lunes, 15 de octubre de 2007

Empatógenos y entactógenos

Todo estaba ya vendido tras la explosión de los años del movimiento hippie.

Aquella revolución, más emocional que de otro tipo, que absorbía como una esponja todo lo que pudieran suponer nuevas formas de vivir, de percibir las cosas, de pararse y pensar en la vida que realmente querían llevar sus protagonistas, había hecho que el mundo occidental comenzando desde el país más industrializado y armado del mundo se encontrase ante generaciones de jóvenes contestatarios que defendían unos valores que al ciudadano medio le sonaban casi marcianos, y al establishment (gobierno, ejército y otras instituciones) no les hicieran ninguna gracia.
Hablar del flower power en mitad de un guerra como Vietnam, era un absurdo tan colosal para el paradigma existente que sólo las mentes menos endurecidas, por los patrones de comportamiento imperante, parecían capacitadas para llegar a él.

Sería arrogante decir que aquella explosiva mezcla de juventud, idealismo, liberación en lo sexual y el querer buscar verdades absolutas nutriéndose en culturas lejanas con enseñanzas propias de iniciados, místicos y trascendentes, fue algo provocado por una droga como la LSD en principio y otras similares posteriormente. Pero hay una parte de verdad en ello.
Esas sustancias llegaron al gran público en un momento concreto, en que las bases para un gran movimiento que hiciera cara a los obsoletos valores impuestos, estaban ahí.



El descontento vital, la falta de motivación, la ausencia de una verdadera espiritualidad en una sociedad medible en dolares y misiles, ya estaban ahí. Ya sabíamos que habíamos roto el átomo, y que disponíamos de poder para destruir el mundo varias veces. Por primera vez en la historia del ser humano, se había llegado a una situación en la que una sola especie, era capaz de terminar con toda la vida en el planeta, con un equilibrio tremendamente frágil como hemos sabido después las muchas veces que estuvimos cerca de un final.

Hasta entonces habían estado a disposición del pueblo, de forma legal o no, varios embriagantes. Alcohol para todos tras la Volstead Act, cocaína que era el lujo y lo exclusivo, anfetaminas para acelerar cualquier evento, y opiáceos, barbitúricos y otros depresores para frenar, relajar y dormir. Todas ellas drogas que hacen que todo corra más rápido o más lento, algunas con una añadida euforia.
Pero aparte de la floja marihuana que venía de México (en los USA), no había a disposición del gran público ninguna sustancia que actuase sobre la esencia misma del ser humano: su alma.

Aunque se conocía el peyote, algunas solanaceas, y tal vez la ayahuasca por algunos intrépidos viajeros como Richard Evan Schultes, no pasaban de ser materiales que estaban reducidos a curiosidades que había en círculos académicos e intelectuales, de forma minoritaria.

Allí llego la LSD, que saltó de los laboratorios a la calle sin pedir permiso, dadas su espectaculares propiedades por las que 1 gramo de sustancia era suficiente para provocar un viaje al centro de su mente a 10.000 personas. Si aquel substrato era gasolina sobre papel, el hijo de Albert Hofmann fue la cerilla que prendió esa revolución, extendiéndola a millones de personas, a las artes, las ciencias, y el espíritu que dejo de ser cuestión de sacerdotes o pastores intermediarios, para ser algo que le era revelado a uno mediante un cubito de azucar con una gota de su LSD.

Tras esos años, la prohibición, la represión, y la perdida de fuerza y vitalidad del mayor movimiento contracultural que nuestra historia moderna haya conocido, todo estaba vendido.
A esas drogas que aceleraban, a las que frenaban, a las que desinhibían, se les añadió una nueva familia de sustancias y plantas que fueron los mal llamados "alucinogenos". Pronto surgieron voces que negaban ese nombre en base a sus efectos, y se barajaron decenas de ellos, de los que finalmente quedaron neologismos como psicodélicos, que se cambió a psiquedélicos para evitar lo peyorativo y alusivo a enfermedad mental de la raíz "psico", y el último y más acertado: enteógenos.

Todas las drogas que se creaban por los magos de la química y sustancias que se encontraban en diversas fuentes vegetales y animales, encontraban acomodo en alguna de las categorías ya establecidas. Cada una con sus matices, pero en lo básico encajaban en una u otra etiqueta.

Había una unica excepción, y esta era la MDA (podría decirse que la madre del MDMA). Si bien sus efectos llegaban a ser enteógenos, tenía el presagio de algo suave. Podía y provocaba visiones, pero al mismo tiempo había algo diferente en su acción sobre los afectos humanos. Se la llamó "droga del amor" y también "la droga mas suave de América" (Mellow Drug of America), posiblemente esto último aprovechando el acrónimo de sus siglas químicas.

Cuando se dio el paso de ilegalizar los enteógenos, se ilegalizaron todos los conocidos, y la MDA entre ellos.

Pero en los círculos químicos y psiconaúticos de la época, algunos valientes seguían sintetizando y probando diferentes sustancias. Y algunas personas habían resintetizado una creación de final del siglo XIX y posteriormente patentada por los laboratorios Merck, que había sido un hallazgo circunstancial y al que no le dieron utilidad.
Era la versión N-Metil de la MDA, la ahora conocida MDMA.

Shulgin la sintetizó en los 60, pero tardó algo en probarla. Los informes sobre sus efectos eran extraños, y no encajaban con las drogas enteógenas en muchas cosas, pero al mismo tiempo todos indicaban que la sustancia tenía "algo mágico".

Los atrevidos que tomándola e informando allanaron el camino, fueron pequeños grupos en un principio, de químicos, psicoterapeutas y aficionados a la psiconaútica.
Y fueron estos grupos reducidos quienes expandieron su uso, sobre todo entre psicoterapeutas, habiendo uno de ellos que fue la persona que inició en el uso de esta sustancia a más gente: Leo Zeff. Él fue el más apasionado defensor y usuario de la MDMA en psicoterapia, por supuesto de forma "underground" ya que asumía un riesgo al usar un compuesto que no estaba autorizado como medicamento, aunque no había sido prohibido aún.

¿Qué tenía de mágico la MDMA?
No dejaba de ser un psiquedélico en cierta forma, ya que su efecto sobre la conciencia era indudable, pero lejos de provocar colosales viajes a las raíces del subconsciente, provocaba en el sujeto un estado de relajación psicológica, deshacía las barreras que contienen nuestros "lugares problemáticos", creaba un estado de empatía entre los que compartían el momento, favorecía especialmente la comunicación y eliminaba el miedo al "juicio ajeno", permitiendo alcanzar niveles de autoconocimiento y sinceridad con uno mismo y con el terapeuta desconocidos hasta entonces (sin tener que pasar por todo lo que implicaba una sesión con LSD), y se centraba la experiencia en todo aquello que tuviera que ver con los afectos. Era una experiencia esencialmente relacionada con el amor en todas sus facetas.
Todo eso en un clima tranquilo, manejable y de duración media-corta.

Como metáfora se podría decir, que frente al LSD y otros similares, que actuaban sacudiendo como un terremoto la casa desde los cimientos al techo, la MDMA iba limpiando habitación por habitación, sin esconder nada bajo la alfombra.

Tenían en sus manos una clase totalmente nueva de compuesto en lo que a efectos se refiere. No existía una etiqueta en la que poder incluirlo.
Y lo que era y es peor aún: no existe ninguna sustancia capaz de mimetizar los efectos de la MDMA que este disponible en el arsenal terapéutico.

Es posiblemente la mayor joya de la psicofarmacología, hasta el punto que se la llamó "la penicilina del alma".

El primer nombre que se acuñó para referirse a este compuesto, y a los futuros compuestos similares en efectos, fue el de empatógeno. Basada en el griego, esa palabra venía a indicar que generaba un estado en el que la persona era puesta en contacto con su "patho", que quiere decir sensaciones, sentimientos, percepciones y también sufrimiento.
Expresaba al mismo tiempo la capacidad de provocar empatía de la sustancia, aunque este no es su único efecto.

Y así fue en un principio conocida esta nueva familia psicofarmacológica.

Pero si bien en los años 70 su uso estuvo restringido a pequeños grupos, en los 80 se expandió junto con ciertas nuevas corrientes de pensamiento, llegando a ser conocida por un publico mayor, y con esas deliciosas propiedades, consumida por mucha más gente.
Eso motivó que la DEA pusiera sus ojos sobre ella y la prohibiera, haciendo uso de poderes especiales que le permiten prohibir algo, y tiempo después, explicar las razones.

Ese acto fue el equivalente, como en otras tantas sustancias, a asegurar su éxito en el mercado negro. Mientras que había sido un fenómeno localizado, tras su prohibición se disparó su consumo, y la síntesis de otras moléculas de efectos similares -buscando evitar la ley- como la MDE, MBDB, y otras variantes anfetamínicas que tuvieran alguna semejanza. Esto llevó a su vez, años después, a la promulgación de la Ley de Análogos, por la que quedan prohibidas todas las sustancias que se puedan considerar análogas químicamente (con una manga muy ancha para los prohibicionistas), existan o no, y también cualquier sustancia que pueda ser usada para buscar una analogía en sus efectos.
Es decir, una ley tan abierta e inconcreta que, si quisieran, podrían prohibir el chocolate.

Mientras en España, apenas habían llegado algunas cápsulas de MDA a Ibiza y Valencia, vendidas como droga del amor, mescalinas, mescalinas orgánicas y otros nombres promocionales diversos, que tenían el precursor de la MDMA y una buena dosis de cafeina.
Pero en menos de 5 años, se pasó de eso, a tener MDMA circulando por toda España, dándole a una juventud que no había tenido relación con sustancias que actuasen sobre el alma (aparte del hashis marroquí), una droga perfecta para salir de fiesta al ritmo de una música pensada y usada para potenciar los efectos de esta droga.
No sólo les daba estimulación por su parte anfetamínica, sino que les otorgaba un sentimiento de comunión grupal, de rito colectivo, de unidad en definitiva, que era la versión actualizada y sin complicaciones de los años dorados de la LSD en los USA.

Aunque actualmente se han sintetizado muchas moléculas relacionadas con la MDMA - últimamente la familia de las beta-ketonas como la Methylona, bk-MBDB, bk-MDE y sus variantes, ninguna ha conseguido reunir la sinfonía de efectos que esta tiene.
Ciertamente algunas aumentan la empatía, otras estimulan, otras te hacen tener buenos momentos de reflexión pero sin comunicación... no hay ninguna que mejore la complejidad y magia de la MDMA.

Volviendo a la cuestión inicial, sobre la forma de llamar a estas sustancias, el termino inicial de empatógenos fue cuestionado por algunas personas, entre ellas David Nichols, uno de los mejores activos en el estudio y creación de nuevas sustancias enteógenas.

Había dos razones que se argumentaban al respecto.
La primera, como en el caso de psicodélico vs. psiquedélico, era evitar la connotación peyorativa que el termino "patho" podía añadir, ya que en medicina se usa principalmente para referirse a la enfermedad o al agente causante del mal (patología, cardiopatia, etc.), y la segunda se refiere a la pluralidad de acciones que causa la MDMA, y que si bien suele provocar empatía, no es ni la única ni la más importante de sus acciones, siendo considerada por algunos como una especie de "efecto secundario".

Nichols propuso el término entactógeno, también de origen griego pero con la raíz "tacto" argumentando entre otras cosas, que la sustancia generaba un estado en que el sujeto se ponla en contacto con su material psicológico interno, sacándolo a flote y facilitaba los estados introspectivos.

En la actualidad, parece que el término entactógeno ha ido ganando aceptación frente a empatógeno, si bien ambos términos son equivalentes ya que se usan para referirse a las mismas sustancias y efectos, pero en la literatura científica parece ajustarse mejor el neologismo acuñado por Nichols. Tal vez en un futuro, la ingeniería química nos brinde moléculas que encajen en un grupo y no en otro, dejando así de ser sinónimos en la práctica.

Es la historia de una curiosidad lingüística que al mismo tiempo nos trae a la realidad de un mundo en el que los profesionales de la salud, y en último término los pacientes, no pueden disponer de ningún fármaco que tenga esos efectos. Mientras en cualquier país europeo, se consumen cientos de miles de pastillas de éxtasis o similares cada fin de semana, probando de facto su seguridad, ya que a pesar de los peligros de un mercado negro y de la falta de control sobre esas sustancias, los casos de muerte o problemas son anecdóticos estadísticamente y no responden normalmente a situaciones de consumo inteligente, en el que se maximizan los placeres y se minimizan los riesgos.

En el plano médico, por último, hay sustancias que controlan los síntomas y otras que actúan sobre las causas. Unas tapan y otras curan.
Posiblemente los mayores enemigos de una hipotética legalización de la MDMA, sean aquellos que se hacen de oro vendiendo antidepresivos.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

gracias por actualizar.
Un placer leerte.

Symposion dijo...

Gracias por esperar (a ti y a todos los demás) y yo satisfecho si te resulta agradable leerme.

Emilita dijo...

Bienvenido Simposion! Estupendo artículo.
Leyendo atentamente descubro algo que me intriga. Cuando hablas de los efectos que otorga la MDMA destacas “un sentimiento de comunión grupal, de rito colectivo, de unidad”, que ciertamente me causa admiración e intriga. La pregunta sería: ¿Cómo han sido aislados para el estudio estadístico, estos efectos? ¿En qué circunstancias y con qué grupos de gente?
No pongo en duda lo que dices, pero me intriga el sentido de las palabras “comunión grupal” y “unidad”.
Lo mismo ocurre respecto a la empatía. ¿Podrías precisar un poco más el sentido de estos términos referidos al resultado de la MDMA?
No te extrañe mi propuesta. Porque, en primer lugar, en tema de drogas toda puntualización es poca y muy conveniente, y en segundo lugar, vengo de soportar una experiencia sensacional de comunicación, donde dos personas que están diciendo exactamente lo mismo no tienen conciencia de ese hecho, sino más bien de estar hablando idiomas diferentes.
Me encanta que hayas retomado el pulso de tu blog. Gracias!

Symposion dijo...

Me pones en un brete con esas preguntas Emilita, que me gustaría poder resolver con una certera respuesta, fundada en un estudio con toda su rigurosidad científica.

Pero si te fijas bien en mis palabras, lo que precede a "comunión grupal, tiro colectivo y unidad" es la palabra sentimiento.

Estamos hablando de experiencias subjetivas, que tienen una parte en común: esa disolución de las barreras que nos separan del "otro".

Frente a las experiencias de unidad cósmica, que podrían ser las derivadas en ocasiones del uso de enteógenos, en las que la sensación/sentimiento de unidad que se experimenta es con "el todo", la experiencia que induce la MDMA y otros similares promueve la unidad con el "otro", con los afectos propios y con las personas que se comparte la experiencia.

¿Por qué no puedo contestarte a tu pregunta sobre como se han aislado esas variables para su estudio y a ese enfoque mas formal?

Pues por dos razones principalmente.
La primera y más grave, es que la prohibición de cualquier sustancia situada en la lista 1 (con la LSD, la MDMA, o la heroína) excluye de facto el uso o experimentación en humanos, y por lo tanto su estudio.

Al ser variables que solo podrían ser medidas mediante test estandarizados sobre humanos, hay poca información de corte científico sobre esos aspectos.

Todos los estudios hechos sobre animales, en el caso de enteógenos y entactógenos, sirven para bien poco a nivel psicológico.

Todo esto que te comento, lo digo tomando como referencia esos sentimientos de unidad afectiva y empatía. Lo referido a rito colectivo y comunión grupal, esta expresado en el contexto de los grandes eventos en los que cientos o miles de personas usan estas sustancias en una actividad conjunta guiada por la música que es parte del vehículo de unión que guía la experiencia.

Los pocos estudios que se han llegado a autorizar sobre humanos, han sido sobre grupos muy reducidos y muy concretos, pero las razones por las que se ha permitido romper la prohibición que pesa sobre estas sustancias, ha sido justo lo que se deriva de sus efectos: esas cualidades que tienen para generar empatía, contacto profundo entre los sujetos presentes (en estudio normalmente el terapeuta y el paciente) y esa conexión con los propios sentimientos.

La segunda razón por la que existe un segundo problema para realizar estudios convencionales sobre estos fármacos, es que por los efectos de los mismos, no pueden compararse con un placebo mediante doble ciego, por lo evidente de los mismos: ni al sujeto ni al investigador, después de una hora, le quedaría duda alguna sobre qué ha tomado el participante (a no ser que se este jugando a un nivel de dosis umbral, en el borde del efecto/no efecto).

Aun así se han hecho algunos a doble ciego evaluando la sustancia en psicoterapia. Uno de los primeros, fue el de Jose Carlos Bouso, investigador y psicólogo de la Universidad Autónoma de Madrid, en el que se usó la MDMA para ayudar en la psicoterapia de mujeres que habían sido víctimas de violación y sufrían de estrés post-traumático.

Se completó la primera fase del estudio, a doble ciego, en el que se usaron dosis de 50 miligramos (una dosis plenamente activa está alrededor de los 100 miligramos), pero el estudio fue interrumpido por razones políticas (cambio de gobierno), y aún se está pendiente de que se reanude.

De todas formas, si lo que quieres es información más técnica de los mismos, puedes encontrar los protocolos de los diversos estudios con MDMA que se han realizado o se están realizando, en la página web de MAPS www.maps.org que son los que apoyan la realización de estos estudios y procuran fondos para la realización de los mismos.

Espero que te haya resuelto algo al respecto de tu pregunta, aunque seguramente haya otros de los lectores habituales del blog que pueden ofrecer más información al respecto.

s. dijo...

Gracias, una vez más, por continuar con tu proyecto :)

Una pregunta rápida...

En muchas fuentes leo datos sobre la dosificación de la mdma y ahora mismo han generado una gran duda en mi cabeza.

Mientras que en algunos sitios se habla de cantidades más o menos fijas para todas las personas, en otros se hace referencia a una cantidad en relación al peso de la persona.

¿Cuál de las dos formas de dosificar sería más correcta?

Gracias de nuevo.

Symposion dijo...

Hola S.

Estupenda pregunta la tuya, que daría para escribir una entrada entera, o más...

Pero te voy a dar una respuesta breve, aunque tocando todos los palos que tienen algo que ver en el asunto.

Para empezar, decirte que la MDMA no es diferente a cualquier otro fármaco sistémico: esto es cualquier fármaco que bien sea inyectado, ingerido o absorbido, se reparte por todo el torrente sanguíneo, llegando a todos los rincones del cuerpo.

Las dosificaciones de cualquier medicación de este tipo, vienen en formato estandar, pensadas para la persona media. Pero eso responde a una necesidad de la industria en detrimento de una atención especializada e individualizada.

Actualmente, las primeras variables que se tendrían que tener en cuenta a la hora de tomar algo, ya sea ibuprofeno o MDMA, serían el sexo, el peso, la hora de administración -algo muy poco aplicado y conocido: la cronofarmacología-, el tiempo que se lleva en ayunas, y las reacciones idiosincráticas de cada persona ante cada grupo de fármacos.

Y eso es hoy día. En el futuro, y en base a los polimorfismos genéticos humanos, y como la expresión de esas diferencias afectan a la metabolización y funciones de cada fármaco, se llegará a concretar mucho más.

De las primeras variables que te he nombrado, te doy razones. Los hombres procesan mejor ciertos fármacos que las mujeres, y necesitan mayor dosis, y la MDMA parece ser uno de ellos.

El peso corporal es determinante al ser un fármaco sistémico, ya que no es lo mismo repartirse en el cuerpo de una personas de 55 kilos que en el de uno de 120. Algunos pueden alegar que el cerebro en cualquier caso tiene el mismo peso y tamaño, y que es finalmente donde actúa. Eso es cierto, pero aunque actúe sobre el cerebro, normalmente muy poca cantidad de cualquier fármaco llega allí, ya que antes se liga a proteinas y se acumula en otros órganos, tejidos y depósitos grasos.

La cronofarmacología es una rama de la farmacología que estudia la relación en la hora de administración de una sustancia y sus efectos. Por poner un ejemplo algo conocido: las madres suelen saber que las horas a las que sube la fiebre en la mayoría de las enfermedades habituales, suele ser al anochecer y al amanecer (sobre las 7 en ambos casos).
Sin entrar en analizar por qué esto es así, será diferente la cantidad de antipirético que habría que administrar a esa hora que a otras.

Con los psicoactivos también influye, aunque sea por el tiempo que se lleva despierto, o por lo que implica -tanto por set como por setting- que se tome de día o de noche (por poner un ejemplo breve).

Y por último la respuesta individual a la sustancia. Esto lo puedes ver tu mismo, como hay personas que ni les afecta una dosis y a otras similares en las demás variables, les sobra.

Así que, la respuesta más acertada, será la de administrarse el fármaco en función de todo eso, y por lo tanto, en una dosis ajustada al peso (y a lo demás).

Sobre este respecto me parece curioso, por no decir algo peor, que en algunos fármacos como el zolpidem (un inductor del sueño), la dosis sea de 10 mgs y además se indique que en ningún caso se debe superar esta cantidad.
O en el caso de la codeína, se advierta que la dosis máxima diaria no puede pasar de los 120 mgs.

¿Como afectará a una mujer de 55 kilos tomar 10 mgs de zolpidem, en relación al efecto que le causaría a un hombre que doble su peso?
Igual caso en la codeína.

¿Uno se ha de sobredosificar (la mujer) y otro quedarse corto (el hombre)?
¿Todo eso en función de la comodidad de la industria y los médicos?

Esto se podría trabajar de forma global, usando los fármacos en solución líquida.
De esta forma, el médico podría ajustar en su prescripción la cantidad a tomar, atendiendo a todos esos factores, y señalando el consumo en número de gotas, o en mililitros dosificados con una jeringa.

Por último y atendiendo al carácter especial de los enteógenos y entactógenos, sería ideal dosificarlos en función de los efectos que unas pruebas previas, comenzando por lo bajo y prestando atención a las reacciones corporales y mentales, nos indicasen.

Como su estatus de ilegales no permite acceder a ellos con conocimiento de pureza, dosis exacta y demás, pues a ojo y teniendo en cuenta los factores mencionados.
Si no fuera así, lo más correcto sería siempre en función al peso, entre otros.

Espero que te haya aclarado algo en vez de haberte liado con tanto dato de cuestiones implicadas en ese asunto.

Saludos.

Anónimo dijo...

En lo personal, bueno no se como empezar, pienso en como quieren erradicar la drogadiccion el gobierno si no permite hacer las investigaciones a fondo sobre ellas como curarlas y todo eso como lo hacen con el tabaco y el alcohol(que asco),como cuando te muerde una vibora tienen q hacer la cura con el mismo veneno y creo q seria lo mismo con las sustancias,yo las amo y pienso que las personas que se mueren son porque no tiene el suficiente control de sus decisiones, con poca autoestima o simplemente creen que por mas loco que andes mejor le caeras a la gente y no, mas bien si andas demasiado drogado y eres capaz de controlarte apesar de todos los visuales que estes teniendo ya la hiciste, si de por si la gente se asusta con nada mas oir la palabra droga ahora imaginate hablar con una persona que ande bajo la influencia de drogas(ya he pasado por eso), aparte es muy denigrante que te discriminen por usas sutancias si el alcohol te hace peor pero en fin esta en mi opinion ustedes me dicen que les parecio.

Dtranki dijo...

Impresionante!!!
Leyendo estas reflexiones, no puedo más que agradecer tu dedicación, conocimiento y capacidad de transmitir un mensaje, que para mí, particularmente, ha removido contenidos cerebrales, que pese a tenerlos debídamente ordenados en mi estructura cerebral, los tenía digamos empolvados y oxidados, con lo cual no ejercían sobre mi persona, su total beneficio.
Gracias.
SALUD

Anónimo dijo...

Fantástica explicación para completar un post sobresaliente. No sé si estás en CC actualmente bajo algún alias anónimo, pero que sepas que se aprecia tu labor desde hace años. Un cordial saludo y gracias por todo.

Symp dijo...

Hace mucho que no paso por allí, del orden de varios años, salvo para solventar una cuestión judicial que tengo "a medias" con el CC....

http://drogoteca.blogspot.com.es/2015/09/un-dia-para-celebrar.html

:P

Pero no, no voy ni estoy con ningún nick, desde hace por lo menos 4 años o más...