sábado, 2 de abril de 2016

Cómo encontrar -y usar- amanitas enteógenas.

Aunque a primera vista este texto, que fue publicado en VICE en su día, parece que aquí se cuelga en un momento equivocado: no es época de setas... ¿verdad? Siempre es época de setas, si les das humedad y una temperatura adecuadas, y en concreto una de las más fáciles setas de volver a encontrar "fuera del periodo habitual del otoño" es la familia de las amanitas, y la muscaria o la pantherina entre ellas.

Estos días -de cálida primavera- van a venir seguidos de unos cuantos de lluvia. Si al terminar la temperatura sigue siendo similar a la actual, tendremos una primavera llena de setas, de todo tipo si es tan buena como promete.

Esperamos que os guste el texto.

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Amanita muscaria;
drogándonos con la “seta de los Pitufos”.


Cierra los ojos y piensa en una seta. 
¿Es roja con pintas blancas en su sombrero? 

¿Sí? Venga, ya estás imaginando la seta más representada en nuestra iconografía occidental. Casi da igual qué edad tengas, porque seguramente cualquier niño reconoce esa seta entre las representadas en sus cuentos. Y si no tienes edad para cuentos ya, en cuanto escribas “setas”, “hongos”, “seta de los Pitufos” o “seta mágica” en Google encontrarás fotos e ilustraciones de la más conocida de las setas: la Amanita muscaria.





A la Amanita muscaria la llaman también hongo matamoscas, aunque no las mata -a las moscas- sino que sólo las atonta. Es ese hongo de sombrero rojo moteado con verrugas blancas (restos de la membrana que cubría a la seta) que reconocemos a primera vista, a veces como seta venenosa -de forma injusta- y a veces con el deleite de haber encontrado una de las drogas enteógenas más usadas a lo largo de la historia del ser humano. 

Esta fuente micológica íntimamente ligada con lo vegetal, por su existencia micorriza, es reverenciada como sagrada por algunos pueblos dados los efectos que produce su ingestión. Especialmente en las zonas siberianas donde no había la disponibilidad de otras fuentes vegetales que pudieran ser usadas como embriagante, o recursos para la elaboración de uno, su precio podía alcanzar el de un reno al trueque. 

En nuestro subconsciente, según dónde hayamos nacido, podemos podemos guardar la impresión de que las setas son algo malo y que sólo aquellos con un conocimiento casi iniciático son capaces de coger y consumirlas sin sufrir daños. Es la micofobia -repulsión por los hongos y setas- que existe en buena parte de la península. Por otro lado, también tenemos zonas como Cataluña y Euskadi, que son pueblos micófilos -conocen y aman sus setas- en oposición a los micófobos. No hay duda de que resulta esencial identificar correctamente una seta (o una planta) antes de consumirla, y que los errores de identificación pueden ser mortales, pero en el caso de la Amanita muscaria ese riesgo es de los más bajos que hay. ¿Por qué? Pues porque la única seta que podríamos confundir con este embriagante vegetal es la Amanita caesarea o “Amanita de los Césares”, que está considerada como uno de los grandes manjares micológicos.





A nadie le gustaría confundir una Amanita caesarea con una Amanita muscaria cuando lo que buscas es una experiencia gastronómica en lugar de una experiencia psicoactiva, ni a nadie le apetece preparar un día y un entorno para poder tener una experiencia psicoactiva con la Amanita muscaria para ingerir algo que no le producirá ningún efecto, pero el riesgo de muerte por esta equivocación es de cero

Las dos setas son rojas en su sombrero pero mientras que la muscaria es totalmente blanca en el resto de la seta y suele tener esas pintas blancas, la Amanita caesarea es amarilla salvo su rojizo sombrero y sin las pintas blancas en él.

Menos aún molaría confundir una Amanita muscaria con una Amanita phalloides -llamada popularmente “cicuta verde”- que es la seta más venenosa de todas las conocidas, pero esto sólo te puede pasar si eres un daltónico despistado: ¿confundir una seta de sombrero rojo intenso con otra seta de color verde? Vale que todas las setas pueden variar en su coloración, según la cantidad de agua absorbida y su subespecie concreta, pero la Amanita phalloides no puede ser roja: la verás verde, amarilla verdosa, amarillenta, y hasta alguna variedad blanca de la seta asesina, pero ninguna es roja. 




Si te sientes capaz de distinguir el rojo del verde/amarillo/blanco con seguridad, podemos asumir que estás preparado para la siguiente fase: ¡¡ir a por ellas al monte!!

Cuando ya tenemos confianza en identificar los especímenes que deseamos -recomendable la ayuda de guías de campo tamaño bolsillo, siempre- nos vamos al monte, al pie de los árboles donde crecen las setas que buscamos. El monte, sin ser un lugar peligroso, requiere un poco de cuidado. No podemos ir con unas sandalias o con zapato de tacón, debemos calzar bota alta e impermeable: vamos a un lugar que normalmente está cubierto de hojas y materia vegetal húmeda, bajo la que hay piedras, ramas, setas y también animales. Unas botas adecuadas nos evitarán la mayoría de los problemas que podamos encontrar. 

Como utensilios para la búsqueda, nos vale con un palo o bastón, para poder remover entre las hojas sin agacharnos y al mismo tiempo servirnos para tantear al caminar sobre un suelo que puede ocultar agujeros o rocas. Para la recogida en sí misma, necesitaremos dos cosas: una buena navaja y una cesta de mimbre. Y un apero extra: un permiso para recoger setas donde hay que sacarlo -pagando por él- si no queremos que, tras un día de monte recogiendo setas, la guardia civil nos requise la cesta y además nos multe.

Una vez recogidos los ejemplares de seta que queramos usar, los revisamos y limpiamos de restos de materia vegetal o posibles insectos. Las setas son algo que se destruye rápidamente pudriéndose, así que hay que secarlas para su conservación. La razón de secarla en el caso de la Amanita muscaria tiene un segundo objetivo de tipo farmacológico: aumentar su potencia psicoactiva. Durante el secado de estas setas que contienen ácido iboténico, éste se transforma en muscimol al perder un grupo carboxilo de su molécula original. Este cambio, convierte a la primera sustancia, que ya es psicoactiva, en otra que es 4 veces más potente en relación al peso. La “seta de los Pitufos” gana potencia, mucha, cuando se seca correctamente.

Para el secado, es ideal una corriente de aire caliente a unos 45-55 grados centígrados en un ambiente seco, que se puede dar con un calentador de resistencias con ventilador, a la distancia adecuada (no muy cerca, que las cueces). A falta de poder hacerlo de esta forma, colocaremos las setas -separando el sombrero y el pie o tallo- sobre papel de periódico, que renovaremos varias veces durante el proceso para ayudar a eliminar la humedad. 





Una vez secas, lo que ocurre en unas horas o unos días dependiendo del método y humedad del lugar, las setas adquieren una textura como cartón, sin humedad aparente pero tampoco tan secas que rompan al ser manipuladas: en ese punto ya están listas para ser usada con el mayor provecho de su psicoactividad. Se guardan entonces en bote de cristal o en un tupperware de plástico.

A la hora de plantearnos su psicoactividad, debemos tener en cuenta también que tratamos de seres vivos y que puede haber importantes variaciones de potencia psicoactiva entre unas setas y otras. Así pues haremos bien procediendo con precaución a la hora de establecer la potencia. Para evitar parcialmente esta variabilidad, se puede realizar una mezcla homogénea con todos los ejemplares recogidos, moliéndolos una vez secos. De esa forma tendremos la seguridad de que una misma cantidad de producto tendrá -siempre que sea de esa mezcla- la misma potencia, aunque eso deteriora su conservación ya que al ser molidos queda el producto mucho más expuesto al aire -deteriorándose antes- por lo que es mejor no molerlas hasta que se vaya a iniciar el tanteo para su consumo. 

¿Cómo consumirlas? Pues puedes ingerir directamente la seta seca, puedes hacer una infusión con ella, o puedes beberte la orina de alguien que se las haya comido previamente. ¿Colocarse bebiendo orina? Sí. Es una de las formas de consumo de esta seta, usando la orina de alguien previamente colocado. 

Esto es debido a la escasez de cosas con las que colocarse entre los pueblos que usan la seta. Realmente, a través de la orina de alguien colocado, nos podríamos colocar con muchas clases de drogas de esta forma porque se excretan inalteradas en la orina. En el caso de la Amanita muscaria, se dice que sirve como embriagante hasta un cuarto “invitado” pero como aún no me ha dado por la lluvia dorada, no puedo -ni quiero- verificarlo. Todo vuestro si os place.





Las dosis que Erowid recomienda para este embriagante vegetal son de 1 a 5 gramos para algo ligero, de 5 a 10 para una dosis común o media, y de 10 a 30 gramos -siempre expresados como sombrero de la seta en seco- para un viaje fuerte. ¿Y sus efectos? 

La experiencia es pesada para el cuerpo y puede durar entre 5 y 10 horas. Los efectos se empiezan a notar a partir de los 30 minutos y al inicio son de tipo similar al alcohol: te relaja, te da cierta euforia, te sociabiliza, te da la risa tonta. Al mismo tiempo te incapacita de una manera similar al alcohol: te provoca disminución de reflejos, somnolencia, visión incorrecta y un mal desempeño motor. Todo esto en mayor o menor grado, dependiendo de la dosis ingerida. Esa fase va dando paso a otra en la que se tiene una intensa somnolencia parecida al final de una borrachera -muchos acaban dormidos- y que al superarse entraríamos en la parte más psiquedélica de la experiencia, también dependiente en efectos e intensidad a la dosis tomada. 

Es en esta fase en la que se puede experimentar disociaciones perceptivas más intensas, visiones con los ojos cerrados, alucinaciones auditivas, sinestesias y esas sensaciones de cambios drásticos en el tamaño y forma corporal -en nuestra propiocepción- que han hecho popular a la seta y de donde surgen tradiciones que las vinculan con pequeños seres. La macropsia y la micropsia son los fenómenos -no exclusivos de los efectos de esta seta- por los que se perciben los objetos de nuestro entorno en tamaños enormes (haciéndonos sentir diminutos), o exageradamente pequeños (haciéndonos sentir gigantes), muy en la forma que le ocurre a la protagonista de “Alicia en el País de las Maravillas” cuando come de la seta, idea que le da una oruga azul fumándose un narguile.





Los enanitos del bosque -tipo los Pitufos- que según las leyendas viven en las setas o cerca de ellas, son leyendas e historias más abundantes en el norte de Europa, donde la relación con esta seta y los bosques en los que crece es más cercana, siéndolo también el conocimiento de los efectos psicoactivos de la seta. Así que si lo que buscas es un colocón que te haga sentir gigante como Mario o Luigi cuando se comen la seta en el “Super Mario Bros.” o tan pequeño -pero fuerte- como “David el gnomo”, lo tuyo es la micología psicoactiva: la “seta de los pitufos” tiene la llave al “país de las maravillas”.





6 comentarios:

David dijo...

Hola Symp, interesante artículo como siempre.
Tengo cierta experiencia en drogas de todo tipo (o casi....el catálogo es tan extenso), pero en todos estos años nunca se ha cruzado en mi camino y no he tenido el gusto de conocer a la srta. psilocibina. Lo más parecido ha sido un tubo de gel antimicótico comprado en la farmacia... :)
Quisiera saber si lo que se vende en la calle como setas alucinógenas o psicoactivas es la
"amanita muscaria" secada y triturada como se explica en el artículo, o ésta es tan solo una de
tantas(como ocurre con la interminable familia de las anfetaminas p.e.)
Disculpa mi imperdonable ignorancia en este apartado y gracias de antemano....Saludos !

Symp dijo...

Hola David, tras perdonar tu imperdonable ignorancia en ese apartado -como dices- que debe ser igual a la de todo el mundo antes de aprender, te comento que:

a) no es frecuente encontrar amanita muscaria de venta en el mercado negro, aunque es legal.
b) si la encuentras, encuentras la seta entera o al menos el sombrero seco.
c) también puedes encontrar setas psilocibes: como en el caso anterior, son ejemplares ENTEROS (aunque eso no te asegura al 100% que sean nada)
d) también puedes encontrar trufas, que es una especie de formación del hongo que contiene también psilocibina (y se vende legalmente en muchos lados)

Y POR DESGRACIA:

El otro día me contaba un conocido una experiencia con "setas" (marca y datos sin definir) que tras comerlas todo el grupo de amigos, pensaron que no hacían efecto.

Tras unas 3 o 4 horas, en sus respectivas vueltas a sus casas, empezaron a notar cosas raras... hasta que acabaron todos entre alucinaciones y delirios, en el hospital, liándola parda con todos los padres allí, que los llevaron de uno en uno al darse cuenta de que estaban todos igual.

Nadie dio con qué tomaron, todos decían que setas y en el lavado de estómago de uno, había setas... pero NO CORRESPONDE EL TIEMPO DE INICIO DE ACCIÓN, TIPO DE EFECTOS Y DURACIÓN con los de ninguna seta psicoactiva.


Lo más probable es que les vendieran "champiñones mezclados con DOB/DOC/DOI" que cuadran perfectamente con el relato temporal de los hechos. U otra droga peor, a saber.

Con lo que si quieres setas, cógelas tú, cultívalas tú, o cómpralas tú a alguien muy de fiar. Un puré de champiñones con drogas legales lo hace cualquiera con una batidora. :P

Anónimo dijo...

Hola, quisiera saber que pasa si seco mis setas a una temperatura aproximada de 90 grados. Y la otra pregunta que tenia es: ¿hay alguna forma de saber cuanto ingerir sin tener que pesarlo? Porque no tengo nada y quisiera pasar un buen viaje (intenso) pero sin pasarme o que me falte

Symp dijo...

Pues diría que si es una corriente de aire de 90 grados, por una parte las deshidrataría muy rápido, pero por otra parte la temperatura es muy alta mientras quede agua en la seta, porque se estaría cociendo en su salsa.

Si me hablas de otros 90 grados, sin una buena corriente de aire, ni te lo plantees (es mi opinión, puedo equivocarme).

En cuanto a pesar y tal... ¿Tanto cuesta una báscula de 10 euros? Uy. ¿De qué color será el caballo blanco de Santiago?

Venga coño, que es por vosotros... y no, no existe otra forma de saber el peso que pesar, de una forma u otra, o estimar de forma acertada (que se hace tras haber pesado tantas veces que a ojo aciertas con menos del 10% de error).

Cómprate una báscula, anda.

Anónimo dijo...

Gracias por la molestia de redactar este artículo

Javier dijo...

Hola, acabó de leer este artículo, ¿ estas disponible aún, tengo algunas dudas