viernes, 26 de mayo de 2017

Confesión: he sido infiel a Bitcoin...

Confesión: he sido infiel a Bitcoin....

Estos días -y escribo sobre caliente aún- se ha vivido una importante entrada de capital en los mercados de las criptomonedas. Y sí, he dicho criptomonedas y no he dicho Bitcoin simplemente. ¿Por qué? ¿Qué ha cambiado?

Independientemente de lo que yo pueda opinar sobre algunas (o muchas) de las criptomonedas existentes, está claro que el mercado reconoce que no sólo está Bitcoin. Lo reconoce a nivel económico (metiendo dinero en ello). Y aunque no me dolería haber guardado el dinero que tenía en Bitcoin, decidí repartirlo en varios lugares. 

Si no hubiese hecho nada, mis ahorros ahora mismo estarían multiplicado por dos. Y en sólo 50 días. No voy a calcular el tanto por ciento anual que sería esa ganancia expresada de esa forma, pero está claro que muy muy muy alto.




Sin embargo, vendí. 
Sí, lo reconozco: yo también tengo miedo!!

Ante el panorama que Bitcoin enfrenta a nivel “macro-cripto-económico” (uff) con el asunto del puto tamaño del bloque y el hard-fork como “Espada de Damocles” encima, decidí romper el cerdito. Mi cerdito se distribuyó entonces de la siguiente forma: 1/3 para mantener en Bitcoin, 1/3 para convertir en metálico, irme de vacaciones con mi pareja y tapar “agujeros” y 1/3 que pasó a reposar en “otras criptomonedas”.


¿Otras criptomonedas?

Ante el panorama de tener que elegir a qué casa me iba a vivir tras el “presunto” divorcio de “papá y mamá”, me tocó mirar el mercado. 

Y lo hice. A fondo. 

¿Cómo? Para empezar, mire la capitalización de todas las criptomonedas. Y entre las 10 primeras, sólo vi una que me sonase “con cierta solidez” además del Bitcoin (que se iba a romper... puto “honey badger”). Y esa era Ethereum, pero como conocía algo de su historia (como su pasado hard-fork que devino en Ethereum y Ethereum Classic como resultado del divorcio) y sus bases teóricas como moneda, pero no mucho más, me puse en contacto con alguien que sí sabía dónde pisaba. Ese era el abogado Alex Gómez de la Cruz, a quien conocí en una “vieja página sobre Bitcoin” discutiendo y bregando con la ignorancia. Le pregunté, en la intimidad de una relación post-coital, qué haría él si fuera yo, como inversor...

La pregunta, lo reconozco, me dolía en cierta manera.
¿Yo? ¿Un vulgar inversor hijo puta que gana dinero sin hacer nada? 

Bueno, dejemos el tema de lo que hace un inversor -poner dinero sobre algo que puede ir bien o puede ir mal- y asumí que eso era lo que iba a hacer, porque hasta ese momento, Bitcoin era simplemente mi refugio económico aunque había resultado una excelente inversión en los años. Alex me dijo: Ethereum, de cabeza. Obviamente, la Ethereum “nueva” y no la “Ethereum Classic” (que salió perdiendo en el divorcio). 

Alex me dio sus razones, a las que escuché como suelo hacerlo: sin hacer como que mucho caso. Como que... 

Realmente estaba sopesando con cuidado lo que una persona muy inteligente, que dedicaba su vida a esto de las criptomonedas, tenía que decirme en una situación que él también comprendía como “de riesgo en Bitcoin” (y sigue siéndolo aunque suba, hasta que no se resuelva el puto bloque y alguna cosa más que tenemos pendiente.... **cuchillos afilándose para pasar por la quilla a los de “Bitcoin Core”, que saldrán perdiendo aquí como haya divorcio).

Es cierto que Alex tenía cierto sesgo: él ya estaba dentro de Ethereum, y desde hace mucho mucho mucho tiempo. Fue de los “early adopters” de la moneda, y aunque es un poco cabezón, no es tonto y no le gusta perder dinero. Así que le hice caso. Y ese 1/3 de mi capital que escondí en Ethereum, se multiplicó por más de 5 en poco tiempo....

Reconozco pues que Alex Gómez de la Cruz, al menos en la intimidad, da buenos consejos y desde aquí se lo agradezco. Un beso, guapah....

Pero no solo hice caso a Alex.

Quise hacer un poco más de búsqueda y dar con una moneda que realmente “tuviera sentido” y no sólo fuera inversión, más allá de Bitcoin. Y tras revisar una y otras vez a las 10 primeras, sólo Monero me parecía confiable. Y decidí entrar en Monero. 

Desde ese día, Monero ha multiplicado por 3 su valor y ha tenido picos de 4 veces su valor, y fue en 50 días. ¿Por qué Monero? Simple: es la única moneda que realmente se preocupa de la privacidad de las transacciones, cosa que para los mercados de drogas (a quienes yo respeto mucho, como indicadores...) es algo importante. Y para mí también. 





No estaba con mi poco dinero en Bitcoin sólo porque sonaba bien: era pseudónima, y para mí eso era mucho. No me podía tocar el dinero ni un juez, ni un estado, ni la puta NSA. Nadie puede bloquear una transacción Bitcoin y anularla. NADIE. 

Y eso no ha cambiado. Pero por definición, todas las transacciones son públicas y visibles, lo que lo hace “rastreable” y yo quiero una moneda que sea “como el dinero en metálico: irrastreable”. Monero parece serlo, y no me importó apostar por la moneda que -al menos- cumplía más o menos mis “gustos” a la hora de “soñar” una moneda.

Así que ahora, que ha parado toda esta locura de subida (chicos, venga, no podéis creer en serio que algo puede multiplicar por 8 su valor en 3 días.... y si creéis eso, haceoslo mirar porque estáis jodidos y nunca os debéis acercar a los mercados de ningún tipo: sois carne de timo) de varios meses, al menos por un instante, me encuentro con que he sacado en metálico el doble de lo que metí en Bitcoin, y aparte tengo una cantidad en Ethereum, otra en Monero, otra en Bitcoin, y otra en Euros. Es decir, muuuuuucho más de lo que tenía...




He vivido -subido en el dragón, nunca mejor dicho- uno de los rallies más espectaculares de Bitcoin (que ha doblado su valor en 1 mes, aunque todo lo que sube demasiado rápido, baja pronto) y de todo el panorama de las criptomonedas, en las que desde ahora soy oficialmente “uno más”. Y lo digo con cierto dolor de haberme “desvirgado” y haber abandonado a la moneda que -en realidad- nunca me ha fallado: Bitcoin...

Aunque reconozco que las nuevas chicas que he conocido (Ethereum y Monero) no están nada nada nada mal. Y me alegro. 

Pero no por haber ganado una interesante cantidad de dinero (que pienso invertir en volver a la universidad, a tocar los cojones de nuevo porque ma'burro), sino porque hacer tiempo comprendí el enorme potencial que se había desatado con la creación del protocolo Bitcoin.

Y aquí el agradecimiento más grande, para el final... ;)

Hace tiempo, escuché hablar de Bitcoin gracias a mi contacto con los mercados de drogas. Cuando busqué información, topé con una “vieja página” (y debo decir que agradablemente “old fashioned”) sobre Bitcoin que seguía incansablemente en pie como el Bitcoin -en buenos y malos tiempos- gestionada por una persona enigmática, de pseudónimo “MAJAMALU” (que a día de hoy, y sin su permiso, he logrado desentrañar totalmente, y aún me estoy riendo) y que aceptó mi petición para una entrevista.

Esa entrevista -jamás publicada- fue el inicio de una relación laboral, que devino en una relación humana (aun con la distancia por su parte del anonimato, que en principio no comprendí y creí un exagerado en ciertas posiciones que, hoy para mí mismo, son básicas). A raíz de esa entrevista que no llegamos a cerrar (porque se hizo eterna e inmensa conversación de mentes), muchos de cuyos frutos han ido quedando plasmado en esa pagina, ELBITCOIN.ORG -sin lugar a dudas, el lugar más serio sobre Bitcoin en castellano- se labró una relación (que también tuvo algún momento tenso y no fue todo romance, aunque fue todo diálogo y consenso) en la que lo que aprendí, trasciende el mero consejo económico y afecta -ya ha afectado- a mi vida de una forma innegable.

Eso, a mi entender, es un acto educativo pleno, sólido, trabajado y capacitador de nuevas habilidades que ha realizado -sobre mí- un tipo que, a día de hoy sé, que no es maestro ni profesor, no es un educador por profesión más que lo pueda ser por forma de ser. Pero hay quien tiene un talento natural -que a veces brilla sólo en contacto con los sustratos adecuados- para enseñar, y yo como maestro que he educado a otros en otras áreas, quiero agradecerle públicamente: no soy un sustrato sencillo, aunque sí sé que soy muy jugoso y que puedo dar mucha guerra.

Así que gracias, Majamalu.

Reconozco que con todo lo aprendido -especialmente a valorar el trabajo- había pensando en venderte (a ti, Majamalu) este texto, pero todavía diría “la mascota” que me lo has pagado y que lo dicho es por interés.

Así que haré de magnánimo yonqui hispano y te lo publico yo, así de altruista y buena persona que soy, por la cara (para que lo puedas frotar a gusto a quien quieras, si dicen algo). Creo que con lo que he ganado -siguiendo las indicaciones de una mente clara como la tuya, en este área y otras- bien puedo sentirlo sobradamente amortizado de antemano.

Y para todos los que se topen, queriendo o sin querer con este texto, que recuerden: lo leyeron antes por aquí. Las criptomonedas son un mundo interesantísimo pero complejo, en el que conviene no pisar sin una buena guía -y con esa palabra me refiero a una persona que sepa lo que hace y dice en este mundillo- porque es un mundo que se presta a engaños para ansiosos y codiciosos. Lo que yo he ganado, lo he hecho leyendo mucho, preguntado lo justo y necesario a las personas adecuadas (pero con la constancias de obtener respuestas) y esperado para confirmar mis observaciones. Y aún ahora, sigo entendiendo que sé poco o muy poco, aunque la mayoría diría que soy un experto.

Las criptomonedas no son mágicas sino lógicas.
Y Bitcoin fue el consejo que nunca me falló.

Gracias.

:))



Drogoteca.

PS: Como una vida sin música no es vida, y este texto "es vida", quiero que quede constancia de la música que lleva.....
:))







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