar su nivel de coordinación global y grupos de reclutamiento. Otros, ataques mucho más indetectables, podrían sembrar la confusión entre los simpatizantes del ISIS, como con el reciente hackeo de Anonymous de más de 2.000 cuentas de email.

El objetivo sería empujar al Estado Islámico a aguas mucho más y más profundas de la web. No veríamos más ejecuciones espeluznantes volverse tendencia mundial con esa rapidez; el Estado Islámico no podría manejar las cuerdas de la atención de la opinión pública. Como los pretendientes a yihadista (especialmente en occidente) encontrarían más difícil contactar con reclutadores en Irak y Siria, los gobiernos tendrían más fácil identificarlos y detenerlos. Con el tiempo, el alcance e influencia del Estado Islámico se marchitaría.

Este tipo de alianza no requeriría ningún arreglo previo de las desavenencias entre hacktivistas y el gobierno USA. Aquellos atacando al Estado Islámico y buscando un pago anónimo podrían ser bienvenidos con un sencillo mensaje: “No te gustamos y tú a menudo no nos gustas. Llevar a cabo este servicio no te inmunizará contra las leyes domésticas, ni ahora ni en el futuro. Pero compartimos un enemigo común y será más fácil vencerlo trabajando juntos.”

Si individuos y grupos como Anonymous están desarrollando este servicio gratis a día de hoy... ¿por qué pagarles? Esa pregunta nos lleva a las dinámicas de funcionamientos de estos grupos descentralizados. El hecho es que estos colectivos amplios de hacktivistas son excelentes organizando operaciones puntuales para interferir o desconectar las redes objetivos, son mucho menos eficientes a la hora de mantener la presión a lo largo del tiempo. Los que están implicados se puede aburrir o distraer. El esfuerzo se puede evaporar.

Esto representa un problema. Después de todo, nunca habrá un único momento decisivo -una gran batalla online- que empuje a ISIS fuera del internet visible del todo. Mientras el grupo exista, sus combatientes siempre gravitarán hacia los servicios online para conseguir sus objetivos en el terrorismo internacional y en el reclutamiento. De la misma forma, contraatacar las operaciones virtuales del Estado Islámico será una tarea constante, similar a usar pesticidas contra las plagas o a cortar la hierba de un prado muy extenso. Ésta es la clase de trabajo por la que pagas.





“Alistar trolls para combatir trolls” suena un tanto surrealista, claramente una idea del siglo XXI. Pero no lo es. Los USA han aceptado a menudo improbables colaboraciones para lograr objetivos estratégicos. En los años 40, miles de American Jeeps rugieron en la Alemania naziconducidos por soldados soviéticos. En los años 80, los muyahidines afganos derribaban helicópteros rusos con misiles Stinger proporcionados por USA. En el Irak del 2007, los USA hicieron llover dinero sobre algunas tribus sunitas hasta borrar la influencia de Al-Qaeda. Incluso hoy día, Washington atraviesa una tenue alianza con las milicias chiitas en Irán y el grupo terrorista del Partido de los Trabajadores del Kurdistán. En comparación, ofrecer micropagos a hackers de mente social resulta algo tremendamente benigno. 

Hay muchas pegas legítimas y argumentos de crítica a un plan como éste. Para empezar, es realmente difícil imaginar al gobierno USA comprando Bitcoin con dinero público – algo que el IRS (hacienda) clasifica como una forma de propiedad altamente especulativa. De la misma forma, en un acuerdo en el que las identidades reales de los hacktivistas nunca se conocieran, podría no existir garantía de que estos mismos hackers no usarían el dinero del gobierno de USA atacando sitios bajo la protección legal de los USA (la clase de perpetuo movimiento absurdo en el que sólo la política federal podría acabar). Por último, el empleo conocido por parte del gobierno de hacktivistas presionaría de nuevo las normas internacionales que de hace tiempo prohíben el hacking y la piratería digital. Este modelo, manejado por otro gobierno posteriormente, podría potencialmente poner en peligro los mismos intereses de USA que ahora podría defender.

En cualquier caso, organizar una cibermilicia vía un sistema de pagos inteligente -y por lo tanto aumentando la guerra contra el Estado Islámico sin comprometer la identidad de los hacktivistas- es preferible a otras alternativas torpes. Demasiada presión legal directa de los USA sobre compañías como Twitter, por ejemplo, correría el riesgos de nacionalizar lo que son plataformas de debate y conversación globales. Tratar de legislar contra el Estado Islámico en la web hará más mal que bien. Una solucion real y duradera, requiere de un pensamiento no ortodoxo y de respeto a lo que Internet se ha convertido.






En Irak y Siria, operaciones y movimientos contra el Estado Islámico se están llevando a cabo, limitando el alcance y el poder del grupo insurgente. Pero en internet -en servidores web y servicios basados en USA- el Estado Islámico opera con total impunidad aún. Para un esfuerzo de guerra que pivota sobre la marginalización y rechazo de la propaganda de ISIS, esto representa una vulnerabilidad abierta. Las operaciones militares que no dejan ningún puerto seguro al enemigo no son algo nuevo. Esta forma de pensar debe aplicarse ahora al Estado Islámico, encabezando el uso del ciberdominio.

Hacktivistas afiliados a grupos amplios han pasado años afinando su habilidad para molestar e intervenir en este mismo dominio. 

También odian al Estado Islámico.
¿Por qué no trabajar con ellos?