sábado, 15 de julio de 2017

Chefchaouen o Xaouen: no sólo turismo de drogas...

Este texto fue publicado en el portal Cannabis.es, aunque con otras fotos (disponibilidad en el momento), y esperamos que os guste.



Vamos al grano y nos quitamos el asunto del medio: ¿hay droga en Xaouen? Claro, como en todos los lados: aquí la droga ilegal más asequible es el cannabis, en concreto rico hash. Dicho esto... ¿por qué Xaouen?
¿Qué tiene este lugar que atrae a los buscadores del cannabis y sus riquezas, pero que los deja atados -de por vida- aunque dejen de usar la planta?

1- Su gente
Acabo de terminar de empaquetar a un grupo de jovenzuelos de vuelta a la PoPular Ejpaña -sigo emigrado y sin intenciones de retorno- que han sobrevivido a la prueba de Xaouen. Aunque no todos, si lo pienso: venir aquí para fumar porros como si no hubiera mañana e ir de graciosete turista, sólo deja clara la falta de madurez para empaparte de un lugar como este. Si eso ocurre, personalmente creo que estás condenado a ser un mediocre sin más recorrido mental que los ácaros que lleva encima; resulta extremadamente fácil integrarte en el lugar, con una población que ha nacido sirviendo al turista (dicho esto de “servir” con el máximo respeto por su trabajo, recordando que en España somos los “camareros” de Europa) y que -hasta críos de 8 años- te hablan varios idiomas, desde conversación básica en japonés a unas clases de euskera, pasando por francés (del de hablar), italiano, inglés, español...


2- Seguridad
Si eso no es un excelente -y suficiente- caldo de cultivo para que te sientas cómodo, aquí va otra: puedes traer a tus hijos de 6 años y dejarles salir solos a la calle sin control a las 4 de la mañana sabiendo que no les pasará nada. Sí, suena exagerado... ¿no? Pues no lo es. En contra de lo que alguna gente pueda pensar, en base a ciertos prejuicios conocidos como RACISMO, si te dejas el móvil, la cartera, lo que has comprado en la tienda de al lado o tu cazadora de cuero en el bar o en la calle, al contrario de lo que te pasaría en España (hablo de mi país, sí) te encontrarás con cualquier desconocido que se ha pateado dos calles para darte tu cámara de 600 euros, o ese paquete de mantequilla de cabra de 10 dirhams que has comprado al entrar en “la Medina”. Esto no es un “por decir”: soy de los que me voy dejando todo por todos los lados (cámaras, dinero, drogas, etc.) y en mi barrio me habría quedado sin nada, pero aquí me ha traído cosas que me he dejado por ahí hasta niños de menos de 5 años de edad (esta mañana, una batería de móvil, el niño me vino a llamar y cuando le hice caso y atendí, vi a su madre haciéndome gestos para que la cogiera). Y en esto os aseguro que no soy diferente al tipo que viene por primera vez a este sagrado y mágico lugar. No conozco un lugar en todo el planeta menos propenso a la violencia, y donde se reprime duramente cualquier manifestación agresiva, que no sea meramente dialéctica. Yo, en 10 viajes, tan sólo he visto 1 pelea, y era una familia entera -en Tánger, a las 3 AM en plena avenida de las discotecas- currando a un tío que parecía un segurata de discoteca, y principalmente le estaban ahostiando las mujeres y los niños (ojo, niño no quiere decir inofensivo: vi dos patadas en la cabeza del tipo, dadas por un crío de unos 11 años, que bien podían matar a cualquiera). Pero como digo, eso ocurría en otro lugar que nada tiene que ver con Xaouen.


3- La pasta
Marruecos es barato comparado con España, pero Xaouen es barato dentro de Marruecos. Es barato hasta para los marroquíes, quienes aman el lugar -quienes se pueden permitir viajar a él- y no sólo en “luna de miel”, como solía ser típico en ellos. Para que os hagáis una idea, una habitación de hotel, en la terraza del mismo (el ático, donde está “la movida” y el salseo) con TV por satélite con más de 1000 canales (que no usarás), cuarto de baño privado (no todos tienen) y perfectamente decorada con una cama doble (que uso yo solo, al menos oficialmente), con buenas sábanas limpias, y con un servicio que pegas una voz y te suben el desayuno a la cama, eligiendo entre varios tipos incluido uno con huevos fritos, a mí me cuesta 15 euros al día. ¿A que mola? Mucho, os lo aseguro. Pero en este caso, la experiencia es un grado, y esa misma habitación a otra persona costaría unos 20-22 euros al día. Bonito rango de precios... ¿eh? Si os parece caro, podéis dormir en la terraza sobre colchón por menos de 3 euros al día.
Pero no tiréis del todo las campanas al vuelo. El precio en muchos de los productos es relativamente más bajo que en España, pero eso no quiere decir que todo esté tirado de precio... no es así. Las cosas son más baratas con un nivel de vida que lo permite, pero esto no es el sudeste asiático. Así que mi consejo en ese aspecto, es que antes de venir a gastar; siempre se gasta más por el cambio favorable, especialmente sobre la percepción que hace que compremos con mucha más ligereza y menos conciencia. Aprovechad, pero con cabeza: ir tirando el dinero como memos sólo atraerá buscavidas y movidas, aquí y en cualquier parte.

4- Ligar
Este punto es interesante e importante, no conviene dejarlo sin tocar. Marruecos es una zona de influencia islámica y si bien sus leyes no son la sharia, sí atienden a reprimir lo que religiosamente se considera pecaminoso. Y aquí, como en la España de los años 60, el sexo es pecado. Y gordo. Así que si te pillan jincando con una moza del lugar, te caen 5 años de cárcel. Así, a machete. O te casas con ella. No sé que sería peor, pero una cárcel marroquí es como volver a la edad media, así que os recomiendo que, en caso de veros en semejante disyuntiva, elijáis lo que haga falta con tal de no entrar en el talego en este país: antes cásate.
Dicho así, el panorama no es que sea muy alentador, pero hay más panorama que contar. El rollo varón de fuera con mujer de aquí, os aconsejamos descartarlo totalmente. Pero sin embargo, el rollo de mujer de fuera con varón de aquí, aunque pecado también, debe ser menos pecado porque todos los marroquíes ligan como perros: son chavales físicamente bien formados, con el atractivo de los hombres de la montaña (con ciertas diferencias genéticas, como ojos verdes o azules, y pelo rubio o incluso pelirrojo, sobre pieles morenas) y el cruce con el árabe. Supongo que son tan atractivos para la mujer occidental como lo son sus mujeres para el hombre occidental. Y en este caso, en Xaouen, la mujer extranjera es doblemente privilegiada: ellas sí pueden ligar con los aborígenes de la zona, con la discreción aconsejable en un país de este percal. Y pueden hacerlo sabiendo que serán tratadas por auténticos caballeros especializados en hacer sentir bien a una mujer. 
Ahora mismo he estado traduciéndole los mensajes -de amor fugaz- al camarero que me ha servido la bebida, que se ha ligado una jamelga alemana de primera división, y ella no hace más que declararle su intenso enamoramiento... que acabará, con la complicidad de ambos, en una cama intentando que no haga demasiado ruido, ni la cama tampoco.
Para el resto de mortales varones, nos queda el ligoteo masivo y bien dispuesto de las terrazas de los hoteles. La mezcolanza de guiris de todas partes (Australia y USA incluidos) en momento vacacional o en escapada místico-africana se presta a ese tipo de encantamientos dulces, en los que te pierdes en los labios de una italiana que podría ser la imagen de una joven Cher o entre las rastas -por las rodillas casi- de una impresionante noruega antifascista: el amor es libre aquí, pero ha de ser discreto en sonidos y expresiones. Recomendamos evitar todo tipo de gesto “amoroso” a no ser que estés con tu pareja, y aún así no es recomendable ya que no existe culturalmente la costumbre de ir comiéndose la boca por la calle, y ni hablar de meter mano, por supuesto. Pero vamos, que una de la razones -sin duda- para venir a Xaouen sin pareja, es que te la buscas aquí.

5- Cultura
Un lugar así, que encadena a la gente que lo visita, provoca que personajes (realmente son personajes, y vaya personajes) de lo más variopinto se encuentren en este espacio y tiempo. Ya sé que  no es lo habitual salir de viaje a Xaouen y pensar en cultura. Pero aquí, por ejemplo, he conocido algunos de los mejores jugadores de ajedrez que he visto -especialmente árabes- y que eran capaces de mantener una conversación propia de un doctorando en químicamientras desarrollaban juegos complejos. Los universitarios de Marruecos tiene una de las mejores formaciones que conozco, no tanto por su universidad como por su interés por las cosas. No te encontrarás en Marruecos lo que vemos en España, con una universidad que sólo se visita en exámenes o en prácticas y que está llena de gente que hace una carrera por hacer, sin tener mucha conciencia de lo que quieren para su vida o de qué les interesa realmente. Eso aquí, en más de 15 años, nunca lo he visto. 
Si alguien hace una carrera, tiene pasión por ella. Y eso, da gusto sentirlo a la hora de abordar cualquier conversación. Aquí no hay opiniones, ni eso tan manido en España de “es mi opinión y la tienes que respetar por ser una opinión”. Aquí las tonterías se llaman tonterías, no opinión. Y no se opina, sino que se ofrecen argumentos para el debate. Eso en lo que respecta a los lugareños.




En cuanto a los extranjeros, pues por un lado tenemos a los primerizos a quienes les puedes  escuchar cosas como “tío!! he encontrado un “moro” más majo!! el tío se enrollaba y quería charlar y nos ofrecía su casa”, en las que se nota que no esperaban encontrar “moros” majos y simpáticos. Especial atención a la despectiva palabra “moro”. El moro es una palabra que deriva de los moros, denominación antigua de los habitantes mauritanos, pero que nada tienen que ver con los magrebís: si la usáis -en Marruecos o España- dejad de hacerlo. También están la recua de guiris que vienen con la intención de dejar claro que son los mayores payasos de su zona, y que como saben que no van a volver, vienen “pisando” al personal. Yo les aconsejo a esos que mejor se queden en su casa, porque cosecharán malas miradas y desprecio, pero si además van de listos e intentan pegarle el palo a la gente de aquí (lo he visto varias veces) puedes acabar en una casa en la montaña, sin comunicación con nadie y esperando a que tu familia pague los daños que hayas causado, pero multiplicados por 100. Y me parece genial, quien la lía la paga, aquí y en Sebastopol.
Y finalmente llegamos a los pseudo-residentes como yo: bichos viejos y resabiados que van pasando de lugar a lugar, mezclándose con el entorno e intentando conocer a las personas que más les pueden aportar. Hace unos 6 años, topé aquí con un guiri loco, con el pelo blanco, coleta y gafas, que me vendió el mejor hash que he probado en Marruecos. Sí, un guiri. 
Ese hombre y yo, en aquella ocasión, hablamos de que yo estaba pensando en enviar algún artículo a alguna revista y él me animó a hacerlo. También hablamos de economía y del fraude monetario del sistema internacional y yo le dije que debía conocer Bitcoin porque resolvía muchos de los problemas que comentábamos. Él, en aquel momento, me dijo: “no no, paso de eso porque el dinero es malo y yo soy anticapitalista y bla bla bla, etc” pero curiosamente, ahora que nos hemos vuelto a encontrar, yo que no escribía para revistas, me gano la vida así. Él que escribía para revistas -Soft Secrets, en algún país que no era España- ahora no lo hace, pero no sólo se metió en el mundo Bitcoin, sino que es de los fanáticos de las criptomonedas o monedas digitales, en concreto es un apostol de Ethereum.
Pues encontrándonos tras varios años, ayer tarde él dijo: “mira, Venus”. Yo contesté: “no es Venus, es un satélite: los planetas ni brillan tanto ni parpadean en su brillo”. Él no aceptó el argumento, yo insistí y al momento se lio: ¿100 dirhams de apuesta?. Apretón de manos y al momento, la terraza del hotel se había cubierto de una masa de personas con ordenadores, libros, datos, cálculos de ángulos sobre la perspectiva del horizonte, reflexiones sobre astronomía y otras cuestiones adyacentes. ¿Estáis locos? Sí, es la locura del conocer, la locura de la cultura en la que bebes de todas las fuentes que te pueden aportar, y aquí fuentes hay muchas.

6- Paisaje, clima y e historia
Por supuesto, el lugar tiene un clima especial que es el clima de montaña, y las vistas que ofrece al valle del Rif son impresionantes, así como las de las montañas de la zona que se pueden ver bien cuando “se sube a la montaña” a ver la “elaboración de productos naturales y artesanales típicos del lugar”, siendo una de las visitas turísticas casi obligadas. Sobre esto, la belleza del lugar, mejor es no decir nada, y dejar que hablen las imágenes. Aquí, mis mejores palabras son el silencio.
Disfrutad, que aquí os esperamos. :)

martes, 20 de junio de 2017

Ciencia y cannabis: el receptor humano CB1, por primera vez, en pelotas.

El receptor CB1 del cannabis, en pelotas por primera vez. Esta pieza de "science-porn" fue publicada cuando se liberó la información, en el portal Cannabis.es el año pasado. Una de las piezas esenciales que faltaba de conocer en la fina bioquímica humana, en parte debido a lo que se tardó en identificar la sustancia activa de la planta de cannabis, debido a que no contiene ningún átomo de nitrógeno, y no es -por lo tanto- un alcaloide, como eran hasta entonces la mayoría de principios activos de origen vegetal.

Un poco de ciencia para este temprano verano, que nunca está de más (especialmente frente a magufos y "Juanas de Arco" con síndromes de iluminadas cannábicas). Que lo disfrutéis. :))

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El pasado 20 de octubre, en un delicioso documento lleno de datos y explicaciones para los freakys de la ciencia, un grupo de investigadores -encabezados por un químico llamado Alenxandros Makriyannis y director del Centro para el Descubrimiento de Drogas- publicaban el estudio que contaba al mundo que uno de los mejores secretos de la química humana relacionada con el cannabis: la estructura cristalizada de un complejo formado por un agonista y el receptor CB1 del sistema endocannabinoide humano. 
Puede que al lector no le diga mucho, pero en algunos círculos se ha calificado de un salto “sísmico” en el conocimiento de la estructura que genera “el colocón del cannabis”. Y ciertamente no es para menos.
¿Qué es lo que han hecho exactamente? Empecemos por partes. Esos científicos han logrado esto.
El pasado 20 de octubre, en un delicioso documento lleno de datos y explicaciones para los freakys de la ciencia, un grupo de investigadores -encabezados por un químico llamado Alenxandros Makriyannis y director del Centro para el Descubrimiento de Drogas- publicaban el estudio que contaba al 
foto 1
mundo que uno de los mejores secretos de la química humana relacionada con el cannabis: la estructura cristalizada de un complejo formado por un agonista y el receptor CB1 del sistema endocannabinoide humano.
Puede que al lector no le diga mucho, pero en algunos círculos se ha calificado de un salto “sísmico” en el conocimiento de la estructura que genera “el colocón del cannabis”. Y ciertamente no es para menos.
¿Qué es lo que han hecho exactamente? Empecemos por partes. Esos científicos han logrado esto:colocón del cannabis". Y ciertamente no es para menos.
Visto así, no resulta muy vistoso, pero es “la prueba del pudding”: son cristales del receptor que hace activa la marihuana para el ser humano. Y el hecho de que sean cristales, resulta un indicativo de su pureza y ello ha permitido “sacar una foto” a su estructura, revelando secretos que no se pueden conocer simplemente con la composición química, porque dependen de colocación en el espacio de largas cadenas de aminoácidos que forman una proteína, con función de receptor -activador o desactivador para los efectos de cada familia de drogas- en el cuerpo humano.
Para ello, y dado que las proteínas son largas cadenas que pueden adoptar distintas formas (como por ejemplo, la clara de un huevo cocida o cruda) usaron un compuesto que a la vez les permitiera bloquear antagonistamente (desactivando) el receptor y estabilizar la proteína, o dicho de otra forma, conseguir que “se estuviera quieta” como para poder hacerle una foto que nos revelase cómo es por dentro.
foto 2A
foto 2B
foto 3
Esas son representaciones espaciales de la forma del receptor, con el compuesto usado, de nombre AM6538, que es la llave que entra en la cerradura y que activa ciertos pistones de su maquinaria, provocando determinados efectos, propios y únicos de cada sustancia.
Y esta es la fórmula de esa llave que les permitió conseguir dicho éxito, que es lo mismo y de la misma familia que lo que conocemos por “cannabinoides sintéticos” o “marihuana sintética”, y que al contrario que el cannabis, sí causan grave daño a la salud y pueden provocar serias lesiones e incluso la muerte.  Compuestos para investigación, que nunca debieron salir del laboratorio y que si lo hicieron fue consecuencia de la criminal guerra contra las drogas, que ha terminado por generar monstruos peores que los que pretendía evitar, como Duterte -el caudillo asesino y psicópata que gobierna Filipinas- o estos compuestos llegando a manos de gente que sólo quería un poco de cannabis.
Los receptores cannabinoides son una parte de una amplia clase de receptores conocidos como “receptores acoplados a proteínas-G” o GPCR en su acrónimo inglés, que son el target farmacológico para -ni más ni menos- que el 40% de todas las prescripciones de medicamentos. Cuando una sustancia se acopla a dicho receptor, este activa una proteína G dentro de la célula para provocar una liberación de mensajeros químicos y crea una respuesta -celular- a dicho compuesto. Esto es una representación de dichos receptores activados por la sustancia usada-.
foto 4 A
foto 4BEl THC del cannabis, pertenece al grupo de sustancias que se unen al receptor CB1, que es uno de los más abundantes en el cuerpo y cerebro humano. Estas sustancias no sólo producen el clásico “colocón” del porro sino también los efectos de analgesia y disminución del dolor por los que es apreciado. El cuerpo humano produce compuestos similares que son los responsables de mantener el equilibrio interno del sujeto, mediante la activación o desactivación de esos receptores de vital importancia.
foto 5
 En esta otra representación podemos ver las zonas que se tienen identificadas según ciertos efectos, como el de antagonismo o agonismo, según en qué parte de la proteína repose (por estructura) la molécula correspondiente. Se observa una zona hidrofóbica, la zona de antagonismo, una de membrana de acceso, un núcleo central y las dos cadenas o posibles variaciones. Es por eso por lo que se ha leído en las noticias que lo contaban, que es una “plantilla” para hacer futura drogas de este tipo, aunque esa plantilla era conocida hace un lustro al menos, y de ella han surgido decenas y decenas de drogas, dedicándose a hacer pequeños cambios
Las siguientes imágenes son representaciones “espacialmente fieles en 3D” de cómo y dónde encajan 3 compuestos: el usado para conseguir el éxito en este trabajo llamado AM6538, la anandamida (el compuesto endógeno con el que el cuerpo “usa” estos receptores)  y el THC del cannabis. Cada uno con sus efectos, distintos, e incluso totalmente opuestos.
foto 6 PRIMERA
 Visualizar -de forma plena- la estructura molecular del receptor CB1 nos dota de un conocimiento que permitirá a los creadores de drogas, fabricar sustancias casi “a medida” que tengan sólo ciertos efectos del total de los que pueden producirse, y que como hemos podido ver por desgracia, en el caso de los sintéticos, llega hasta la muerte en humanos. Se podrán hacer antieméticos más efectivos, usar sustancias salidas originalmente del cannabis como neuroprotectores o para rehabilitar partes de un cerebro dañado por Alzheimer o Parkinson, sustancias que nos ayuden a engordar, o que nos quiten el hambre, nos induzcan sueño o nos eviten sufrir pesadillas: el mundo de los efectos del cannabis ha quedado al desnudo, al menos en el principal de sus componentes: el receptor CB1.
En palabras de Makriyannis, el director del estudio que consiguió el logro: “Hemos encontrado que el receptor CB1 está formado por múltiples canales y sub-zonas que adecuadamente trabajadas y estudiadas a la luz de esta aportación, permitirán alcanzar regiones específicas del receptor con el fin de producir cuadros muy concreto de efectos farmacológicos que serán útiles en patologías tan complejas como los desórdenes metabólicos o la fibromialgia”.
foto 6 SEGUNDA
Esta investigación al completo, así como los desarrollos ya obtenidos en este campo, serán presentados en la reunión de “Química y Farmacología de las Drogas de Abuso” que se celebrará en la universidad donde trabaja Makriyannis, el 12 de agosto del próximo verano.
Sin embargo, esta noticia que en esencia es algo positivo -ya que toda aportación científica lo es- presenta matices sombríos. También otro de los participantes en el estudio, Liu, profesor del Instituto Tecnológico de Shangai y afiliado a la Academia China de las Ciencias, aporta un curioso punto que si bien suena razonable, señala claramente ciertos aspectos ideológicos que llegan al estudio por su financiación que apunta a las arcas estatales en gran medida, y a los organismos clásicos que han respaldado “pseudocientíficamente” la guerra contra las drogas desde USA, como es el NIDA de la criminal Dra. Nora Volkow. En los comentarios que han acompañado a la noticia, se señalaba como un avance para entender la adicción a las drogas. ¿Adicción a las drogas con el sistema cannabinoide? Será con sus moléculas sintéticas, porque con el cannabis natural es un término poco o nada correcto.
foto 6 TERCERACierto es que ahora se podrán hacer mejores medicamentos para el sistema cannabinoide humano. Y cierto es que todos esos “mejores medicamentos” tendrán derechos de patente. El sistema cannabinoide humano está ahí y es, como hemos dicho, uno de los más importantes.¿Cómo iba a pasar la BIG PHARMA esto por alto?  Es mucho dinero, y más ahora que el cannabis empieza a comerles terreno.
Bienvenidos todos los avances científicos que amplíen nuestra comprensión y conocimientos, pero cuando el uso que se prevé darle es tal que bien se le podría calificar de “contra-natura” -y además que sea para el rico interés económico de unos pocos- ya que lo que les guía no es la búsqueda de un remedio que sea el menos lesivo y el más efectivo. Les guía el ansia de dinero, lo mismo que les ha guiado en la planificación, desarrollo y ejecución de lo que ahora llaman “epidemia de sobredosis de opioides”. Les guía el mismo impulso que al distribuidor de fentanilo, esa droga que está batiendo récords de muertes (la de Prince entre otras, y que desde Cannabis.es fuimos los primeros en apuntar como causada por sobredosis), dando medio millón de dólares para lucha CONTRA la legalización del cannabis.ahora se podrán hacer mejores medicamentos para el sistema cannabinoide humano. Y cierto es que todos esos “mejores medicamentos” tendrán derechos de patente. El sistema cannabinoide humano está ahí y es, como hemos dicho, uno de los más importantes. ¿Cómo iba a pasar la BIG PHARMA esto por alto?  Es mucho dinero, y más ahora que el cannabis empieza a comerles terreno.
Y que quede claro: el cannabis no teme a la ciencia, es la mala ciencia quien puede temer al cannabis.

sábado, 17 de junio de 2017

Es la hora: tenemos que matarte.

Este texto fue publicado en el portal Cannabis.es, unos días después del Día Internacional de los Derechos Humanos. Es un relato "novelado" pero basado en hechos, por desgracia, absolutamente reales. El problema moral que se plantea aquí, ya no es siquiera si matar a otro ser humano es correcto o no (fuera de la autodefensa), sino lo atroz de la forma en que aplicamos esas sentencias de muerte y las razones -paradójicas- que han llevado a ello.

Sigo pensando que, en general y como especie, aún no hemos tocado fondo: siempre se puede cavar más bajo.


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Es la hora. No podemos retrasarlo más: hay que hacerlo ya”- se escuchó claramente colarse, como un reptil, dentro del silencio estruendoso que era la naturaleza del medio, alli dentro en la “Cámara de espera”. Al menos, así era la mayor parte del tiempo. 

Cámara de espera” era el nombre del receptáculo, frío y aséptico cual cuarto de baño, únicamente creado para que nadie -salvo el vigilante de guardia- tenga que soportar la desesperación absoluta de un ser, atado de pies y manos por correas de cuero, que va a morir -si tiene suerte- breves instantes después.
La llamábamos la “Cámara de la locura”, porque allí los funcionarios éramos forzados a observarles siempre sin intervenir salvo que el reo encontrase la forma de liberarse, o de intentar quitarse la vida antes del momento legalmente establecido para ello; nadie se puede hacer una idea completa de las cosas que presenciábamos, cuando delante tienes a un ser que espera a que le maten en cuanto le saquen de esa sala. 


Sólo se conocía un caso en que un reo hubiera salido con vida -y siguiera con vida a día de hoy- tras entrar en una de esas salas: el complejo caso de Romell Broom, que aguantó -durante 2 horas- las drogas que le dieron, sin morir. Y fue precisamente su caso el que disparó la revisión de los fármacos usados para matar, sin atender a que el fallo fue una mala colocación de la vía intravenosa -acabó siendo intramuscular- lo que causó que no surtieran efecto las drogas administradas.
Un dolor en mi espalda, tensa como reaccionando a esa frase que ofendía aquel primigenio silencio, me trajo de vuelta a la realidad. Me llegaba -de nuevo- el momento de conducir a un hombre a su muerte: nunca podré explicarme, con suficiente claridad, cómo llegué a ocupar este puesto de trabajo. Y era tarde -de nuevo- para situarme ante tamaños dilemas morales: tenía que llevarle a la sala blindada para que, los testigos por parte de familiares y otros representantes del estado (ya que la prensa no solía ser bien recibida), pudieran observar su muerte como parte de la justicia dictada.
Este reo – condenado por asesinar a una dependienta durante un atraco- estaba relativamente tranquilo. No rezaba ni maldecía, no murmuraba nada, y apenas le escuchaba la respiración: agitada por momentos y calmada a otros. Pensé que era mi día de suerte por no enfrentarme a un mal trago -de nuevo- llevándole a una muerte no deseada, y pensé que tal vez anhelaba este instante.
Entonces una pregunta desbarató el momento: “Oye... ¿con qué me van a matar finalmente?”
Mediante sus abogados, provenientes de grupos de derechos humanos y civiles, había presentado todo tipo de apelaciones y la última versaba sobre las drogas con las que le ejecutarían. En realidad, él había sido una marioneta que firmaba papeles presentados por terceros, sin tener esperanza -ni tal vez deseo- de que le evitasen la pena capital.
Todos los funcionarios en la prisión estábamos al tanto de esa apelación, que cuestionaba la constitucionalidad de matar a una persona con unas determinadas drogas, en lugar de con otras distintas. Y en su esencia nos parecía estúpida, pero la inmensa mayoría deseábamos que prosperase para no tener que participar en más ejecuciones. 
Mi voz se quebró al tener que contestarle -me sentí incapaz de negarle, por derecho, dicha información- aunque podía haber llamado al médico para que se la facilitase. “Midazolam y un mórfico; no es una mala forma de dormir...” - dije, intentando sonar balsámico en mis palabras y evitar toda alusión trágica que empeorase sus reacciones emocionales y, por ende, fisiológicas.
“No funcionará bien. Que te den un 'valium', antes de chutarte una sobredosis de heroína, no basta para que...” -hizo una leve pausa mientras espiraba- “...duermas rápida y tranquilamente.” - sentenció sin alterarse en ningún fonema de la frase.
Agradecí que utilizara el verbo dormir en su contestación y -con un nudo en la garganta- aguanté el tipo sabiendo que su respuesta era cierta: el nuevo método usado, en lugar del tradicional 'Protocolo Chapman' con barbitúricos, no estaba pensado para matar rápida y efectivamente, sino para ayudar a morir -en la cama, con calma- a un paciente en fase terminal. De haber sido yo o cualquier ser querido el condenado, hubiera preferido el pelotón de ejecución.
La agonía, que comenzó instantes después, duró 13 eternos minutos en los que su cuerpo -a pesar del estado de aceptación con que llegó- se defendió de la muerte como pudo, revolviéndose y moviendo los brazos, apretando los puños, tosiendo e intentando aspirar una brizna extra de aire que le mantuviera con vida unos segundos más: algo así nunca habría sucedido con el original “Protocolo Chapman”.
Así ha sido la muerte -en vísperas de la celebración del Día Internacional de los Derechos Humanos- de Ronald Bert Smith: un alcohólico de 45 años con un cargo de asesinato, sobre el que 7 miembros del jurado decidieron que “debía pudrirse en la cárcel” y 5 decidieron que “debía morir”. 

Pero, en un acto sólo permitido por la inexplicable legislación penal de Alabama, el juez del caso decidió pasarse el veredicto del jurado (cadena perpetua) por el arco del triunfo, y le prescribió al reo unas inyecciones para terminar con su vida: pena de muerte como sentencia, que se aplicó hace días, 22 años después de los hechos.
Lejos de entrar en el debate sobre la conveniencia, utilidad, moralidad o cualquier otra consideración sobre la pena de muerte, este texto busca concienciar sobre otro hecho más básico: no estamos matando bien a los condenados. La propia prensa usana, acostumbrada a este tipo de eventos, califica varias ejecuciones ocurridas en los últimos tiempos como “chapuzas y carnicerias”. Y no es para menos, en vista de algunos de los últimos casos.
¿Qué es lo que está fallando? Pues que andan cortos del fármaco más utilizado -y con el que más experiencia se tiene- para matar: el omnipresente pentotal sódico que cualquier veterinario lo tiene a mano y en grandes dosis, al ser el usado en la eutanasia animal. Y también en los hospitales, ya que es el fármaco de preferencia para la inducción del coma -necesario como tratamiento- y el único barbitúrico que se sigue usando en anestesia. O en su defecto, otro barbitúrico: el pentobarbital, al que se le puede dar el mismo uso. 

Los distintos estados en USA, en concreto el sistema penitenciario, se ven cortos de un fármaco del que -en realidad- tienen cantidades ingentes. Están tan cortos de estos fármacos, que las organizaciones que luchan contra la pena de muerte, tienen contabilizadas hasta las dosis restantes.
¿Qué sentido tiene semejante paradoja? Ninguno. Es tan sólo una consecuencia de la suma de dos vectores actuando: la kafkiana guerra contra las drogas y sus obtusas regulaciones más el activismo contra la pena de muerte al fijar como objetivo a las empresas farmacéuticas, que vendían dichos productos al departamento de prisiones. Esto ha llevado a que algunos estados “blinden en contratos secretos” a los proveedores, o que tengan que recurrir a la “síntesis a medida” solicitada a fabricantes conocidos como “compounding pharmacies”, cuyos estándares están por debajo de lo habitual -causa esta de ulteriores recursos a su vez- y se usan sólo en casos muy concretos.
Desde el año 2006, la ley en USA permite a los condenados a pena de muerte cuestionar la constitucionalidad de dicha pena, cosa que hasta entonces no se permitía. Este cambio llevó a establecer todo tipo de recursos legales, para detener o retrasar lo más posible las ejecuciones de los condenados. 

Por un lado, el activismo contra la pena de muerte, aprovechó los errores sucedidos en las ejecuciones para luchar -estilo “todo vale”- contra las mismas. En ese proceder, apuntó contra los fármacos usados, cuestionando el “protocolo Chapman”. Este protocolo -creado por un médico y un cura buscando la forma más efectiva de matar sin causar sufrimiento- fue la aplicación médica y compasiva de los conocimientos disponibles, alcanzando con notable éxito su propósito. El hecho de que fuera cuestionado legalmente, no respondía tanto al protocolo en sí, como a recovecos legales usados y explotados para evitar ejecuciones.
Por otro lado, las empresas que vendían los fármacos usados (curiosamente, sólo las que vendían el barbitúrico) se vieron en el punto de mira del movimiento activista, relacionándoles públicamente con los aspectos más desagradables de una ejecución, a lo que respondieron de la forma más lógica: negándose a vender más drogas para utilizar en ejecuciones. 

Como esas sustancias son vendidas al departamento de prisiones en lugar de a instalaciones veterinarias o médicas, resulta sencillo negarles el acceso -al menos de forma oficial- a la droga. Y como el sistema legal, para adquirir cualquier sustancia que esté fiscalizada por las regulaciones sobre fármacos en USA, tiene una serie de exigencias que cumplir -como que los fármacos sean fabricados con estándares de seguridad para su uso en humanos, aunque estén destinados a matarles- a las prisiones se les hizo cuesta arriba obtener suficientes drogas para matar a sus condenados. 

El caos que todo esto llegó a causar -en el estricto protocolo seguido para matar por orden judicial- hizo que en una ejecución el condenado estuviera más de media hora vivo -tras la final inyección que debía detener su corazón en el acto- porque en realidad fue ejecutado con un compuesto equivocado, que le mató mediante un doloroso envenenamiento en lugar de instantáneamente.
Una de las reacciones, que estos nuevos problemas provocaron, fue que los estados recurrieran a disposiciones legales que abrían nuevas vías para matar o que volvían a instaurar algunas ya en desuso durante décadas. 

Entre las viejas glorias redescubiertas, estaban el pelotón de fusilamiento o la silla eléctrica, autorizados para prever situaciones en que las prisiones no puedan acceder a los fármacos necesarios. 
¿De veras se puede considerar eso un avance, en lo que les espera a los presos, frente al uso de un protocolo que bien aplicado no tiene apenas fallos? ¿La silla eléctrica de nuevo? ¿En serio?
Entre los nuevos protocolos, para matar por parte de los estados, se empezaron a explorar otros compuestos -con una, dos o tres drogas, en un sinfín de variaciones- y se dio permiso para emplear a falta de otras opciones, “la asfixia con nitrógeno”

Se desarrollaron planes para usar propofol -suspendidos a última hora por las presiones del laboratorio europeo que lo fabrica- o fentanilo en dosis masivas, como droga única o combinado, para provocar la muerte combinado de forma rápida e indolora. 

Resulta especialmente paradójico al mencionar el fentanilo, darse cuenta de los problemas que está encontrando el estado para matar a sus condenados, mientras que la misma sociedad es golpeada por una cifra récord de muertes debidas a drogas, tanto legales como ilegales.

Ha quedado suficientemente claro -a estas alturas- que los estado no cederán en desmontar la pena de muerte, allí donde esté implantada, por unas meras complicaciones a la hora de elegir la forma de matar.  Lo seguirán haciendo recurriendo a viejos o nuevos métodos si los activistas, con sus recursos legales y/o sociales, les impiden el uso de uno de ellos. 

Y esos métodos no parecen ser menos traumáticos para los condenados que el antiguo protocolo: un barbitúrico que deje al sujeto inconsciente y anestesiado -en la dosis que sea necesaria por la variabilidad de cada sujeto- seguido de una dosis de un paralizante muscular -que detiene los pulmones y la respiración- rematado con una dosis de cloruro potásico, que paraliza el corazón, produciendo la muerte de forma efectiva y rápida: el 'Protocolo Chapman'.

Si el resultado del activismo contra la pena de muerte en USA es causar un mayor sufrimiento a los que enfrentan su ejecución, tal vez es el momento de replantear la forma en la que se pretende alcanzar el objetivo. 

El fin no justifica los medios y no podemos asumir causar muertes traumáticas, a unos cuantos sentenciados cuales víctimas colaterales, en un proceso “en esencia positivo” como es luchar por acabar con la pena de muerte. 

En ocasiones lo ideal es enemigo de lo bueno; es probable que este sea uno de esos casos.