Aunque no es el día más apropiado para tratar estos temas (para mi, que tengo la cabeza en otras cosas), no quiero dejar pasar la oportunidad de avisar sobre una película-documental que se emitirá este viernes día 18 de Abril, en el programa Versión Española en La 2, a las 21:50 horas.
"Las alas de la vida" es un largometraje realizado por Antoni Pérez Canet a petición de un íntimo amigo y protagonista de la historia. Carlos Cristos es un médico rural al que un mal día le diagnostican una enfermedad degenerativa incurable: Atrofia Sistémica Múltiple.
Incurable, destructiva como la carcoma y mortal. Carlos le pidió y le ofreció la oportunidad a Antoni de grabar y mostrar lo que rodeaba a ese proceso, lejos de una óptica morbosa, como una forma más de enfrentar la situación, y teniendo muy presente que su opción era la de vivir, dignamente, y morir de la misma forma.
La A.S.M. es una enfermedad de las llamadas "enfermedades raras" por el escaso número de personas a las que afecta en el mundo, y eso hace aún más complejo que puedan existir curas o tratamientos eficaces para ella, ya que la investigación se dicta en función de los recursos e intereses económicos de las empresas, y también de la mayoría de la población.
Cuando a Carlos Cristos le comunicaron el diagnóstico, algo que posiblemente el había hecho muchas veces como médico, le dieron unas expectativas de vida de 5 años. Eso fue en el año 2000. Y hasta donde sé, aún no ha muerto, aunque su estado era bastante complicado hace un año -sólo en lo físico, pues su vitalidad y aprecio a la vida no parece disminuir- y a día de hoy, desconozco cual será su situación (aunque es de imaginar que en el programa-coloquio se comentará).
Parte de estos últimos años de su vida, los ha dedicado a desarrollar en cooperación con otro médico, recursos y materiales que mejoren la calidad de vida de las personas con su problema o con otros similares en su evolución. Y todos están convencidos de que la razón por la que sigue vivo, es que no se rindió a la enfermedad y que luchó y lucha por mantener una calidad de vida. El rodaje duró 3 años, y recoge testimonios de todo su entorno, abordando cuestiones como la eutanasia, el testamento vital y los cuidados paliativos.
Se considera que esta película es de un especial interés ya que muestra cuáles serían los posicionamientos correctos por parte de la clase médica a la hora de tratar con personas que enfrentan una muerte más o menos compleja. En Francia, este año escolar, la película ha pasado a ser parte del material oficial con el que se abordan temas que pertenecen a la llamada educación transversal, o de forma más concreta a la ahora conocida como educación en valores.
En palabras de su director, la película no pretende dar respuestas, sino hacer que el espectador se haga preguntas, y desarrolle una conciencia de lo que debe ser tanto una vida digna como una muerte digna, hecho que debe ser decidido por el enfermo y respetado por los que le rodean.
Una apuesta por la sanidad pública y por la incorporación de prácticas que repercutan de forma clara en la esperanza y situación de vida, de muchos ahora y en el futuro.
En el debate posterior a la película, estarán entre otros el ministro de Sanidad, Bernat Soria, y el presidente de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC).
Una buena ocasión para volver a acercarse a un tema que procuramos evitar cada día, y que no para todos se resuelve de la misma forma, siendo todas las que el ser humano pueda elegir libremente, acertadas y respetables.
Visitad la web de la película: http://www.lasalasdelavida.com/index.html
Y si queréis también, la de la semFYC: http://www.semfyc.es/www/semfyc/es/la-semfyc/mision-vision.html
Espero que os guste.
Vida y muerte dignas. La historia de Carlos Cristos.
jueves 17 de abril de 2008
Publicado por Symp a las 5:07
Etiquetas: Bernat Soria, Carlos Cristos, educación, escuela, Eutanasia, Sanidad
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



7 comentarios:
Una información oportuna y útil sobre el largometraje de Antoni Pérez Canet.
Gracias.
Tercerdelfín
“La película aborda cuestiones como la eutanasia, el testamento vital y los cuidados paliativos”, dices, pero la película es mucho más que eso.
Esa parte, de interés clínico medico, es aparentemente lo mas llamativo, pero no. Lo que la hace singular es el protagonista, su personal modo de vivir aspectos como el miedo, la indefensión, la pérdida de control, el más allá, Dios, el sexo, la creatividad, el ocio casi contemplativo de lo que le rodea, la búsqueda constante en colaboración con otros de soluciones técnicas para su problema, y los modos de afrontar sus estados emocionales.
Los procedimientos legales que puedan conseguirse a partir de este testimonio sobre paliativos y muerte digna, con ser de gran importancia, no serán lo mejor de ese testimonio humano de aprecio por la vida, que hace que ésta trascienda los estrechos límites de lo legal para convertirse en lo nuclearmente importante. “Porque de verdad lo valemos”.
El personaje es singular y extraordinario, por la fuerza que desprende, no ya en lo referente a la enfermedad, sino en su fe (la madre dice que no la tiene, incluso él mismo lo confirma). Lo que quizás él no sabía es que la esperanza (que él confiesa que sí tiene) se da conjuntamente con la fe y el amor. De hecho cuando habla del más allá dice que no espera ver a Dios, porque ya lo ha visto aquí en los pobres de todo el mundo (si eso no es fe, que venga Dios mismo a desmentirlo…). Es de las definiciones más “naturalmente ajustadas” que he oído sobre la fe, lejos de intelectualismos de despacho eclesial.
Pero si tuviera que quedarme con algo puntual, me quedaría con sus vivencias sexuales. Frente al testimonio de su mujer (muy digno y respetable por cierto), que lo interpreta y lo vive como carencia que hay que sublimar, Carlos Cristos dice con una sencillez conmovedora que: “Cuando ella me ofrece sus pechos y me acaricia, aunque nada en mi cuerpo reacciona, sigo sin embargo sintiendo el mismo placer mental que antes”. El no tiene que sublimar nada, su amor y su sexo están sintonizados y la gran lección de este hombre es mostrar hasta que punto el ser humano sigue siendo “intocable” pese a todo tipo de carencias. Su frase: “mientras haya música, seguiré bailando” es el testimonio de su fuerza humana que se alía con su parte débil para poder decir sin mentir: “Estoy jodido pero contento”.
Precioso documento. Impresionante testimonio de “teología natural” no contaminada por lo eclesiástico. Maravilloso retrato del valor de la vida. ¡Gracias, Carlos!
Cuando termino el documental, tenia lagrimas en los ojos,pero a la vez un subidon tremendo.Es admirable, un gran canto a la vida.Mucho que aprender de Carlos.
Saludos.
Por supuesto que la película es mucho más que eso, Emi.
Yo, que conocía el proceso de haber leído sobre él (el de la peli, y su producción), no había tenido oportunidad de verla.
Y mal me siento que ayer no pude verla completa. Cuando me quise dar cuenta eran las 22:30 y llegué a casa sobre las 11.
Inmediatamente encendí la televisión y contesté con un rápido "hola" a algunas personas que me habían hablado desde el ordenador.
Y me quede eclipsado. O más bien todo quedó eclipsado.
Lo primero que recuerdo como impacto fue su voz. No sé si su voz va variando a lo largo de la película (yo creo que ligeramente lo noté en los 40 minutos que pude ver). Al principio sentí que había comenzado a verla en un mal momento, en que él estaba al borde del llanto. Rápido, con esas 16 horas de primera selección de material (imprescindible y seleccionado por 7 personas independientemente) que habían sido convertidas en algo como 90 minutos, me di cuenta de que no, que esa era su voz. Eso bastó para provocarme un primer escalofrío.
Ya quedé tocado.
Personalmente, y como tampoco soy creyente, y un ser bastante racional(izador), lo siguiente que me acabo por "aplastar" contra mi silla, fue su descripción de lo que podía esperar del instante de la muerte... ese instante de eterna percepción, que puede tener un cierto refrendo según lo que la neurobiología conoce ya.
Me estaba matando, el verme reconocido en ciertas ideas sobre lo que puede ser la experiencia de la muerte a nivel cerebral, y a la vez narrado con esa tranquilidad momentánea que desprendía su mirada, como si fuera un teórico hablando de los últimos descubrimientos sobre el buen morir.
No recuerdo bien si en ese momento ya había soltado el primer nudo, esa sensación del escalofrío en un lado del cuello y la cara, la de la picazón en la nariz, y la de que "menos mal que no tengo que hablar porque si desato la garganta...", y ya había roto a llorar un momento o fue en ese instante.
No recuerdo haber sentido pena, lo que se dice pena, en ningún momento. Rabia sí. Y también no poder entender del todo como es que él podía mantenerse con ese extraño desapego a las cosas, y seguir disfrutándolas.
Me sentí triste y bien, cuando vi en el momento en el que narraban sus padres como fue el momento en que el se lo comunicó, y como en ese momento él rompía a llorar. Tuve la sensación de que no lloraba por él, sino de que lloraba por todos.
Que era un llanto que poco tenía que ver con el miedo, y que era en cierta forma la presunción de un dolor general, de saber que todos habían arrimado el hombro para aguantar a su lado "con una sonrisa" y anticipar el dolor general de ese momento.
Luego, ya hacía el final del documental, todo se fue disipando. El nivel de empatía que me había generado me hacía desear abrazarle con cierta envidia, que no voy a poder explicar ahora.
Me hizo gracia que a la persona de "fuera" de su entorno más inmediato que más le vi tocarle, fue a la religiosa (monja) misionera que había compartido su tiempo con él en África.
Creo que seguí sus manos todo el tiempo y no encontré más que algún leve momento, en el que no tuviera puesta su mano encima de él, acariciándole.
Luego y como final, lo del telescopio...
El momento en el que los dos rompen a reir, del absurdo (no tan absurdo, la idea suena imposible, pero no más) de construir un telescopio con resina epoxy, una sartén y un tocadiscos viejo.
Acabó y no sabía como me había quedado.
Una extraña mezcla de empatía, añoranza, ganas de saber más de él, de escucharle más, de poder preguntarle.
Supongo que si editaran las 16 horas de filmación extraídas de los 3 años y que todos consideraban indispensables, haría lo posible por conseguirlas.
A toro pasado, día después.
Cuando revisas las propias experiencias de enfrentamiento (facing) a la muerte, los que elegimos perder parte de nuestro tiempo en ellas, tuve la sensación de que eran pobres.
Todo ese lenguaje rococó que adorna de sinsentidos plenos de gracia, y de dibujos imposibles las descripciones de los psiconautas más literarios, que intentan ser la expresión de experiencias de un gran calado y profundidad psíquica (y de ahí su peligrosidad), creo que adolecen de la falta de cercanía real con la muerte.
Este es el testimonio de un hombre que ha caducado. Me explico.
Su tiempo ya pasó. Los 5 años de vida, mala vida, que le daban, caducaron hace 3.
La muerte es su compañera y desde hace tiempo le lleva la cuenta de los días atrasados.
Una muerte que realmente es de las peores que puedo imaginar: no te vas a quedar "pajarito" dormido en la cama, no te va a fallar el corazón y después gloria.
Se te cerrarán los músculos que mantienen abierta tu garganta, permitiendo el paso del aire, y no tendrás fuerza para abrirlos.
Yo, ni siquiera sabía que existieran tales músculos.
Acepto (respeto) la creencia de la madre, de que Dios no permite tomar una vida y ayudar a morir, pero que de no ser así, ella misma lo haría.
Me tranquiliza saber que su hijo, no tiene esos reparos, y que seguramente cuenta con medios de sobra para poder ejecutar sus últimas voluntades totalmente a gusto.
Y no sé que más puedo decir. Aún tengo la película, y sobre todas las cosas su voz y su mirada, cocinándose dentro.
Espero encontrar pronto enlaces suficientes para ponerla a disposición de la mayor cantidad de personas, para ayudar a difundirla. Creo que no tiene vocación ni de moralizante sermón, ni de posición a defender. De hecho, creo que es cierto lo que decía su director, sobre que no llega a responder ninguna pregunta.
Por último me gustaría remarcar una cosa: esa es la vida y camino a la muerte de un médico, con una familia, con sus padres vivos, rodeado de amigos, y de posibilidades que otros muchos no tienen.
No digo que no esté bien que el ministerio se haya hecho con los derechos de la película, para darle uso.
Me gustaría saber que todos los que se encaminan a ese punto, pueden contar con la mitad de las posibilidades que cuenta Carlos, la mitad de las atenciones, la mitad de personas.
Y no creo que sea una asignatura política, sino social. O incluso menos que eso: grupal.
Leídos los comentarios, veo que ya está todo dicho. Pero quiero dejar mi testimonio. La película me pareció genial y los protagonistas, admirables. Tanto Carlos como su mujer, sus amigos, sus familia... Me conmovieron la humildad con que habla de su agnosticismo y la valentía con que afronta, no la muerte, sino el progresivo deterioro de sus capacidades físicas. Una película que destila AMOR en cada escena. Afortunados los chavales que puedan verla proyectada en sus colegios e institutos.
Gracias, Carlos, por esta lección.
Hoy me entero que Carlos ha muerto y no me salen las palabras para hablar de él.. Él que con su testimonio nos dió una lección de vida y de acercamiento a la muerte, él que tanta paz me dió, él que fué para mí toda una inspiración, él tan extraordinario..
Gracias Carlos. Hasta siempre Carlos Cristos.
Me uno a Cristina con estas palabras de respeto y admiración hacia la figura de Carlos Cristos. Por iluminar desde la serenidad inteligente la forma de afrontar ese retorno a formas más simples de existencia que toda conciencia ha de realizar.
Que su testimonio no sea olvidado.
Tercerdelfín
Publicar un comentario en la entrada