domingo, 16 de octubre de 2016

Zolpidem AKA "Stilnox", el fármaco mágico contra el insomnio.


Este texto fue publicado en la revista VICE y narra una serie de experiencias personales con un conocido fármaco, de nombre Zolpidem y de marca Stilnox. Aparte de lo gracioso que puede haber en él, es en sí mismo una llamada de atención a esas dolencias que -sin esperarlo- un fármaco recetado para una cosa distinta, surte un buen efecto.

En mi caso, no sólo podría citar al zolpidem y su acción sobre una situación que no se superaba ni con dosis altas de benzodiacepinas (no era el cuánto sino el cómo o el dónde) pero podría mencionar otras, como fue una experiencia posterior con un conocido fármaco para arritmias y extrasístoles: el sumial o propanolol. Y aunque tiene que ver, esa es otra historia.

Esperamos que esta os guste y que sirva -a quien busque- para encontrar algo más allá de lo habitualmente presentado sobre esté curioso fármaco.

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ZOLPIDEM AKA STILNOX AKA ZOLPIDEM


No recuerdo con exactitud los años que tenía la primera vez que un doctor de la seguridad social me recetó por primera vez una mágica caja de “Stilnox” o Zolpidem, pero fue una de esas drogas que llegan a tu vida para quedarse y, lo que es mejor aún, para hacerlo sólo con beneficios y sin problemas asociados a su uso. Y se quedó hasta hoy día.

Conocí de bastante joven el tema de los drogas de receta -aparte de lo que se vendía en la calle, centramina y dexedrina desde que empecé a currar en bares de copas- y no por nada heroico ni llamativo: unos buenos cuernos -merecidos debo añadir- que me puso mi novia de aquella época me dejaron jodido, muy jodido. Me di cuenta cuando llevaba 4 días sin salir de la habitación, sin hambre y, mucho más sintomático, sin ganas de cascármela o llamar a mi amante.





Fui al médico de cabecera -honestamente preocupado, nunca me había pasado eso de no estar ni para hacerme una paja hasta entonces- y sin ánimo de conseguir sacarle ninguna droga le conté cómo me encontraba. DEPRESIÓN, me dijo. Y me dijo también que no me preocupase, que era lo normal si me ponían los cuernos, y que aunque parecía el fin del mundo la cosa mejoraría con los días y unas pastillas. Así conseguí mi primer antidepresivo “Prozac” y mis primeras benzodiacepinas “Sedotime”. Al cabo de 3 meses, me había olvidado de la depresión, de mi chica (que volvía a ser mi chica pero yo ya me estaba tirando a otras, mala pata, Soraya) y de todos los males. De todos, menos del insomnio.

¡Con lo bien que había dormido los primeros días con el Sedotime! La tolerancia lo volvió poco efectivo para la inducción al sueño, pero muy útil para mantenerlo. Así que acudí al médico de nuevo, que me empezaba a caer cada vez más simpático (el mejor profesional que tuve en la sanidad pública, sin bromear) y le conté que no dormía otra vez. Así que empezamos a probar con toda la lista de benzodiacepinas que hay en el puto vademecum. Lexatin para ir tanteando, Valium para ver si al relajar musculatura mejoraba, Tranxilium por si era ansiedad generalizada, y así hasta el hardcore Rohipnol, que no conseguí que me recetase más que un par de veces porque aterrizó en el mercado el Stilnox.

Stilnox o Zolpidem fue la primera de una familia nueva: las drogas-Z (Z-drugs). No son benzodiacepinas en sentido estricto, aunque actúan sobre los mismos receptores, y parecen causar mucha menos adicción siendo estupendas para la inducción al sueño. Sólo para eso, para el inicio del sueño, para arrancar a dormir... por eso hay que tomarlas directamente en la misma cama, y no andar paseándose por ahí al WC o a la cocina.

Al principio fue como descubrir el paraíso. Te tomabas una pastilla metido en la cama y joder... te dormías!! Ya sé que hay quien dice que dormir con pastillas es muy fácil, pero eso es porque realmente no sabe lo que es el insomnio. ¡¡Era un milagro una pastilla que funcionase sin ser un cañonazo para elefantes!! No dejaba resaca, no provocaba adicción en sentido estricto (la tomo durante meses y si se me olvida llevarla a un viaje, no tengo un síndrome de abstinencia) y funcionaba en menos de 15 minutos. Increíble pastillaca.





En el prospecto, como de costumbre en ansiolíticos e hipnóticos, decía que esas pastillas no se deben usar más de unas semanas y bla bla bla y que no se puede tomar más que una y bla bla bla. Llevo tomándolas 20 años y cuando tomo, me tomo 2 pastillas de 10 mgs. He tomado cientos de veces 3 pastillas y alguna experimental vez 4 o 5. Normalmente no tomo más que 2. Obviamente soy tolerante pero sigue siéndome útil para inducirme el sueño, y no me ha causado jamás ningún tipo de problema de ninguna clase. Mi médico lo sabe -son con receta- y no es ningún problema.

Pero sin embargo, he conocido efectos increíbles con esta droga. Algunos de ellos, me dieron la vida en uno de los momentos más críticos de una brutal agorafobia -que no se resolvía porque tenía una causa orgánica que costó encontrar, en plan “Dr.House”- en los que era incapaz de pisar la puerta de la calle y dar unos pasos sin sufrir un ataque de pánico, con un aparatoso cuadro sintomático que podía parecer hasta un infarto. Nadie se explicaba como un tipo que se había metido en los peores lugares de algunas ciudades africanas a hacer cosas bastante cuestionables en el plano legal, de repente tenía miedo a los días nublados, al ruido de los coches o a los semáforos en rojo que no te dejan pasar.




Esa situación me obligó a reestructurar mi vida para poder terminar mi carrera, seguir con mis relaciones y actividades (sólo tenía problema en la calle y en sitios cerrados como un aula o un cine) y no cronificar una enfermedad que me aseguraban que era “para toda la vida ya”. Fueron 7 años de “para toda la vida ya”, en los que aproveché para volver a meterme en informática -seguridad y hacking- y aprender a hacer muchas cosas sin salir de casa demasiado. Y sin embargo, el Stilnox o Zolpidem conseguía lo que ningún fármaco conseguía conmigo: eliminar el miedo irracional y los mecanismos de ansiedad anticipatoria que desataban mi problema.

No era capaz de bajar la basura a la calle, pero sí era capaz de tomarme mi Stilnox -tras más de 5 años ya tomándolo cuando todo empezó- coger la bici, salir por la ciudad a montar como un loco y a disfrutar de que, durante una o dos horas, no tenía ningún agobio por estar fuera de casa. Nunca entendí por qué era capaz de lograrlo cuando decenas de otros fármacos no eran capaces ni de arañar el problema. Era magia, lo descubrí sin querer y nunca supe por qué era así.

Alguien podrá decir que si el Stilnox me funcionaba por qué no seguir tomándolo todo el tiempo, pero entendía que era como estar de MDMA: si lo intentabas alargar con más y más, dejaba de funcionar. Así que, cada noche, antes de dormir, durante algún tiempo salí con la bici por la ciudad, “puesto de Stilnox”. Por lo demás, a mí el Stilnox no me hace efectos demasiado groseros (luego explicaré por qué esta palabra) sino que lo peor que puede pasar es que la amnesia anterógrada que suele provocar, me haga difícil recordar qué paso anoche si no me das una pista... pero si me la das, lo recordaré.

Me ha pasado, en estos años usando Stilnox para dormir, que me han follado y no me acordaba al día siguiente, lo cual se tomaron fatal, pero en realidad no me acordaba de nada. De hecho, me quedé dormido en mitad del polvo y apuntando al cielo... no entiendo cómo ella no se enteró hasta el día siguiente en que me hizo un comentario y vio mi cara de “no tengo ni puta idea de qué me hablas”. Ya cuando me dijo “¿Te la chupan así tan a menudo que no lo recuerdas?” ya vi que estaba irremediablemente abocado a tener que preguntar si realmente me la chupó y que eso se entendería muy malamente.

También he tenido la suerte de descubrir sus virtudes como alterador del pensamiento común, por así decirlo. Recuerdo que una vez, puesto de Stilnox, escribí un texto sobre cómo hacia que te parecieran geniales algunas ideas que no lo eran tanto, pero que no era descabellado del todo lo que te hacía ver: que tenía su punto para ser usado a la hora de escribir. No fui capaz de volver a encontrar el texto, porque no soy capaz de recordar dónde lo puse. Sí, era el Stilnox, pero no dejó de merecer la pena por no encontrarlo (aunque sigo buscando años después). Este punto merecería un capitulo aparte, y es complejo de explicar lo que puede hacer el Stilnox a la forma en que pensamos sin convertirnos a la vez en borrachos o imbéciles. Es muy interesante.




Sin embargo, no todo es oro con el fármaco. Por ejemplo, un buen amigo mío y yonki de pro, cuando le comenté una vez sobre mi uso de Zolpidem, me dijo algo así como que “si me gustaba la violencia”. No lo entendí. Nunca he sido violento con ese fármaco y, desde que soy adulto, con ninguno salvo una mezcla de benzos y alcohol catastrófica en una ocasión hace 20 años. Y cuando le pregunté a qué venía semejante comentario, me dijo que la gente que él conocía que tomaban Stilnox y salían a la calle, perdían el control de lo que pasaba y acababan dándose de hostias de mala manera, sin querer y queriendo. La persona que me lo decía es uno de los mayores expertos en el tema de drogas en el país, y hablaba de cosas que había visto él bastante truculentas con Stilnox, tanto que no lo quería probar ni regalado. ¿Al revés que mi experiencia? Pues sí, totalmente al revés.

Hay otras dos experiencias personales que resultan de interés en el caso del Stilnox. La primera es que cuando el diario El País publicó un reportaje -bastante infundado y totalmente alarmista- sobre una supuesta ola de consumo de Stilnox y un mercado negro del mismo, a todos los que nos recetaban Stilnox nos empezaron a llegar peticiones de gente que quería probar la droga: hasta ese día, nadie había dicho nada. A raíz de ese reportaje, un compañero de piso -alguien tranquilo, un informático gallego muy calmado siempre- me pidió Stilnox y me dijo que varios amigos suyos lo habían probado y que le habían contado cosas increíbles.

Le pregunté cuántas quería. Se comió 5 de golpe.
Al cabo de media hora no hacía más que reírse, pero sólo porque se sentía extraño. Estuvo en ese estado unas horas más y no pasó nada. No volvió a repetir como droga lúdica. Parecía no tener interés alguno para provocar alucinaciones como decía el reportaje, aunque cualquiera de estos fármacos -hasta el Valium o un fármaco para la tos- puede provocarlas a ciertas personas. No hubo en ese caso nada increíble que contar.

Hasta que me llegó una experiencia que no me esperaba, con tantos años de uso y de haberla visto usar. Mi pareja de ese momento, una inteligente y guapa abogada preparándose oposiciones para juez que había caído en Salamanca con una buena beca, me pidió una para dormir. Me las había pedido muchas veces y las conocía. Se la di y nos fuimos a la cama. Pero me levanté, a mear o a la cocina, no recuerdo bien pero al volver la desperté (aunque habían pasado un par de minutos simplemente) sin querer. Y entonces todo empezó como si fuera una película de terror: mi pareja, con la que dormía desde hacía más de un año, me miraba como si no me conociera... y muy asustada sin poder decir palabra.

Yo pensé que me estaba vacilando, hasta que vi que del miedo se echaba a llorar, aterrorizada.
Le pregunté -cuando me di cuenta de que no era broma lo que pasaba- qué sentía, y sin decir nada, alargó su mano para tocar mi ojo.... un supuesto tercer ojo que me había salido en mitad de la frente. Lo tocó como si tocase el ojo de Dios, y se llevó la mano a la boca sin decir nada y como sonriendo: yo me acojoné muchísimo y creí que tenía delante un brote psicótico. Si en ese momento empieza a hablar en arameo y le da vueltas la cabeza, no hubiera sentido tanto miedo.

Cuando fui capaz de hacer que articulase algunas palabras con sentido, me dijo que tenía un ojo en mitad del la frente, y cuernos... más cuernos. No suyos, sino cuernos de monstruo de dibujos animados que me salían alegremente de la cabeza. A veces me miraba y se despollaba de risa, cuando veía que el troll en el que me había convertido no se la iba a comer. Pero otra veces, volvía a tomar consciencia de que estaba alucinando con los ojos abiertos (ella nunca tomó ninguna droga, ni cannabis) y se aterrorizaba. También me acojoné cuando ya no era yo sólo el que estaba mutando, sino que la habitación se comenzaba a convertir en un lugar lleno de cascadas de color salmón, que al caer contra el suelo se hacían la música más bella que jamás hubiera oído, según decía.

¿Qué hacer en ese caso?
Por un lado, yo ya había visto que no parecía un brote esquizoforme y por otro, lo único que podía hacer era darle calmantes pero no me pareció bien, si con un hipnótico estaba en el barril psiquedélico la chica.... mejor no darle nada. Así que ya que era mi novia, estábamos en la cama, no podíamos dormir porque yo estaba pendiente de ella y ella estaba recorriendo Andrómeda sin moverse de mi lado, pues hice lo que otras muchas noches: me bajé al pilón como un bendito.

Pim pam pim pam, y aquella cascada de salmón rosa ya eran chorros arcoiris en 2 minutos. Pero ella lo tomó con gusto -yo lo hacía de forma terapéutica, para relajarla y eso- y me trincó la cabeza tras correrse. Y me dijo: “...más....por favor...” y no me soltaba de las orejas, así que pensé que estaría mejor obligado a seguir dándole placer que asustado por su estado, así que me entregué a un largo rato de musculación lingual, que ya no es necesario ilustrar más.

Stilnox al final -entre orgasmo y orgasmo- hizo el efecto deseado y ella durmió. Por suerte, a la mañana siguiente recordaba todo (el miedo fija fuertes recuerdos) ya que no me hubiera creído de no ser así. La cosa le encantó al parecer, sobre todo cómo acabó dormida entre colorines, músicas celestiales y un troll usado como esclavo sexual. Sin embargo no volvió a tomar nunca más una de esas pastillas aunque se las recetó el médico posteriormente (esas y una prima química llamada Zopiclona). A mí el susto no me lo quitó nadie, y raro es que yo le dé a alguien una pastilla para dormir, aunque me la pidan mucho, desde entonces.




De todo esto, el protagonista común es el Zolpidem, una droga que además de ser un gran inductor para dormir, es capaz de obrar milagros -para mí lo fue- como el que he contado en el que me anulaba la agorafobia contra la que otros fármacos no hacían nada, o como los que hace un tiempo pudimos ver en VICE sobre personas con serios daños cerebrales. No tenemos una explicación clara, pero ahí está Zolpidem con su poca peligrosidad y lo que es capaz de obrar en casos sin otros tratamientos útiles.

Y dicho esto, noto desde hace media hora el efecto de los 20 mgs que tomé antes de empezar a escribir, así que va siendo hora de irse la cama o de salir de paseo con la bici... ;)




10 comentarios:

Jaime dijo...

¿Se puede comprar este medicamento sin receta? Un saludo

Symp dijo...

No en la farmacia, sí en el mercado negro.
Pero conseguir una receta es prácticamente tan sencillo como pedírsela a tu médico.

cagoendios dijo...

Está documentado ya bastante de forma clara los episodios de sonambulismo y sueños o mediosueños... "raros". Por eso de hace unos años acá pasó de ser la estrella antiinsomnio a apenas recetarse.
Farmacologicamente es la que mejor respeta el ciclo normal de sueño.

Symp dijo...

Pues supongo que hablas de cómo va la feria en tu zona o pueblo, porque aquí (Castilla-León) sigue siendo uno de los fármacos estrella, y a juzgar por la amplia disponibilidad que hay del genérico, creo que estás bastante equivocado....

Digo creo porque no tengo tiempo de ponerme a buscarte los datos ahora, pero vamos: si tener genéricos varios no te parece clara señal de su prescripción, tú dirás.

xD

Pedro Kanblue dijo...

Buenos días,

¿Te importaría facilitarme un correo de contacto para hacerte una pregunta? Estamos buscando documentación sobre una determinada droga y me han aconsejado preguntarte.


Un saludo. Gracias.

Anónimo dijo...

Buenos días,

¿Te importaría facilitarme un correo de contacto para hacerte unas cuestiones? Estamos trabajando en un proyecto y necesitamos documentación sobre una droga. Algunos amigos me han recomendado pedirte consejo.

Un saludo, gracias.

Symp dijo...

Tal vez si dejases uno para que te lo den...

el kike dijo...

Symp!!, soy mexicano, ando de visita en Lima, encontre tu blog buscando sobre cocinar chamo, (creo que sí eres peruano), a ver si sacas el coto un día de estos.

https://www. facebook .com/ pulcro.fluido
+52 55 59 06 45 14

Anónimo dijo...

Symp, soy el de Voltaire. No comparto todo lo que dices, pero mataria para que pudieras expresarte. Creo que es muy acertado lo que dices del stilnox...yo lo probé por precripcion medica y casi me da algo. Me sentó extraordinariuamente mal. No comprendo como puede eso estar en el mercado. No comparto algunas cosas que dices, pero en otras muchhas, en el80 por ciento tienes una lucidez y una claridad de ideas excepcional y denuncias la podredumbre de la administracion y de la industria. De la corrupcion entre policias, de el mal uso del metilfenidato para darselo a niños, de la gigantesca corruptela de la industria...pues te tengo que leer y asentir en casi todo.
Lo que no sabia es que ese compuesto de 70 mg a 120 euros fuera legal. Y con que indicaciones? Adelgazammiento? Y quien controla a los medicos endocrinos que lo prescriben? Me ha sorprendido mucho el articulo.

Symp dijo...

Hola.

No sé quién es el de Voltaire.

Ese compuesto -el Elvanse- es lisdexannfetamina, y tengoen un texto aquí sobre ella.
Lo prescriben para el TDAH, igual que el Ritalin-Rubifen.