domingo, 20 de diciembre de 2015

Captagon y otras drogas para asesinar sin estrés

Este texto fue publicado en el portal Cannabis.es y esperamos que os guste.

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Captagon y otras drogas para asesinar sin estrés.


Ella se acercó a su hijo y, con cuidado, pasó el cable del cargador de su teléfono móvil alrededor de su cuello. El niño se despertó en ese momento y no entendía qué estaba haciendo su mamá exactamente, pero ella le pidió que se diera la vuelta y se pusiera con la boca hacia abajo en su cama. Una vez que el niño estaba en esa posición, sería más sencillo estrangularle. 

Y así lo hizo: apretó los cables alrededor del cuello de su hijo hasta que éste dejó de moverse, muerto. Una vez asesinado el primero, fue a por el segundo de los hijos. Éste se defendió cuando comprendió que su madre estaba intentando asfixiarle y, aunque no pudo salvar su vida, de esa forma envió a los investigadores un mensaje que señaló a su madre como parricida en forma de arañazos en la cara de la asesina. 

Francisca González, conocida ahora como la parricida de Santomera, había asesinado a sus dos hijos más pequeños (el mayor salió ileso) y había inventado una historia que no encajaba: el asalto a la casa por parte de desconocidos para robar. La policía la dejó en libertad hasta el momento del entierro, tras el cual fue detenida y finalmente se derrumbó confesando: los había matado ella, a sus propios hijos con sus propias manos, porque quería vengarse de su marido a quien acusaba -enferma de celos- de todo tipo de infidelidades conyugales. La mejor forma de hacerle daño era matando a los que eran sus hijos también, comportamiento similar al padre que cortó el cuello de sus dos hijas con una radial, hace unos meses en Galicia, para causar daño a su ex-pareja que le había dejado por un dentista. Y la mejor excusa sobre lo que había hecho, como no, eran las drogas.




La parricida de Santomera no tomó “Captagon” para ser capaz de asesinar a sus hijos con sus propias manos, ella aseguró que se debió a un brutal consumo de cocaína y alcohol. Cocaína, según ella unos 5 gramos esa noche y se agarraba a dicho consumo para explicar que perdió la conciencia de sus actos y que por lo tanto no era responsable de ellos. La asesina dio esos datos en el intento de que, como se había hecho en nuestro país muchas veces, se le redujera la pena por considerar que estaba bajo el efecto de las drogas anulando su libre albedrío. 

Ni el jurado ni los peritos creyeron su versión del asunto, y certificaron que si ella hubiera consumido 5 gramos de cocaína esa noche, habría muerto posiblemente. Ella contestó burlona que eso era falso, y que su marido, que en ese momento era ya acusación particular, la había visto consumir “5, 6, 8 y hasta 10 gramos de cocaína en una noche”. La asesina dijo que ella no era “fría, déspota y calculadora” sino que quien la conocía podría atestiguar que era una persona “muy cariñosa” y una “buena persona”. De sus hijos defendiéndose mientras eran estrangulados por ella, dijo que era “demonios”. Condenada a 40 años de prisión de los que cumplirá 25, el tribunal determinó que ni estaba loca ni las drogas motivaron los crímenes... pero en la memoria colectiva quedó aquella “madre” que asesinó a sus hijos en una orgía de cocaína y alcohol, aunque eso fuera sólo un recurso frente al tribunal.

En los atentados de este verano en Túnez, concretamente en lo referido a Seifeddine Rezgui -el terrorista que se paseó por una playa asesinando personas con un arma automática y sacando fotos con su móvil- se llegó a decir que había cometido la matanza mientras estaba colocado con cocaína. Esos datos salieron de un extraño informe de autopsia que aseguraba, según el periódico inglés que lo publicó, que se habían encontrado restos de un estimulante en el examen post-mortem

Pronto fue publicado que el estimulante era cocaína, aunque esto no se puede asegurar con ningún grado de certeza sin el correcto análisis químico de sus sangre. En realidad no era ningún dato comprobado, sino una especulación ante algo que encontraron, porque en dicho informe no existe una prueba forense para dicha droga. Aún así, los medios publicaron que era “cocaína u otro estimulante de la clase A” (la más restrictiva en UK) sin saber realmente qué era. No es posible saber que una droga pertenece a una clase legal determinada, sin saber de qué droga exactamente estamos hablando, pero eso no importó a la prensa.

De hecho, durante unos días en la prensa, la droga de elección de ISIS para cometer matanzas fue la cocaína que, según el tabloide inglés, se la administraban a los miembros para sentirse invencibles en el campo de batalla. En el mismo artículo se decía que les administraban esas drogas para que no tuvieran conciencia de lo que hacían, para que no lo entendieran. Otra mentira.

Antes de esos atentados de Túnez y de los recientes en París, ya se había hablado del Captagon como droga de elección en la zona de ISIS. ¿Debía sorprendernos? Tras los atentados de París, hemos visto a la prensa española hablando de que el Captagon les permitía matar sin sentir empatía alguna hacia sus víctimas y sin sentir el dolor, lo cual es un nuevo descubrimiento de propiedades farmacológicas en una sustancia tan antigua y tan conocida como es la anfetamina y que, en España y otras partes del mundo, administramos sin problema a niños en edad escolar y a adultos con diagnóstico de Trastorno de Déficit de Atención por Hiperactividad o TDAH.




Captagon no es más que uno de los nombres comerciales de un compuesto llamado fenetilina, que se dejó de fabricar en los años 80 en los países de esa zona, y que era una molécula de dextroanfetamina unida químicamente a una molécula de teofilina, un estimulante suave que se encuentra en el chocolate. El objetivo de unir estas dos moléculas (no una de anfetamina y una de cafeína como se ha dicho por ahí) era el de reducir el potencial de abuso asociado a todas las anfetaminas. En la forma de Captagon -o en las otras equivalentes como el Vyvanse que se vende a día de hoy en las farmacias españolas- el compuesto no es activo por sí mismo: es una prodroga que cuando se metabolice en el cuerpo, se convertirá en anfetamina y teofilina, o anfetamina y lisina en el caso del Vyvanse. Este hecho, el que necesite de una metabolización previa para ser activa, hace que sea mucho menos abusable que si fuera anfetamina sola, que sería activa esnifada o inyectada. Mediante la necesidad de esa activación biológica, las formas de consumo más adictivas no tiene posibilidad de realizarse, ya que la droga no causará un rápido efecto al necesitar de la metabolización del cuerpo para activarse primero.

Poco después, y para rematar la jugada, un príncipe saudí fue detenido en el mes de octubre con un cargamento de dos toneladas de pastillas de Captagon. Los medios, como Público por ejemplo, empezaron de nuevo con la “histeria del Captagon” asegurando que las decapitaciones de ISIS se producían bajo el efecto de esta droga, según ellos un dato válido por el análisis de la voz de “John el Yihadista” que demostraba estar bajo sus efectos (conozco muchas pruebas de drogas, pero ninguna por voz). Añadían que las violaciones y las crucifixiones se producían bajo los efectos de esa droga y que era la responsable de la “impavidez de los suicidas y su brutalidad”. 

¿Cómo aparecer con un cargamento de 2 toneladas de pastillas que ya no se producen? Pues porque el nombre de Captagon ha quedado como nombre común para referirse a pastillas con anfetamina o metanfetamina como estimulantes, a veces con un poco de cafeína o de efedrina: dicho de otra forma, a las pastillas de anfetamina del mercado negro en esa zona se las llama Captagon por recuerdo y similitud con el original que pretenden imitar. ¿Dos toneladas de pastillas para matar sin importarte tus actos? Así se vendió la información en occidente, aprovechando la circunstancia para añadir más leña al fuego de unos tarados fanáticos que no necesitan de ninguna droga para causar matanzas.




La misma medicación, un estimulante como la anfetamina, la han recibido prácticamente todos los ejércitos en una guerra desde su descubrimiento como fármaco. Los japones usaban la metanfetamina en la segunda guerra mundial, como los alemanes que usaban diversas combinaciones de estimulantes y anfetaminas también. 

Los alemanes llegaron incluso a desarrollar una pastilla, que no llegó a darse de forma masiva por el final de la guerra, con la que buscaban probar los límites de la resistencia humana al cansancio físico. La formula recibió el nombre de D-IX y era un cocktail de drogas en el que había 5 miligramos de oxicodona (un opioide), 5 miligramos de cocaína y 3 miligramos de metanfetamina por pastilla

Las pruebas determinaron que los sujetos a los que se les administraba el fármaco, eran capaces de hacer marchas sin descansar de 90 kilómetros con 20 kilos de peso a la espalda. También se ha intentado vincular los actos de los soldados alemanes con el consumo de esas drogas, pero lejos del mito y el morbo, lo que se busca con su uso es aumentar el rendimiento, mantener al sujeto en estado de vigilia y evitar el hambre y la fatiga.

Todavía hoy día, el ejercito americano (entre otros) sigue usando anfetaminas para mantener a los pilotos de sus aviones despiertos y atentos, y no hay constancia alguna de que dichos fármacos provoquen a quienes los toman un estado de insensibilidad emocional que les permita matar con menos presión psicológica.

De ser así, estaríamos creando una generación monstruosa ya que son anfetaminas (en liberación rápida o lenta, con otra molécula unida o no) lo que estamos utilizando como medicación para el trastorno de hiperactividad, en niños y adultos. No existe una diferencia clínicamente relevante entre el supuesto Captagon, la Centramina de toda la vida, el Adderall que se vende en USA o el Vyvanse que se vende en nuestras farmacias para estos trastornos. Si además asumimos que lo que se vende como Captagon en el mercado negro no es más que una mezcla de un estimulante como la cafeína con una droga de producción ilegal como la anfetamina, estamos hablando de algo tremendamente similar al “speed” hispano, ese que toman miles y miles de personas en nuestro país, bien sea para salir de fiesta o para aguantar jornadas largas de trabajo.



Una vez más la prensa generalista vuelve a usar las drogas como recurso explicativo para atrocidades que hacen que los seres humanos se vean como monstruos, intentando argumentar que sus acciones están dirigidas por esa terrible droga que han tomado. La prensa está usando la excusa que intentó colar esa madre que asesinó a sus dos hijos, aplicada a los actos de los terroristas. 

Todo esto del Captagon “anti-empatía” no sirve ni como explicación ni como argumentación, pero seguro que ha ayudado a vender más papel a esos medios, manipulando incorrectamente información sobre drogas. Otro gran patinazo de una prensa -vergonzante- acostumbrada a culpar al consumo de drogas de cualquier cosa, desde el canibalismo al parricidio. 

Por desgracia, no será la última vez que lo veamos.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Tim Leary: animador sociocultural a base de LSD

Este texto fue publicado en el Portal Cannabis.es y esperamos que os guste.

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Timothy Leary

Uno de los personajes por excelencia de la cultura farmacófila del pasado siglo, que casi todo el mundo conoce de oídas, es Tim Leary. Su nombre evoca casi de forma inevitable la presencia de la LSD y sitúa rápidamente el contexto en los años de la explosión hippie en los USA, y una aproximación lúdica -con la amplitud del concepto de "ludus"- al asunto de los enteógenos.

Albert Hofmann fue el paradigma del científico respetable, responsable. Stanislav Grof, declarado padrino de la sustancia por el creador de la misma, es el modelo de aproximación terapéutica a la LSD y uno de los grandes cartógrafos de la conciencia humana. En el aspecto químico, gente como Shulgin o Nichols son los que siguieron y acompañaron el desarrollo de la enteogenia.





¿Pero qué sería la figura de Leary? 
¿Un chalado bromista? ¿Un payaso divertido como le calificó Hofmann? ¿Un héroe de la conciencia como dijo Allen Ginsberg?

¿El hombre más peligroso de América -y enemigo público número uno- como sentenció el corrupto Nixon?

Su vida asemeja la de una neurona situada en algún punto estratégico del cerebro, sirviendo de interconexión entre miles de eventos y personas, percepciones y sentidos, que en un buen momento se activó y no dejó hasta el momento de su muerte de explorar las fronteras de lo que iba siendo el nuevo paradigma de las posibilidades de un hombre plenamente desarrollado, y conectado a las oportunidades que el mundo le ofrece. 

La definición más apropiada que encuentro para él, es la de animador sociocultural. El animador es la persona que utiliza el conjunto de prácticas sociales que tienen como finalidad estimular la iniciativa y la participación de las comunidades en el proceso de su propio desarrollo y en la dinámica global de la vida socio-política en que están integrados.

Leary, nació en el ámbito de una familia bien situada, con un padre con tradición militar y que ejercía de dentista ocasionalmente mientras dilapidaba los recursos familiares. Su madre era una maestra que tras el abandono de su marido, cuando Leary tenía 13 años, quedó viviendo una apocada vida con su hermana, ambas de estricta formación religiosa y moralista. Expulsado de varios centros y pasando la academia militar, acabó siendo un psicólogo con ideas brillantes y con buenas perspectivas, con cabida en varias universidades del país.

No fue ningún hippie inconsciente y entregado al hedonismo asocial. De hecho, si no hubiera sido por la irrupción en su vida del misterio de los enteógenos, a manos de un colega suyo más joven que él -el psicólogo Frank Barron- que siguiendo los pasos del conocimiento desenterrado por Gordon Wasson y los hongos psilocibios mexicanos había tenido su particular 'Eleusis', Leary no parecía tener el menor interés en las drogas.

Tenía 40 años, 2 hijos pequeños y estaba sólo tras el suicidio de su primera mujer, cuando en México tuvo su primer contacto con un enteógeno. Ese encuentro de la persona con la sustancia despertó en Leary el mecanismo de búsqueda de la aplicación positiva de las drogas a los humanos. Desde ahí, todo lo que ocurrió fue muy rápido. Esa sesión ocurrió en 1960, y menos de 3 años después Leary ya estaba fuera del circuito académico de Harvard, expulsado con Richard Alpert, aunque según su propio testimonio había abandonado ya el entorno asfixiante y desolador de continuo enfrentamiento hacía sus propuestas, y estaba embarcado en la creación de centros de enseñanza del manejo de psiquedélicos.




En Harvard, se había ido polarizando el ambiente en torno al tema de las drogas activadoras del cerebro, hasta el punto de que viejas amistades se separaban por culpa de esas posiciones, hasta quedar dividido el profesorado y los estudiantes entre aquellos que se sentían hermanados por la acción de la psilocibina y drogas similares, y los que estaban fuera de ese grupo. Los intentos de Leary de introducir al resto de colegas que le cuestionaban, nunca dieron excesivo fruto, y seguía siendo la gran vergüenza de muchos reputados profesores, que los alumnos prefirieran las clases y estudios que impartía Leary y su grupo, a los que impartían ellos y nada tenían que ver con el uso de drogas como herramienta en la exploración de la psique. Eso no se lo perdonaban.

Un año antes de su despedida de Harvard, y cuando se estaban llevando a cabo los experimentos de la Prisión de Concord, en los que se estudiaban las posibilidades de cambio de conducta en criminales con altas tasas de reincidencia, y el de Viernes Santo (Good Friday) en el que se indujeron experiencias místicas a personas de diferentes cultos religiosos, un hombre que había conseguido de forma poco clara 1 gramo de LSD (10.000 dosis estándar o 5.000 de aquella época) a través de Sandoz, había experimentado los efectos de la misma y había decidido "enchufar" al mundo a la revelación lisérgica. 

Aldous Huxley, a quien acudió a visitar tras su experiencia, le puso en contacto con Leary. Y fue así la forma en que el gran contacto entre la persona y su destino se produjo.

A pesar de que Leary había desarrollado una amplia experiencia en esos dos años con el uso de la psilocibina, y de la mescalina -fácilmente adquirible mediante empresas químicas- la experiencia con LSD le supo como la más arrebatadora de su vida, y a ella quedó consagrado en ese momento.

No creo que la experiencia con LSD sea más "demoledora" o reveladora que la que se tiene con psilocibina o con mescalina: o bien se debía a las fuertes dosis que se empleaban en aquella época, o a unas expectativas muy determinadas. Tal vez las dosis que tanteaban Leary y los suyos en mescalina y psilocibina eran dosis más sencillas de manejar, lo cual parece bastante posible ya que fue con esta última con la que Leary tuvo su primer encuentro sexual bajo los efectos de un psiquedélico, descubriendo un universo de ricas posibilidades en materia de sexo y drogas combinadas.

Deslumbrados por todas esas drogas en general, toda la clase contracultural de pensadores, científicos y artistas, se entregaban a la experiencia mística, con una posterior incorporación en sus vidas de filosofías en busca del yo y la perfección. Pocos eran los que hacían de su uso algo puramente lúdico. Todos, según él, buscaban la luz. Desde la tímida Marilyn Monroe que le abordaba para conseguir LSD en una habitación, a la ya posterior amante de Kennedy y sus planes para iluminar a toda la clase dirigente.

El constante pasear entre celebridades de Hollywood, músicos como John Lennon -con quien grabó "Give Peace a Chance", y quien compuso "Come together/Join the party" para ser el slogan del partido con el que Leary intentó hacerse gobernador de California- o Hendrix, y con todos los poetas y escritores malditos de la generación Beat como Burroughs, Ginsberg o Kerouac, acabaron por situarle en el papel de icono de la rebelión propia de esa época y por borrar cualquier opción a que se estableciera de forma seria dentro de la comunidad científica.





La famosa residencia de Millbrook, era el epicentro de una raza de nuevos seres experimentadores de las multi-realidades humanas, que era una afrenta para el propio país y su conservadurismo.La gran duda era qué volaba más rápido allí, si las bragas de las jóvenes o el ácido.

Leary era cada día un personaje más molesto para el establishment que buscó, a ser posible, conseguir que se retractase públicamente de sus afirmaciones sobre el uso de drogas como algo positivo. Y decidieron animarle a ello.

Así le llego la hora en que por un par de chustas de porro y algunos gramos de yerba, tuvo que elegir entre pasar una vida en la cárcel, o dejar que su hija y su mujer cargaran con ello. 

Ya en prisión, engañando al psicólogo que le hizo unos test de personalidad -que había validado/estandarizado para la población él mismo siendo profesor en Harvard- Leary, fue enviado a una cárcel de mínima seguridad. Con la ayuda de la Hermandad del Amor Eterno (un grupo minoritario y selecto que tenía acceso a las drogas y su distribución en el país) y de los Weathermen, que eran una especie de grupo revolucionario de estudiantes con una estructura e infraestructura similar a la de un grupo terrorista, consiguió fugarse de esa prisión.

De allí paso a ser huésped de los Panteras Negras en Argel, de los que tuvo que acabar huyendo, de un traficante de armas europeo en Suiza, de un psiquiatra en Francia, para acabar siendo "extraditado extraoficialmente" cuando puso pie en Afganistán.

En ese periodo, al principio de los años 70, fue cuando se produjo el encuentro entre el agitador Leary y el sobrio Hofmann. Parece que el poco aprecio fue algo mutuo, aunque ambos supieron mantenerse en un clima cordial (como muestran las fotos que existen de ambos riendo).
Leary sólo le dedica 2 párrafos en su autobiografía -entre más de 600 páginas- a ese hecho, tal vez como respuesta a lo que Hofmann había escrito sobre él en "LSD - Mi hijo problemático”.




Cuando volvió a la cárcel acabó siendo utilizado por el FBI para intentar conseguir información que vinculase a unos y otros con rusos o comunistas, y en vista del poco éxito, se dedicaron a crearle fama de delator. Finalmente, cuando cayó Nixon fue cuando le acabaron dejando en paz.

Desde entonces siguió abriendo camino en el mundo del ciberespacio, que absorbió buena parte de su creatividad y de sus nuevas ideas sobre globalidad y comunicación, sexo, relaciones humanas, lenguaje y evolución cerebral. Posiblemente con mucha menos ingenuidad de la que le había caracterizado desde que se entregó a las drogas psiquedélicas, pero con una riqueza y percepción mucho más afilada.

Siguió tomando drogas, y algunas le parecieron interesantes para abrir nuevas regiones de la mente. Según él, avanzó con el estudio del "Adam, XTC, Ketamina, e Intellex". El Intellex no es otra cosa que el 4-metil-Aminorex -también conocido como "Euforia"- y que es un estimulante simpaticomimético con efectos de mejora en las actividades cognitivas.

Idealista y utópico hasta su final. Leary muere un 31 de Mayo de 1996, de un cáncer de próstata inoperable (el que sufrirán 1 de cada 3 varones occidentales de nuestra época).

Sus últimas palabras fueron: 

"¿Por qué? 
¿Por qué no? 
¿Por qué no? ¿POR QUÉ NO? 
¿Por qué no? 

Hermoso..."

Parte de sus cenizas, fueron enviadas al espacio en un vuelo espacial, un año después. Es -con certeza- el usuario de enteógenos que más lejos ha llegado.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Marihuana sintética: los "spice boys"

Este texto fue publicado en la Revista VICE, esperamos que os guste.

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Marihuana sintética

Hubo un tiempo en que, como “drogas legales”, se vendían algunas mezclas de plantas que tenían efectos psicoactivos (suaves y poco relevantes). Plantas como la Damiana o el Loto Azul, servían para que quienes quisieran un poco de excursión psíquica legal intentasen encontrarla sin recurrir a opciones que la ley prohibía. Fue cuando nacieron los “productos herbales” o las mezclas de hierbas para fumar (aunque también las había para tomar oralmente, como el “éxtasis vegetal”) que en su origen no contenían más que plantas que no estaban prohibidas. Pero eso cambió hace casi una década.

En algún momento cercano al año 2006 alguna mente “creativa” pensó que, si bien el cannabis era una droga prohibida en prácticamente todo el planeta, había otras drogas que -en teoría- imitaban el efecto del cannabis y que eran totalmente legales en todo el planeta: los cannabinoides sintéticos. Estos compuestos que actuaban sobre los receptores del cannabis en el cuerpo humano, habían sido desarrollados dentro de la investigación médica, farmacéutica y química pero nunca habían sido probados ni pensados para que la gente hiciera uso de ellos. El primero en ser detectado en mezclas herbales, en el que se añadía a la materia vegetal para convertirla en una droga potente, era el JWH-018.




Las iniciales de ese compuesto, como las de otros muchos, corresponden al químico que los sintetizó en la década de los 90: John W. Huffman. Este buen hombre, un competente químico, presume de no haber roto la ley nunca, ni para una multa de exceso de velocidad, y que la única vez que se vio con la policía, tenía 15 años y fue por un fuego provocado -junto a un amigo- por un experimento de química en la calle. Les dieron un paseo en coche, con luces y sirenas, y tras asustar a los dos jóvenes químicos, les dejaron en casa. Durante muchos años, hay una frase que no quería decir: 


“¡¡FUMEN MARIHUANA!!”.

No la quería decir porque era una invitación a romper la ley, pero se ha hartado de repetir que "quien quiera que tome uno de esos compuestos, es como poco un descerebrado que es está exponiendo a sí mismo a una serie de peligros que ni siquiera se conocen por completo". 

Quien usa esa falsa marihuana o los cannabinoides sintéticos que son su principio activo, se convierte a sí mismo en un conejillo de indias que puede desde sufrir una muerte por fallo multiorgánico a que tenga suerte y no absorba una cantidad realmente peligrosa de compuesto terriblemente peligrosos.

Finalmente, y con el cambio de aires sobre la marihuana en USA, se atrevió a decir que: “los cannabinoides sintéticos son drogas dañinas y peligrosas, mientras que la marihuana o cannabis no lo es y eso nos lleva a la conclusión de que legalizar la marihuana es lo mejor que podemos hacer frente a estas drogas.”

A sus 81 años, ya retirado, sigue recibiendo emails de gente que le pide ayuda para hacer drogas. Directamente borra los emails. También ha recibido correos de personas que se han visto afectadas por familiares que se suicidaron tras tomar las drogas que él creo, y que han terminado siendo la falsa marihuana. Pero cómo dice él: no se puede ser responsable de la estupidez ajena.

En USA la población más afectada son las personas con más bajos recursos. Hay quien compra un paquete de esta falsa marihuana, hace varios “porros” con ello y los vende sueltos en la calle, a un dólar. El precio es ridículamente bajo, y técnicamente no están vendiendo nada que sea ilegal. Aparte, el otro gran nicho de consumidores son aquellos que o bien están en libertad condicional y sujetos a test de drogas, o bien por su trabajo también se ven sometidos a estos controles.

¿Pero qué es lo que te hacen esas drogas? Echémosle un vistazo al relato de uno de sus ex-consumidores.

“Al principio lo fumé durante meses. No era tan malo como ahora. Entonces te podías colocar con cuidado y aunque había casos extraños, parecía que eso sólo le ocurría a los que ya estaban mal de la cabeza. Para mí era una forma barata y legal de fumar porros, porque aunque podía conseguir marihuana no podía pasar las pruebas de drogas si fumaba cannabis, y así comencé a fumar Spice.

Pero hace unos meses las cosas empezaron a cambiar, los efectos eran mucho más fuertes y tenían cada vez más partes incontrolables o en las que no se recuerda que ha ocurrido exactamente. Algunas veces desperté inconsciente en el suelo o me encontraba en un entorno en el que no recordaba como había llegado hasta él. Hasta que me ocurrió aquello.

Esa noche había comprado una de las nuevas marcas que se estaban vendiendo en la gasolinera al lado de mi casa, y al principio todo fue como siempre pero al cabo de unos minutos el efecto empezó a ser desagradablemente intenso y en ese momento pensé que había ido demasiado lejos y que iba a morir. Avisé a mi madre y le pedí que me llevase al hospital, pero el tiempo se me hacía eterno: ella se vestía demasiado despacio y el hospital estaba demasiado lejos.

Nunca me había sentido así, era como estar profundamente enfermo en lo físico y en lo psicológico. Por dentro sentía como si mis entrañas ardieran, no era capaz de retener nada en mi estómago sin vomitarlo en el momento, y es la sensación más cercana que he tenido a que tu propio cuerpo fuera a decirte: se acabó y hasta aquí llegué. Mis pensamientos eran horribles, en los que se mezclaba el miedo hacia todo y todos con una serie de ideas paranoides que me advertían de las maliciosas intenciones de aquellos que me estaban ayudando: realmente querían hacerme daño, o eso creía mi mente.

Ya en el hospital, yo era incapaz de hablar correctamente o de rellenar mis datos en un formulario, así que lo tuvo que hacer mi madre. Según lo entregó, la persona que lo recogió desapareció y volvió con médicos y una camilla en la que me llevaron a una habitación. Pensé que querían hacerme desparecer y destruir mi cuerpo, lo que me hizo intentar huir y defenderme de cualquiera que se intentase acercar, pero es lo último que recuerdo.

Mi madre y los médicos me contaron que había pasado de ese estado de agresividad -donde rompí intentando escapar una puerta de madera a patadas- a un explosivo ataque convulsivo que me dejó inconsciente en el suelo, en donde permanecí catatónico varios minutos hasta que volví a despertar de golpe, para perder la conciencia poco después otra vez. Unas horas después, parecía que todo había terminado.

No volvería a fumar marihuana sintética aunque fuera la única droga disponible en el planeta.”


La revista VICE en UK ha elaborado un excelente documental de título "Spice Boys" sobre los efectos de estas drogas sobre las personas, contado por los propios usuarios.




Los efectos pueden ser tan variopintos como ansiedad, vómitos, miedo, agitación, alucinaciones desagradables, ideas paranoides como ser víctima de algún complot, psicosis, ataques epilépticos, catatonia, parálisis, infartos cerebrales y/o cardíacos y ocasionalmente la muerte tras un fallo multiorgánico. Una joyita de efectos secundarios, y todo eso para intentar conseguir el mismo efecto que el de un buen porro de marihuana. ¿Compensa?

A día de hoy, se han detectado en el mercado unos 140 cannabinoides sintéticos en mezclas herbales, aunque sólo el químico antes mencionado sintetizó más de 450. Por supuesto, según la lógica de la guerra contra las drogas, en cuanto esos compuestos se detectaban se intentaban prohibir, pero lo que se conseguía es que el fabricante variase la fórmula y se saltase la ley con un pequeño cambio químico. Esos pequeños cambios precedidos de prohibiciones estilo ratón-y-gato hicieron que se prohibieran los primeros compuestos usados, y que los que se incluyeran fueran menos conocidos y mucho más peligrosos. Por eso el riesgo que supone esa falsa marihuana: ni siquiera conoces el nombre del compuesto que estás tomando, y el mismo envoltorio o producto, dependiendo de cuando fuera preparado, contendrá una droga u otra.

Y no sólo cannabinoides sintéticos, también se han encontrado opioides -sustancias similares a la morfina- legales de alta potencia en esas mezclas, para aumentar el efecto que producen.

La situación en España es distinta, de momento, a la de otros países como USA o UK que sufren una epidemia de problemas derivados de estos consumos. En UK se ha dado la voz de alarma por el alarmante número de presos que han tenido que ser atendidos por estas drogas, ya que se pueden pasar fácilmente mezcladas con el tabaco y no dan positivo en los test, por eso son las drogas de elección para los presos en UK. 

Con todo esto la Reina inglesa, en un discurso de apertura del parlamento, dejó claro que iban a intentar poner un “blanket ban” o prohibición absoluta contra cualquier sustancia que coloque, como forma de atajar el problema. 

Y nadie parece recordar que es precisamente la prohibición -estúpida e irracional- de una planta esencialmente inofensiva como el cannabis, lo que nos ha traído hasta aquí.

En vista de que UK va a dejar de ser el paraíso de los legal highs (se consumen más donde más duras son las leyes contra las drogas ilegales) los distribuidores ingleses han empezado a poner sus ojos en el mercado español. Tienen un enorme stock que va a ser prohibido en breve, y están buscando salidas para sus productos. En ese intento por seguir haciendo negocio, han implicado a los grow-shop hispanos, que son esos sitios donde se vende semilla de marihuana y todo lo necesario para su cultivo. Están enviándoles -sin ser solicitado- grandes sobre con decenas de muestras de drogas de este tipo, desde los “legal highs” tipo “polvo blanco para esnifar” o las mezclas de falsa marihuana en paquetitos inofensivos con bucólicas imágenes de playas con palmeras, o con icónicos elementos alusivos al cannabis como la cara de Bob Marley. Su objetivo es que sus drogas se vendan “en el entorno del cannabis” ya que les presta su imagen de “droga sana y poco nociva”.

En una feria celebrada en la ciudad de Málaga -en su palacio de congresos dependiente de su ayuntamiento- entre los stands de los bancos de semillas de cannabis y otros productos relativos, se encontraban 2 stands de esta falsa marihuana y otras drogas legales. Uno pertenecía a una empresa llamada “Charge Products” y otro a una llamada “Subidón legal” (subidón LETAL desde entonces). 

Esta segunda "empresa" estuvo incluso animando a través de redes sociales como Twitter a que la gente pasase a probar sus productos, "sanos y seguros y no detectables en los test de drogas" (así lo vendían).



Por desgracia, esta oferta encontró receptores, y un par de chicos que aceptaron la invitación y probaron sus productos, se encontraban instantes después “bailando capoeira por el suelo” para terminar uno con un ataque epiléptico y otro con parálisis

Estos hechos fueron publicados en el periódico El Mundo, sección de Málaga, el 28 de septiembre del 2015.




Aunque existen testigos presenciales, es un asunto sobre el que hay corrido un tupido velo -nadie parece interesado en que se sepa- y poca información contrastable existe de momento, pero podría ser el primer caso -público- de daños derivados del consumo de marihuana sintética en España

A raíz de este lamentable incidente, tanto la organización de dicha feria, como las de otras que se celebran en el país, han dicho que no permitirán ya que esas empresas estén en dichos eventos. Un buen paso, aunque algo tarde: poderoso caballero es Don Dinero.

No quiero dejar sin mencionar la consulta que me hizo una persona hace un mes. Esta persona trabaja en un organismo oficial en una CCAA de España, y recibió una consulta que no supo atender

Desde un centro de menores (donde están bajo tutela del estado) le preguntaban “qué podía ser una droga que se fumaba, tenía efectos parecidos a los del cannabis, era legal, y que no daba ningún resultado en los test de drogas”. Sí, era esa falsa marihuana y los menores de edad en dicho centro la estaban usando, principalmente porque no es detectable en sus test y porque su tenencia o compra no es delito. 

Lo llamaban ingenuamente “tabaco feliz”.

Seguramente hasta que no tengamos algún muerto por estas drogas, no parece que aquí le vayan a prestar mucha atención al asunto. 

De momento lo mejor es que recuerdes que vale más la pena ser un consumidor de drogas ilegales vivo....... que uno de drogas legales pero muerto.



martes, 1 de diciembre de 2015

¿Qué es Bitcoin y cómo funciona?

Este texto fue publicado en la Revista Yerba.
Esperamos que os guste.

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¿Qué es el Bitcoin y cómo funciona?


Esta sección que ahora os presentamos va a tratar de todas esas grandes ideas y pequeñas cosas que tienen en su esencia -en su génesis y sus posibilidades- la semilla para cambiar el mundo tal y como lo hoy conocemos. 

En esta primera ocasión os vamos a presentar la que muchos piensan que es la idea más revolucionaria -hasta el momento- de la era de Internet: el Bitcoin.

Seguro que es un término que no te resulta extraño del todo, ni al oído ni a la vista. Bit... del mundo digital y coin... de moneda. Ah sí! La moneda digital que sirve para comprar drogas!! Acabamos.....




No, empezamos de nuevo.
El Bitcoin... ¿sirve para comprar drogas? Sí. Es posible que hayas escuchado eso sobre esta moneda, y es cierto; sirve igual que cualquier otra. Igual que el dólar, el euro, la extinta peseta o el dirham marroquí. Es una moneda y sirve para todo lo que sirven las monedas: para comprar, para acumular valor, para realizar transacciones instantáneas sin apenas coste y sin intermediarios entre tú y el emisor... y también sirve para adquirir drogas, o medicinas, armas u ositos de peluche, ordenadores o chocolate belga, libros o metales preciosos, joyas o para hacer microdonaciones a otros (o no tan micro, como quiera el usuario).

Quita de tu cabeza la idea de que el Bitcoin sólo sirve para comprar drogas, si la tenías, porque no es correcta. El Bitcoin es un moneda. Eso lo primero. Comparte características con las distintas monedas del mundo, como son la fungibilidad (sus unidades son plenamente intercambiables), la fraccionabilidad de la moneda (que en el Bitcoin llega hasta una cienmillonésima de unidad), su condición de reserva de valor (aunque la volatilidad asociada a su juventud la hace errática aún para este fin) e incluso puede ser una gran inversión; de hecho si conocemos Bitcoin seguro que también tiene que ver con que su precio pasó -en algo más de dos años- de costar menos de 1 dólar por Bitcoin a costar unos 1.200 dólares. La ganancia es impresionante. Pero también lo es el riesgo: los que compraron a 1.200 dólares, ahora tienen una pérdida de un 80% de su inversión. Eso es la volatilidad: el precio cambiante.




¿Cómo es eso de que la moneda sube y baja de valor? Pues vaya mierda de moneda, ¿no? No.
Todas las monedas suben y bajan de valor. No de valor nominal -el número que ves en el billete- sino de valor real. Cuando los precios suben y no tu salario, cuando el Banco Central que crea el euro imprime más billetes sin que tengamos más riqueza real, o cuando te dan menos moneda extranjera al cambiar en tus vacaciones por el mismo dinero que el año anterior, es que el valor ha cambiado (en esos casos a la baja y desfavorablemente para sus poseedores, pero puede ocurrir al revés). No te asustes. 

Es a veces complejo distinguir entre valor real y nominal. Pensad que no comprabais lo mismo hace 10 años con 5 euros que ahora. El valor nominal se mantiene y mientras el poder adquisitivo del dinero de esos 5 euros -el valor real- se ha hundido. Lo mismo, para bien o para mal, para subir o para bajar, le ocurre al Bitcoin; pero no por las mismas razones.

El euro o el dólar, como las demás monedas, fluctúan y sobre todo desde que se abandonó el patrón oro. Su valor real es algo cambiante y susceptible de ser afectado por las decisiones de unas cuantas personas. Esas fluctuaciones dependen de quien emite el dinero en cada zona, y lo que hagan con sus políticas sobre el mismo y sobre la creación de más moneda (basada en deuda). Si toda la riqueza dentro de la “moneda euro” se pudiera representar con 10 billetes de 1 millón de euros que los tuvieran 10 personas... ¿qué pasaría si “el fabricante de billetes” decide imprimir otros 10 billetes de 1 millón? ¿Ha doblado la riqueza, no? No. No ha hecho nada mas que hundir el valor de su moneda, en concreto depreciarlo a la mitad, porque ahora hay el doble de billetes. Con el mismo billete ya no tienes el mismo porcentaje de la riqueza que había en la “moneda euro” sino la mitad porque hay el doble de billetes.



Cuando un banco central imprime más dinero, discrecionalmente, está robando a todos los que ya tienen billetes. Ellos creían que con esos billetes podrían comprar X cosas. Y no, no van a poder: tendrán que comprar menos, en función de cómo cambie el precio de la moneda por la decisión del banco central de turno. Así te meten la mano en el bolsillo sin que lo notes en la cabeza. Inflación, que lo llaman.

Con Bitcoin sufres de lo mismo que con otras monedas en algunos aspectos, como su valor cambiante, pero no es porque una autoridad central o un inexistente Banco Central del Bitcoin decida producir más o menos moneda: en Bitcoin no existe autoridad central y su producción se fijó matemáticamente en el momento de su creación. 

Bitcoin fue expuesto como idea al mundo el 31 de octubre del 2008, en un texto que su autor publicó en una lista de correo sobre criptografía, explicando lo que sería la nueva moneda. Su creador es Satoshi Nakamoto, un pseudónimo que esconde a la gran mente -o mentes- que desarrolló tan titánica idea y labor.



El primer Bitcoin fue minado el 3 de enero de 2009. La cronología no es casual tratándose de una moneda: el 3 de enero de 1975 fue cuando se abolió de forma efectiva la prohibición -Gold Reserve Act de 1934- para los ciudadanos de tener oro, y la obligación de vender aquel que tuvieras a la reserva controlada por el gobierno -esa que se almacena en Fort Knox- quisieras o no. Con el gran hermano no se juega: el gran y libre gobierno USA volviendo a “permitir” a sus ciudadanos que tuvieran oro en 1975.

¿Has dicho minado? ¿Minar? ¿Minería? Pero no de oro, sino de una moneda digital como Bitcoin... ¿eso cómo va a ser posible si es digital? Minar es el término que se usa para referirse a la actividad que realizan aquellos que ponen a trabajar equipos especializados en asegurar la moneda y sus transacciones. Actualmente dicha actividad requiere de una inversión y un material muy costoso, pero cuando se creó el primer Bitcoin lo podía hacer cualquier ordenador: apenas había competencia ni resultaba tan difícil matemáticamente. Así que no te asustes si escuchas lo de “irse a la mina a trabajar” en el universo Bitcoin: son ordenadores trabajando.

La moneda la crea un desconocido, y la mantienen otros desconocidos. Pues serán ellos los que manden en la moneda, que para algo es suya... ¿no? No. Satoshi Nakamoto -sea quién sea- crea la moneda con su idea y su espíritu sabio le hace compartirla y desarrollarla para todos. Especialmente para que nadie jamás, excepto el consenso de sus usuarios, tenga su control. Ningún gobierno puede hacer nada -a largo plazo- contra Bitcoin. Se podría prohibir Internet en todo el planeta, y aún así no acabarían del todo con esta moneda: resucitaría el mismo día que volviera a funcionar mínimamente sin que se hubiera perdido un sólo céntimo.

¿Cómo es eso? La idea es extremadamente simple y en ello reside su absoluta belleza.
Su creador diseña una moneda que es a la vez un sistema de pagos inmediato y sin necesidad de terceras partes de confianza. No necesitas confiar en quien usa Bitcoin, te paga con él o lo gestiona con su minería, porque sus acciones están “vigiladas” por cientos de miles de puntos en red global de forma automática: todos comprueban lo que se hace en la red y nadie puede “falsificar moneda” o “gastar el mismo billete dos veces” porque todo -absolutamente todo- está anotado y a la vista.



Todo queda reflejado en lo que se denomina Blockchain -o cadena de bloques- que no es más que un libro de cuentas público y visible para todo el mundo. Hasta la más minúscula transferencia, así como la creación de nuevos Bitcoin -de la forma que el protocolo definió- está registrada y a la vista de todos. De gobiernos, de ciudadanos, de empresas, visible para todos: libre acceso a la información 100%.

De Bitcoin se ha dicho que es anónimo, pero no es del todo cierto. Es anónimo en tanto que las cuentas y las transacciones no van asociadas a una identidad nominal como las cuentas bancarias: puedes tener una dirección-cuenta Bitcoin y jamás dar tu nombre. Nadie podrá saber que el dinero que contiene es tuyo... mientras no te pillen tu cartera digital con las claves porque, de ser así, sabrán todo lo que has hecho con ese dinero y con el que haya pasado por tu cartera anteriormente. 

Bitcoin no miente ni oculta: en eso reside su fuerza y belleza. No es manipulable por gobiernos. No es incautable por decisión judicial ni de ningún otro tipo. No se puede producir más del que está predeterminado en el protocolo; es imposible o no sería Bitcoin sino otra cosa. No responde a los criterios de economistas o de multinacionales; Bitcoin sólo responde ante sus usuarios.



Su valor, como el de cualquier bien en un mercado libre, se fija por la oferta y la demanda de dicho bien. Como se trata de un mercado global e instantáneo el que se produce gracias a Internet, su valor es un reflejo constante del uso de la moneda. Y dado que Bitcoin todavía es un niño de 6 años de edad, aún no le conocen y le aprecian como deberían: los primeros que se dieron cuenta del potencial, compraron para multiplicar miles de veces su inversión. La primera compra hecha con Bitcoin en la historia fue pizza. Pizza por valor de 10.000 Bitcoin. Esa pizza hoy día costaría millones de dólares, si se pagase al mismo precio en Bitcoin.

El Bitcoin es al dinero actual -dinero “fiat”, emitido por una entidad o banco central- lo que es hoy un ordenador frente a una calculadora de hace 50 años. Es lo que la televisión en B/N al Internet que vivimos en el 2015 y nos anticipa el futuro. Es el salto de la revolución industrial a la era espacial en 1 sólo paso aplicado al dinero. Porque aunque la palabra sea familiar, el dinero sigue siendo un gran desconocido que todos tenemos en nuestros bolsillos, bien cerca y muy poco conocido.

Bitcoin es una semilla que cambiará el mundo, tal y como lo conocemos. Y en este caso, el protagonista de la historia no es otro más que tú y tus decisiones con respecto a dicha moneda: ya no hay un estado para darte falsa tranquilidad con tus billetes de colores.



Ahora somos conscientes de que estamos solos frente a la terrible situación del perpetuo engaño económico en el que hemos sobrevivido.

Solos pero con Bitcoin: la bala de plata frente a la coacción económica del poder.



lunes, 23 de noviembre de 2015

Gas de la risa: 1 globo, 2 globos, 3 globos...

Este texto fue publicado en VICE hace un par de meses.

Sólo me queda añadir que en mi último viaje a Amsterdam, hace unas semanas, encontré cargadores vacíos de óxido nitroso en la calle muy en la forma en que sucede en UK. Me extrañó, ya que en ninguna parte del Barrio Rojo se vendía (sigue siendo legal en tiendas de alimentación y cocina) y cuando pregunté, me dijeron que eran los turistas extranjeros los que lo traían (junto con su costumbre de colocarse y tirar el cargador vacío a la calle).

Me parece mucho vicio irse a Amsterdam y llevarse el óxido nitroso desde casa para colocarse, pero haberlos haylos.

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Un globo, dos globos, tres globos... 
...la luna es un globo que se me escapó.


Desde crío me han llamado poderosamente la atención todas las sustancias psicoactivas. Todas, sin excepción. Recuerdo leer en los cómics infantiles post-hippismo (como “Los Ángeles de Charlie” que me compraba mi abuela) referencias constantes a “las drogas” y las representaciones gráficas que hacían de ellas: colores que te rodeaban, mágicas formas caleidoscópicas que se presentaban ante los ojos de tu mente, y todo eso envuelto en unos placeres indescriptibles que, por supuesto, justificaban tanto la transgresión -tomar drogas- como la necesidad de reprimir ciertos apetitos humanos bajo la excusa de que resultan incontrolables para los débiles mortales.

Creo que fue en esos cómics que leía con 6 o 7 años cuando se despertó el apetito de probar las drogas: ¿por qué otros iban a poder experimentar esos placeres y yo iba a quedarme mirando? Vale, era un poco joven para empezar a meterme drogas, pero esas malas lecturas dejaron dañada mi mente desde esa tierna edad: me gustaban las drogas incluso antes de probarlas.





Como era un niño confiado, que no tendía a esconder lo que hacía, en algún momento debí comentarle a mi madre que quería tomar “ácido”. Mi madre tenía la carrera de Ciencias Químicas, y para bien o para mal, prefirió encarar el asunto desde la ciencia: recurrió a los libros. Mi madre escuchó atentamente lo que yo quería (drogas y sensaciones interesantes) y luego me dio la charla de los peligros de las drogas, pero desde un punto de vista bastante serio para estar tratando con un niño que no llegaba a los 8 años. 

Cogió sus libros de química -bastante buenos casi todos- de la carrera y me enseñó lo que era la LSD, cómo se había descubierto y los riesgos que tenía. A la hora de hablar de los peligros, incluyó algunos que no correspondían, como la adicción a la LSD, pero entiendo que no estaba preparada para un examen de farmacología. Yo escuché simulando atención, pero no necesitaba que me leyeran un texto porque podía hacerlo yo, aunque en aquel momento esos dibujos de estructuras químicas orgánicas me maravillaban casi tanto como las propias drogas que representaban. Yo quería el libro del que estaban sacando los conocimientos que me estaba intentando trasladar, de forma preventiva.

Al cabo de un mes de haber recibido el conocimiento que salía de ese libro, ya me lo había agenciado y me había leído entera la parte que hablaba de drogas y síntesis química de las mismas. Había pasado de escuchar hablar sobre el “ácido” a conocer diversas drogas, al menos en el plano teórico. El libro hablaba de la cocaína, la morfina, la heroína, la anfetamina, la mescalina y la LSD como compuestos orgánicos psicoactivos. Mi universo psicoactivo se había expandido de golpe, ahora tenía más drogas que quería probar, y mucho más trabajo por delante para probarlas todas.

Pero entre las sustancias psicoactivas que mencionaba el libro, también se encontraba el “Gas de la Risa” u óxido nitroso, y venía reseñado por ser el único compuesto inorgánico conocido que tenía efectos psicoactivos en el ser humano.



De aquel descubrimiento hasta hoy han pasado más de 3 décadas, y una de las poquísimas drogas que no había probado en mi vida (incluyendo medicación y anestesias) era el “gas de la risa”. No puedo decir claramente por qué nunca antes había probado esta sustancia, pero al estar comiendo en un restaurante donde para acompañar un plato nos sirvieron -con sifón- una deliciosa espuma de alioli, se me despertó de nuevo la curiosidad. ¿Qué tiene que ver? El óxido nitroso es un gas que se venden legalmente como propulsor de natas montadas, cremas, aires y espumas varias, que se sirven con un sifón. En el sifón introduces la sustancia a la que quieres meter presión, y luego lo cargas con uno o dos cartuchos de óxido nitroso, para que la presión y el tipo de gas obren el milagro espumoso con el material gastronómico de turno.

No había terminado de comer y ya estaba hablando con uno de los jefes de cocina del restaurante, para que me dijera dónde podía comprar un sifón y cargas para el mismo. La verdad es que ni los propios cocineros (que tanto alardean) saben muy bien lo que hacen: todos me juraban que las cargas que ellos ponían eran de CO2, lo cual es falso ya que esas sólo se usan para carbonatar bebidas y no sirven para elaborar espumas, pero preferí no darles muchas explicaciones. Tenía dos proveedores de hostelería, a menos de 500 metros, que vendían sifones de cocina y cargas. Según terminé de comer el riquísimo postre -celebrábamos una merecida victoria legal- y tras liarme un gran porro de marihuana, convencí a mi pareja para ir a echar un vistazo a esas tiendas.

Dicho y hecho. En un momento estábamos en el almacén de un distribuidor, viendo dos tipos de sifón y las cargas que tenían. En su caso, eran de la marca ISI y resultaban excesivamente caros. ¿La razón? Son los que promociona Ferrán Adriá de “El Bulli” y, como me dijeron en el almacén, esa tontería se pagaba cara. Así que viendo que era lo único que tenían, me fui a la competencia.
Allí tenían dos marcas, la mencionada y otra de nombre Lacor, mucho más asequible y de igual calidad (tanto para lo culinario como para lo psicoactivo). Además, tenía al lado varias cajas de cartuchos y pude cerciorarme de lo que compraba: cartuchos con 8 gramos cada uno de N2O y óxido nitroso. Los de la marca famosa sólo traían 7'5 gramos y resultaban más caros. Ya no me quedaba mucho que pensar, así que compré el sifón de cocina y 48 cartuchos de “Gas de la Risa”. Vienen en cajas de 24 cartuchos, pero nunca me ha gustado quedarme a medias probando algo nuevo, y no tenía claro cuántos iba a necesitar para probarlo a fondo.




Ya tenía lo más difícil: la droga deseada y su dispensador adecuado. Pero a no ser que tengas los pulmones de un elefante y ningún problema con llenártelos de un gas a temperatura bastante por debajo de cero grados, es mejor que compres unos globos. ¿Globos? No veáis lo jodido que es encontrar globos, de los de toda la puta vida, en los kioskos hoy día. Si conseguir la droga y lo utensilios me llevó 15 minutos, encontrar globos para poder probarla sin congelarme la faringe o sin provocarme daños por la presión con que se libera, me llevó cerca de 1 hora y tuve que recorrer más de una decena de kioskos, y sólo conseguí 4 globos de tamaño normal que le quedaban a un kioskero entre sus restos de stock. Está más jodido comprar globos que drogas, aunque suene raro, ésa es mi experiencia.

Llegué a casa y saqué el sifón, comprobé que tenía todas sus piezas -especialmente la que sirve para encajar y picar el cartucho con el gas comprimido, porque si lo intentas sin ella se convierte en una bala de metal sin control disparada con su propio gas- y decidí leer un poco sobre el asunto para repasar lo que sabía y reducir riesgos. Creo que incluso me juré que lo probaría al día siguiente o más tarde. Mentira: en 30 minutos estaba metido en el asunto. Lo llevo en los genes, la curiosidad me puede.

Tenía la ocasión de probar una droga por primera vez (de esas me quedan muy pocas ya) y como mi pareja estaba en casa, parecía algo manejable y las ganas me podían, empecé con el festival de la risa. Piqué el primer cartucho en el sifón, puse un globo que sujeté con la mano en el dispensador, apreté la palanca y con bastante ruido se llenó, casi de golpe. Antes de respirarlo, recordé que era lo que más me maravillaba del “gas de la risa” que tanto había leído: su capacidad de provocar risa. No entendía cómo un compuesto tan simple era capaz de activar una reacción compleja como esa en cuestión de segundos. Podía entender que tras tomar LSD pudieras tener risas incontroladas (o llantos incontrolados) según tu viaje, podía entender la risa tonta que te entra fumando porros con los amigos, pero no una sustancia que per se, tuviera la capacidad de producir risa.

Así que me senté en el sillón, con un globo naranja en la mano, y mire a mi pareja como diciendo “bueno, vamos allá”. Ella me miró y me sonrió con condescendencia, como diciendo “un día te voy a sacar en ambulancia, cabrón”. Exhalé con fuerza todo el aire que quedaba en mis pulmones, me apliqué el globo en los labios, y aspiré mientras dejaba que el gas entrase. Aguanté la respiración, pero no pasaron unos breves segundos hasta que tuve que echarlo todo y respirar aire de verdad: llenarte los pulmones de un gas que no tiene mezclado oxígeno, equivale a a no respirar o peor aún, con lo que la sensación aunque tenía los pulmones hinchados de gas, era la de que te está faltando el aire seriamente y tienes que respirar por cojones.




El primer efecto que sentí me recordó al que tengo cuando fumo heroína o fentanilo, y es que al exhalar la primera calada ya puedes sentir que todo va más suave, más relajado, menos estresado, las luces pierden algo de intensidad y todo parece apagarse un poco. En ese momento miré a mi pareja, que me observaba desde su lugar... y no pude por menos que descojonarme de risa.
¡¡Cómo me tocó los cojones!! El puto gas de la risa había podido conmigo y me estaba despollando sin motivo alguno mientras mi pareja me miraba, también riéndose (de mí).

Al mismo tiempo, pude notar cambios que me parecieron sorprendentes en la esfera auditiva, los sonidos eran todos más “brillantes y cristalinos” y la visión, aunque no tenía nada concreto que pudiera referir, era también extraña y tenía la sensación de que en breve iban a aparecer lucecitas de colores por todo el aire de la habitación. Apenas pude decirle a mi compañera “no sé de qué cojones me estoy riendo” cuando otra carcajada, esta vez ya mucho más cómplice y acompañando la risa de mi pareja justificó el momento. Pasaron unos 3 minutos, y esa borrachera extraña que me había asaltado estaba disipándose casi por completo, pero dejándome una sonrisa idiota en la cara, más propia de la MDMA que de otra cosa.



Me lancé a por otro globo, cargué uno, y me volví a colocar en un lugar seguro -por si perdía equilibrio o me desmayaba- y me lo aspiré como un campeón: otra vez descojonándome de risa, pero esta vez la sensación era de una borrachera mucho más profunda que la de la primera vez, ya que no habían pasado ni 5 minutos. El “gas de la risa” es un gas agradable, de sabor dulzón, y debido a su densidad te pone la voz como si fueras un ogro (lo contrario que hace el helio), lo cual ayudó a que cuando abrí la boca esa vez, la carcajada estuviera asegurada.

Sólo acerté, mientras sostenía un globo vacío en la mano, a decir: “Un globo, dos globos, tresglobos... la luna es un globo que se me escapó!!” inspirado por mis recuerdos infantiles y provocando la carcajada de mi compañera y la mía. Ciertamente, la palabra globo me parece la más adecuada para referirse al efecto de esta droga, y así debe ser porque desde hace 4 días no hago más que cantar la cancioncita de los globos.




Dos experiencias puntuales no hacen mucho, así que me he pasado el fin de semana hinchado de gas de la risa, dosis dobles, repetidos globos seguidos y otros experimentos varios. Lo que más me ha llamado la atención de esta droga, es además de su capacidad para provocar risa sin motivo alguno y que no acabo de comprender, el marcado efecto antidepresivo que tiene. Hay quien está explorando el óxido nitroso como tratamiento contra la depresión resistente, y al parecer presenta mayores ventajas que la ketamina para el mismo uso, ya que ambos actúan de forma similar sobre los receptores NMDA, y no les falta razón. Cuando el efecto de las distintas dosis se pasaba, no dejaba resaca alguna y sí una actitud realmente positiva y sonriente. Al parecer eso se debe un efecto sobre la dopamina y el sistema de recompensa.

Su efecto es también claramente ansiolítico por la actuación que tiene sobre los receptores GABA. Se usa como anestesia/sedación y analgésico de uso breve, ya que su uso continuado resulta tóxico por bajar la producción de glóbulos blancos. Del efecto analgésico no puedo decir mucho porque apenas lo he notado, posiblemente debido a la tolerancia cruzada que tiene el óxido nitroso con el sistema opioide endógeno.

¿Merece la pena como droga lúdica? Creo que merece la pena tener algunas experiencias de primera mano con ella, no tanto como droga lúdica en sí misma -para mi gusto- sino como “complemento curioso”. Es barata, es legal, es relativamente inofensiva si se toman las precauciones mencionadas.

¿Acaso hay alguien que no guste hoy día de un buen globo en una buena fiesta con todos riendo? ;)